¿POR QUÉ NOS ODIAN?

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¿POR QUÉ NOS ODIAN?
03 de mayo de 2012

La verdadera guerra contra las mujeres está en Oriente Medio.

En Distant View of a Minaret, la fallecida y olvidada escritora egipcia Alifa Rifaat comienza su relato corto con una mujer tan indiferente ante la relación sexual que está manteniendo con su marido que, mientras él se centra exclusivamente en su placer, ella se fija en una telaraña en el techo que tiene que barrer y le da tiempo a reflexionar sobre la reiterada negativa de su marido a prolongar las relaciones sexuales hasta que ella también llegue al clímax, “como si quisiera privarle de ello deliberadamente”. Mientras su marido le niega un orgasmo, la llamada a la oración interrumpe el del hombre y este se marcha. Después de lavarse, ella se sumerge en la oración –actividad más satisfactoria que la otra, hasta tal punto que está deseando que llegue la siguiente– y se asoma a la calle desde su balcón. Interrumpe su ensoñación para hacer café de manera obediente, para que su marido lo tome después de su siesta. Al llevarlo al dormitorio común para servírselo delante de él como le gusta, se da cuenta de que está muerto. Ella da instrucciones a su hijo de ir a buscar a un médico. "Ella volvió a la sala de estar y se sirvió café. Se sorprendió de lo tranquila que estaba”, escribe Rifaat....

 


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Poniendo las cosas en su sitio

Uno tiene que ir reparando artículos uno tras otro:

Si uno lee la literatura coránica como la he estudiado yo en la librería del barrio musulmán de Leicester donde viví, encontrará repetidas instrucciones en las que el hombre debe procurar que "la mujer no pierda el tren", de hecho se recrimina la conducta de aquél que no guarda "debida consideración". Sin embargo, es una condición femenina el llegar tarde, por tanto, no es de sorprender que también pierda ese "tren".

No entraré a hacer un ensayo porque no es el contexto adecuado, pero baste decir, que ese hecho tiene sus raíces no en la fisiología sino en problemas psicológicos, los cuales se reúnen a partir de una cierta edad. Las mujeres jóvenes, nunca pierden el tren.

Es decir, las alteraciones en la conducta sexual, la homosexualidad, la frigidez o la disfunción eréctil etc tienen una profunda raigambre psico-emocional. Que la mujer culpe al hombre es una pérdida de recursos para abordar los verdaderos motivos que subyacen al problema.

Y respecto al título, nadie odia a las mujeres, excepto, irónicamente, aquellos que se visten como ellas. Ni tampoco los musulmanes las odian. Las tienen en menos por ciertas características, pero no es una cuestión de odio. Adicionalmente, los judíos ortodoxos radicales también tienen exactamente la misma actitud discriminatoria hacia la mujer. Por tanto, la fotografía también es tendenciosa.

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