Claudio Descalzi (izquierda), CEO de la compñaía italiana ENI, y Tevfik Hakkar (derecha), director de la compaía argelina Sonatrach, firman el acuerdo de suministro de gas entre ambos países el pasado 11 de abril (Presidencia de Argeria/Getty Images)

La invasión rusa de Ucrania está generando un nuevo juego de alianzas para poder así garantizar el suministro de energía. Este nuevo contexto geopolítico podría representar una gran oportunidad para Argelia siempre y cuando sea capaz de llevar a cabo cambios fundamentales en su política económica y energética.

Ahora que Europa se esfuerza por diversificar sus proveedores de gas, hay muchos países que van sumándose a la lista de posibles socios: desde pesos pesados como Australia, Catar y Estados Unidos hasta otros importantes como Azerbaiyán, Egipto, Libia y Argelia. El posible papel de este último país se ve reforzado por la existencia de tres gasoductos submarinos que ya lo conectan con la Península Ibérica e Italia. Al menos dos de ellos, el Pedro Durán Farell, que une Argelia con España y Portugal a través de Marruecos (cerrado desde el 1 de noviembre por las tensiones cada vez mayores entre Argelia y Marruecos) y el Enrico Mattei, que une Argelia con Italia a través de Túnez, están infrautilizados. El segundo, también conocido como TransMed, transporta 22.000 millones de metros cúbicos al año, un 30% por debajo de su capacidad real. El gasoducto Medgas, que une Argelia directamente con España, transporta 8.000 millones de metros cúbicos al año.

Si en los próximos meses y años la Unión Europea decide comprar más gas a Argelia, junto a otros proveedores extranjeros, habrá que responder tres preguntas: ¿es Argelia, históricamente, un proveedor fiable para los clientes occidentales?, ¿tiene grandes reservas?, ¿y la capacidad de garantizar un mayor volumen de exportaciones de gas en el futuro?

La respuesta ...