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Una vista de la planta de gas Manga, en Tornio, Finlandia. (SAM KINGSLEY/AFP/Getty Images)

¿Qué políticas desarrolla la Unión Europea en este rincón disputado del mundo?

La Unión Europea limita al norte con el Ártico, aunque sus estrategias políticas y económicas en las latitudes más septentrionales del globo no provocan tantos titulares como las de otros dos poderosos vecinos de la región helada, Estados Unidos y Rusia, o las de un tercero, China, sin fronteras geográficas pero con inversiones que lo han convertido en pieza clave. Tres Estados árticos, Suecia, Dinamarca y Finlandia, son también miembros de la UE. Un cuarto, Noruega, pertenece al Espacio Económico Europeo (EEE) y negocia cada año el acceso de los barcos europeos a los bancos compartidos de merluza y bacalao del Mar de Barents por valor de más de 2.000 millones de euros. Más al Norte, bajo la superficie helada, se extiende un océano de 2,8 millones de kilómetros, el llamado Ártico Central, de extensión similar al Mediterráneo, regido por la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar en 1982.

Según este tratado internacional y como la mayor parte de la superficie oceánica, el Ártico Central es alta mar, lo que podría traducirse por “de todos y de nadie”: hay libertad de navegación y sobrevuelo o libertad de pesca. El océano congelado ha impedido hasta ahora la ejecución de gran parte de esas posibilidades, pero el deshielo veloz del Ártico pone sobre la mesa oportunidades inéditas para el transporte marítimo, el turismo o la explotación de recursos naturales. El crucero de lujo Crystal Serenity se convirtió en 2017 en el primer gran buque en atravesar el Paso del Noroeste, la ruta marítima que une el Atlántico y el Pacífico por el Ártico, y hace poco más de un año un mercante de ...