El lugar que ocupa cada país en el mundo se ha definido, en parte, en función a su poder energético y el desarrollo de distintos modelos de energía, empezando por el fósil y siguiendo con la transición hacia el renovable.

Gaseoductos cerca de Kiev, Ucrania. Genya Savilov/AFP/Getty Images
Gaseoductos cerca de Kiev, Ucrania. Genya Savilov/AFP/Getty Images

En el siglo XIX, la humanidad descubrió cómo convertir calor en movimiento y movimiento en electricidad, y resolvió cómo transformar esta electricidad en movimiento o calor. A su vez, fue capaz de generar electricidad a partir de cualquier tipo de fuente energética –fósil, orgánica vegetal y no orgánica–, lo que determinó la diferenciación de dos modelos energéticos distintos, uno basado en la energía fósil y otro en las renovables o no orgánico, que definieron la geopolítica.

En el mundo de la energía fósil, los yacimientos de energía primaria están localizados en regiones determinadas de países muy concretos. Lugares sobre los que, además, se pueden establecer derechos de propiedad exclusivos, que son la base del moderno negocio de la energía. Por el contrario, tanto en el mundo orgánico anterior a la Revolución Industrial, como en un mundo basado en la energía renovable –biomasa y no orgánicas, como el movimiento del viento, de los ríos o  de las mareas, y el calor del  sol o de la tierra–, las fuentes energéticas son geográficamente universales, pues todos los países del planeta, en proporciones variables, disponen de viento, sol o agua. Es más, en el caso de las no orgánicas, se trata de fuentes libres y no exclusivas y, por tanto, el hecho de que alguien utilice el movimiento del viento o el calor del sol para obtener energía útil para el uso humano no impide que su vecino haga lo mismo.

La diferente situación geográfica entre un modelo de energía fósil y otro de energía ...