Manifestación independentista durante el Día de Cataluña (David Ramos/Getty Images)
Manifestación independentista durante el Día de Cataluña (David Ramos/Getty Images)

Lluís Bassets (Barcelona 1950), además de ser uno de los más prestigiosos analistas españoles de política internacional y director adjunto del diario El País, tiene una posición privilegiada para analizar las relaciones entre Cataluña y España, como reflejan sus libros dedicados a ese tema –¿Aún podemos entendernos? (2011) y La gran vergüenza (2014)– y atestigua su constante ir y venir entre Madrid y Barcelona. Cuál es la situación actual y qué impacto podría tener fuera de las fronteras, son algunas de las cosas que se analizan en esta entrevista.

esglobal. La pregunta más elemental cuando se habla de Cataluña es si es una nación…

Luis Basset. Sin duda. Pero no hay nada étnico en ello. Hablamos de un nacionalismo que tiene sus causas y sus explicaciones en hechos sociológicos, económicos, históricos y lingüísticos, pero no hay ningún elemento étnico en ello. El nacionalismo vasco, que es el que más ha intentado teorizar sus supuestas diferencias antropológicas con el resto de los pueblos ibéricos, está construido sobre invenciones y mitificaciones, como demostró un antropólogo vasco, Juan Aranzadi. No existe una “raza” vasca o catalana. Ahora, si Cataluña es una nación, es una pregunta que debe resolver la ciencia política, la sociología política, la historia. Y es, de hecho, una nación, dado que tiene una continuidad en el tiempo, un territorio, una población localizada en ese territorio, una lengua, unas tradiciones, una literatura… todo lo cual la constituye como una nación histórica europea que no ha llegado a materializar su identidad nacional en una forma de Estado propio y único, algo solo lo ha hecho dentro de España. Aquí hay distintas visiones sobre el reconocimiento de la nación política, lo que constituye el meollo del problema.

esglobal. La Constitución española habla de nacionalidades españolas no de naciones, ¿cual es la diferencia?

L.B. La Constitución hizo una cosa muy interesante que fue crear un espacio de ambigüedad donde todo el mundo pudiera sentirse parte y participar para poder construir cómodamente la comunidad política española. Con la fórmula de nacionalidades y regiones ese problema se resolvió. Luego todo este asunto se ha ido estrechando, complicando. El estatuto de Cataluña de 2006 fue recurrido por el Tribunal Constitucional porque el preámbulo, que no tiene efectos jurídicos directos, intentaba el reconocimiento de Cataluña como nación. El TC –presionado por la extrema derecha española o el nacionalismo español, para ser más precisos– hizo una aclaración diciendo que “nación” en ese contexto no quería decir en ningún caso una nación política. Esa sentencia fue de una arrogancia judicial tal respecto a los catalanes que sembró las semillas de muchos de los problemas actuales. Imbuidos de esa arrogancia, los magistrados se permitieron corregir lo que el Parlamento catalán y el Congreso español habían aprobado y que los electores catalanes refrendaron en las urnas.

esglobal. ¿Por qué ahora muchos catalanes reclaman un Estado propio? ¿No será porque la propia Unión Europea propicia o, al menos, hace factible ...