view counter

EL ENFOQUE EUROPEO EN TORNO A LOS DERECHOS HUMANOS Y LA DEMOCRACIA EN EL NORTE DE ÁFRICA

imprimirPDF version

20 de septiembre de 2010, Barcelona. Las tendencias nacionales y regionales de los derechos humanos y la democracia en el norte de África componen un panorama complejo. Básicamente, existe un consenso respecto a que las tendencias relativas a la reforma política son claramente negativas, pero muchos participantes también han destacado los desarrollos sociales que matizan cualquier imagen simple de estancamiento o retroceso.

 
 
Egipto/Hir0000/Flirck

En el aspecto negativo, los participantes han hecho hincapié en que, en los últimos años, se ha visto una consolidación del autoritarismo en toda la región.  Durante los años posteriores al final de la Guerra Fría, hubo un momento en que una apertura política parecía posible.  Las consideraciones geopolíticas que llevaron a Occidente a apoyar los regímenes autoritarios habían desaparecido y existían problemas económicos en algunos Estados norteafricanos, como queda demostrado por los disturbios del pan en varios países, hechos que condujeron a una mayor apertura en todos los casos.  Pero desde entonces se ha producido un cierre considerable del espacio político.  Los gobiernos autoritarios se han vuelto más expertos en descubrir formas de reducir las presiones en favor de la reforma política y han aprendido los unos de los otros.  Conocen mejor los procesos de apoyo a la democracia y han creado nuevas técnicas de contraataque.  Los regímenes se han beneficiado de la preocupación occidental por la amenaza del terrorismo islamista y de una desconfianza más general relacionada con el deseo de los partidos políticos islámicos de desviar la presión externa en favor de una mayor democratización. 

Aunque los participantes han recalcado que los países del norte de África se encuentran en etapas de desarrollo muy diferentes (y Argelia y Libia son distintos por los recursos energéticos de que disponen), la consolidación del control autoritario es evidente en toda la región.  En Túnez, había mucho más margen para los medios de comunicación independientes y los partidos de la oposición hace unos 10 o 15 años; ahora, el régimen ha impuesto una firme mordaza a las voces disidentes.  El control de los medios de comunicación en Túnez es casi absoluto.  En Marruecos, una serie de años de lluvias abundantes y buenas cosechas, sumados a una cantidad considerable de remesas enviadas desde el extranjero (hasta el 9 o 10% del PIB) que tienden a destinarse especialmente a familias necesitadas, han hecho que se reduzca la intensidad de la protesta social.  En asuntos como la libertad de prensa, Marruecos ha ido de mal en peor durante los últimos años. En Libia, no hay espacio para la sociedad civil, a la que Gadafi ha descrito como una idea sin significado.  En Argelia, el margen para la sociedad civil parece estar reduciéndose. Y Mubarak, en Egipto, ha consolidado el control político de diversas maneras, entre ellas la eliminación de la supervisión judicial de las elecciones en 2007 y la entrega de su control a una comisión electoral que no es independiente del régimen.

Al mismo tiempo, varios participantes han defendido que las sociedades de estos países se están desarrollando en aspectos importantes. Aunque las reformas introducidas en los últimos años se han centrado en asuntos no políticos “blandos” como los derechos de las mujeres y los niños, han tenido de todos modos consecuencias positivas para el desarrollo social.  En algunos países, como Marruecos, han conducido a una sociedad civil relativamente desarrollada.  En Túnez, a pesar de las enérgicas medidas contra la libertad social, empieza a surgir una clase media.  Nuestra condena del intento por parte de los regímenes de mantener el control autoritario no debe impedirnos ver los pasos constructivos que están dando.  Existe una diferencia importante entre el modelo de desarrollo de algunas de estas sociedades – donde la ampliación de las libertades sociales fue una respuesta a una presión social genuina y no se ha podido dar marcha atrás – y el modelo presente en el Golfo Pérsico, donde las reformas se emprenden únicamente para cumplir las exigencias exteriores y podrían deshacerse fácilmente si los regímenes quisieran.

           
Para los Gobiernos europeos, los problemas de seguridad definen en esencia sus relaciones con los países norteafricanos
           

Los datos que se centran en el desarrollo a más largo plazo (desde 1972 hasta 2007) muestran que ha habido una reducción del control autoritario en todas partes excepto en Libia.  La retórica democrática sigue teniendo su atractivo en estas sociedades.  La opinión pública muestra una clara tendencia a favor de principios como el cumplimiento de la ley, la competencia política y la alternancia en el poder.  En Egipto, los costes sociales de los abusos contra los derechos humanos han aumentado: el clamor por la muerte de un joven presuntamente causada por los golpes de la policía a principios de este año hace que a las autoridades les sea imposible volver a responder del mismo modo. En Argelia, la épica de la liberación nacional y el apoyo que el régimen obtuvo gracias a ella se han agotado.  Hay sectores importantes de la sociedad en todo el norte de África que quieren avanzar, pero les resulta difícil encontrar el modo de hacerlo mientras los regímenes controlen todos los recursos. El peligro reside en que los jóvenes ambiciosos con capacidad productiva opten por proseguir sus carreras profesionales en el extranjero y priven a los movimientos reformistas internos de sus posibles dirigentes más fuertes.

Estas tendencias contradictorias exigen un análisis más matizado de estas sociedades a fin de desarrollar una política europea.  Actualmente, los Gobiernos europeos no tienen un conocimiento suficiente de los países norteafricanos. Tenemos que comprender los distintos electorados que existen dentro de estas sociedades y lo que sacan de las circunstancias políticas actuales; algunos participantes han sostenido que debemos evitar la tendencia a ver una dicotomía simple de regímenes "malos" y movimientos de la oposición "buenos".  Puede que los regímenes se beneficien de representar una situación estable que ahuyenta los mayores temores de los distintos grupos sociales: las fuerzas progresistas tal vez prefieran un sistema plenamente democrático, pero toleran el statu quo porque al menos tienen libertades sociales que no existirían bajo un gobierno islámico, mientras que los grupos islámicos o conservadores preferirían un sistema de gobierno abiertamente religioso, pero al menos tienen un régimen que defiende de boquilla el islam y evita el riesgo de un secularismo como el de Ataturk.  En Marruecos, si hubiese algún tipo de pacto constitucional entre estos distintos grupos, al régimen le sería difícil resistir la presión favorable a más reformas.

Sería útil conocer mejor las dinámicas internas de los regímenes y las que hay entre los regímenes y la oposición.  Por ejemplo, en el caso de Egipto, se ha investigado demasiado poco acerca de la naturaleza del Estado y sus instituciones. ¿Cuál es la economía política de la élite gobernante?  ¿Quién suministra qué, y a quién?  ¿Como influye esto en el desarrollo político del país?  ¿Qué le está sucediendo a la clase media?  También deberíamos admitir la debilidad del Estado en muchos países norteafricanos. Egipto es, en muchos sentidos, un Estado ineficaz o incluso “semifallido” incapaz de proporcionar servicios básicos a su población: los cortes de electricidad y agua son un problema grave. 

 

Una mejor comprensión de estas sociedades le daría a Europa una idea más clara sobre el modo de usar su compromiso con el norte de África para apoyar la democracia y los derechos humanos.  Algunos participantes han afirmado que el concepto de "apalancamiento" no es útil puesto que implica que la Unión Europea trata de obligar a cambiar a una sociedad no dispuesta a hacerlo y que esto tendería a provocar resistencia; la noción de “influencia” podría ser más útil.  A los países con un antiguo papel colonial en el norte de África les resulta especialmente difícil ejercer una presión directa sobre los regímenes de la región debido a lo delicado de la situación desde el punto de vista político.  Sin embargo, los grupos de la sociedad civil del norte de África consideran que Europa tiene tendencia a subestimar su propia influencia.  Los países más pobres de la región, por culpa de su propia ineficacia, dependen del apoyo externo, y la UE (junto con Estados Unidos) sigue siendo la fuente más importante.  La bajada de los precios del gas durante la crisis económica podría reducir la autonomía de los países exportadores de energía.  Los Estados miembros con pasados coloniales pueden usar las posturas comunes de la UE para reducir la posible susceptibilidad ante una crítica bilateral; aunque también es cierto que unas relaciones más estrechas basadas en unos vínculos históricos (por ejemplo, la relación de Francia con Argelia) pueden brindar a los países una especial influencia en momentos clave como las transiciones de poder.

Dado el alcance de la implicación europea en el norte de África, si la UE no dice nada en relación con el retroceso en el ámbito de los derechos humanos y la democracia, parecerá que está respaldando al régimen.  Según algunos participantes, la UE puede transmitir la impresión de ser ineficaz y esto conduce a los regímenes autoritarios a tratarla con desdén; se ha dicho que los problemas tienden a resolverse mediante la intervención de Washington más que gracias a Europa.  En 2007, Estados Unidos criticó las modificaciones de las leyes electorales egipcias mientras que la Unión Europea no dijo nada.  El apoyo europeo a las reformas gubernamentales ha tenido un impacto limitado; no ha propiciado el desarrollo de un respeto a la ley más sólido, sino que los regímenes lo han desviado hacia un respaldo del desarrollo administrativo.  Como mucho, el aumento de la eficiencia de la maquinaria administrativa ha permitido al Estado reforzar su control, más que conducir a una distribución más amplia del poder dentro de la sociedad. 

           
Sería conveniente prestar más atención a la importancia de Turquía como modelo de conducta democrática para la región
           

El estatuto avanzado concedido a Marruecos se ha considerado un motivo de orgullo para el régimen y ha sido muy comentado en toda la región; si la UE no acaba lo que empieza y no le exige un avance genuino, esto sentaría un mal precedente para otros países.  Un punto en el que centrarse podría ser la posibilidad de que Marruecos ponga en práctica las recomendaciones de la Comisión de Equidad y Reconciliación, entre ellas las disposiciones sobre la reforma constitucional.  Algunos activistas también se han quejado de que la UE se contente con condicionar la continuidad de la financiación de proyectos económicos en los países norteafricanos a la finalización de las etapas iniciales, pero no haya adoptado ese mismo planteamiento estricto en relación con los proyectos políticos.  La UE podría estrechar su contacto con la sociedad civil local y utilizar sus inversiones para ampliar la información acerca del cumplimiento de los compromisos sobre derechos humanos por parte de los regímenes norteafricanos.

El asunto de la seguridad sigue siendo primordial en el norte de África.  Para los Gobiernos europeos, los problemas de seguridad definen en esencia sus relaciones con los países norteafricanos. Es discutible que, a la larga, los intereses europeos se vean beneficiados por los regímenes autoritarios actuales; los regímenes están más interesados en conservar su poder que en desarrollar Estados verdaderamente estables.  Muchos terroristas suicidas procedían de Marruecos, y tanto Argelia como Egipto parecen frágiles.  Pero, a corto plazo, estos regímenes sí contribuyen a aliviar la presión sobre Europa y se les considera unos socios eficaces.  Como el Estado y el régimen están tan vinculados, no está claro el modo de debilitar el dominio de los regímenes sin debilitar también el Estado.  Internamente, los norteafricanos usan las amenazas contra la seguridad para justificar el Gobierno autoritario.  Todos estos países son “Estados de seguridad” en diversos sentidos y es esencial que Europa reflexione sobre la forma de reducir el uso de este “pretexto de la seguridad” como impedimento para el desarrollo político.

 
 
Túnez/Amnistía Internacional /Flirck

Al tratar de utilizar su peso de un modo más efectivo, Europa debería buscar vías de entrada siempre que pueda ejercer alguna influencia. Tendría que tratarse de problemas que ya se hayan planteado en la escena nacional y que no conlleven compensaciones excesivas; en el caso de Egipto, las posibles vías de entrada podrían referirse a asuntos que no obliguen a Mubarak a poner en peligro la supervivencia de su régimen.  Algunos de ellos podrían ser: aprovechar el impulso generado por el clamor contra la brutalidad policial; exigir la supervisión internacional de las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales, algo que hasta la Hermandad Musulmana está reclamando; fomentar el uso de las nuevas tecnologías y encontrar formas de respaldarlo; y aprovechar la creciente movilización política contra la corrupción, que está conduciendo al surgimiento de una nueva dinámica multilateral.   Algunos participantes han sostenido que la UE debería prepararse para asumir más riesgos: por ejemplo, la UE podría presionar a Mubarak para que accediese a reunirse con Mohammed Badia, de la Hermandad Musulmana.  Otros afirman que, en Egipto, la UE debe abogar por un proceso interno de supervisión electoral verdaderamente independiente.

El sistema de derecho y la independencia de la judicatura se consideran prioridades importantes en las que debería centrarse la UE.  El respeto a la ley es importante para el verdadero desarrollo de la pujanza económica.  A más largo plazo, Europa también podría esforzarse en consolidar las asambleas legislativas a fin de promover la idea de representación política y un control independiente del poder ejecutivo.  Sin embargo, esto no debería hacerse mediante la ampliación de los contactos con los parlamentos existentes en la región, ya que carecen de credibilidad: la UE debe tener cuidado de no respaldar instituciones ilegítimas cuando no le cueste nada evitarlas. Los medios de comunicación independientes también son un grupo importante al que apoyar, aunque tenemos que encontrar formas de hacerlo que no conlleven una financiación directa, algo que podría dar la impresión de poner en peligro su independencia.  En general, el objetivo de la UE debería ser el de acumular elementos de un Estado independiente que no sea idéntico al régimen.  Algunos participantes han señalado que esto requeriría un mayor diálogo con grupos como las clases empresariales que forman parte de las élites actuales, y que hay que actuar con precaución porque podría parecer que se ponen en peligro los principios de la UE.  Dado que la UE como institución tiene una propensión innata a colaborar con la rama ejecutiva de los países socios, otros grupos europeos, entre los que están las organizaciones de la sociedad civil, también tendrían que participar en la introducción de nuevas ideas en estas sociedades.

Sería conveniente prestar más atención a la importancia de Turquía como modelo de conducta democrática para la región.  En Turquía, el equilibrio de intereses entre las fuerzas religiosas o conservadoras y las progresistas ha dado lugar a una situación relativamente estable.  El norte de África toma nota de la actitud que adopta Europa respecto al Gobierno islámico de Turquía.  Habría que reflexionar más acerca del modo de usar el ejemplo turco de una forma positiva.

Con vistas al futuro, es probable que pronto haya transiciones en varios países norteafricanos debido al hecho biológico de que sus dirigentes son ancianos. La UE debería prepararse para estos acontecimientos allanando el camino para la transferencia del poder (esto también podría proporcionar vías de entrada para la instauración de la reforma).  Por último, algunos participantes han mencionado el ejemplo positivo del proceso 5 + 5 que establece vínculos entre los países del sur de Europa y los del Magreb, los cuales se reúnen a puerta cerrada para debatir un programa de compromisos mutuos: la UE debería seguir experimentando con la “geometría variable” y explorar distintas formas de interacción.

 

 

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Etiquetas HTML permitidas: <a> <em> <strong> <cite> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato

CAPTCHA
Este texto permite evitar el envío de spam
Image CAPTCHA
Enter the characters shown in the image.