Una gira vacía de acuerdos comerciales o cooperación bilateral, pero destinada a audiencias domésticas e internacionales.

 









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La reciente visita del presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad a Venezuela, Nicaragua, Cuba y Ecuador puede analizarse desde varias perspectivas, entre ellas: el objetivo del Gobernante iraní y los intereses de los cuatro anfitriones, que convergen en el sentimiento antiestadounidense. Por lo tanto, fueron unos encuentros entre mandatarios y no entre Estados, cuyo resultado se puede resumir en la frase de Ahmadineyad pronunciada en Quito: “producto de sólidas relaciones entre Irán y países latinoamericanos, la región no será más el patio trasero de EE UU”.

Fue una visita más para el consumo mediático que para la cooperación bilateral y menos para intercambio comercial, pues el comercio con los países visitados es mínimo y no alcanza más que a unas decenas de euros. Ese carácter mediático lo reafirmó el anuncio de la apertura de un canal iraní en español: Hispana TV.

El objetivo del Presidente fue ayudar a desviar la atención de la opinión pública iraní por las diferencias que tiene con el Ayatolá Alí Jamenei y salir del aislamiento internacional por su programa nuclear, anunciando que tiene aliados alrededor del mundo que lo apoyarían en instancias internacionales. Los principales puntos en sus intervenciones fueron: decadencia del capitalismo, imperialismo estadounidense, auténtica democracia y carácter pacífico del programa nuclear. Por ende el mensaje de Ahmadineyad estuvo dirigido a la opinión pública internacional, Estados Unidos y los países europeos.

Desde la perspectiva de los países visitados, el propósito de recibir a Ahmadineyad tiene en común el expresarle a Washington que mantienen relaciones con quien deseen. Sin embargo, para cada anfitrión las razones son distintas. En el caso de Hugo Chávez –con el único que se firmaron acuerdos– el encuentro le permitió recuperar algún protagonismo internacional más allá de su enfermedad y mantener la atención de la oposición en temas distintos al del retorno de las reservas de oro, que se colocan bajo el control presidencial. Las declaraciones de ambos mandatarios tuvieron una connotación clara y fuertemente antiestadounidense, consolidando el eje Caracas-Teherán en América Latina.

Respecto a Nicaragua, el interés del presidente Daniel Ortega fue mantener la atención de la opinión pública y sobre todo de los grupos opositores en otros temas de la agenda para evitar mayores presiones sobre su Gobierno; al mismo tiempo que transmitirles un mensaje a sus vecinos centroamericanos y, sobre todo, a Washington que tiene aliados alrededor del planeta. Ni siquiera se celebraron reuniones técnicas para reactivar los acuerdos de cooperación de 2007, lo que fue anunciado por ambos mandatarios como un gran logro de la visita, sobre todo el de la construcción de un puerto de aguas profundas en el Caribe.

La visita de Cuba fue protocolaria y de rigor, pues es difícil que un líder antiestadounidense visite la región sin pasar por La Habana y reunirse con los ...