Ilustración. (Getty Images)

Cincuenta años después del golpe de estado, Chile sigue reflexionando sobre su pasado y enfrenta múltiples desafíos a día de hoy, pero todo ello sin abandonar ese impulso innovador que continúa caracterizando en gran medida al país.

Como las matrioskas rusas, la pregunta por la innovación contiene una asociación inevitable con la idea de futuro. Bajo esa premisa, Chile debiera ser el lugar mejor posicionado de América Latina y el Caribe para responderla dado que, por años, viene ostentando un liderazgo reconocible como lugar para la innovación. Dos recientes índices lo atestiguan. Se trata del Scorecard 2023 de la Consumer Technology Association (CTA), que lo incluye como parte de los “líderes en innovación” en el lugar 38, y el Índice Mundial de Innovación 2022 de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), que le otorga la posición 50 (entre 132 países). Tal es así que la agencia para potenciar el país, de nombre “Marca Chile”, tiene un lema muy acorde como es “Creating future”.

Sin embargo, a pesar de ostentar una situación que invita a pensar en clave de promesa, para cualquiera que siga su devenir actual es fácil reconocer una mezcla de retrovisión con ensimismamiento.  De retrovisión, porque de la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado acaecido el 11 de septiembre de 1973, así como el recuerdo de los horrores de la dictadura que después siguió, se esperaría que aflorara un renovado compromiso colectivo con la democracia, la vigencia y el respeto por los derechos humanos y un rechazo categórico de la violencia como forma de dirimir los conflictos. 

Pero está sucediendo que, en la práctica, una reflexión que podría ser más analíticamente sosegada e, incluso, proporcionar lecturas alternativas, ya que la que se llamó “revolución con sabor a empanada y vino tinto” como intento de acceder al socialismo a través del uso de la institucionalidad vigente, mediante el sufragio, el pluralismo y la libertad no deja de ser una experiencia de laboratorio que no había tenido lugar previamente en el mundo, se ha visto sustituida por controversias y disputas en torno al gobierno de la Unidad Popular (UP), la inevitabilidad o no del golpe de Estado y la figura de Salvador Allende. 

Gabriel Boric, Presidente de la República de Chile, durante un evento sobre el aniversario del golpe de Estado, en julio de 2023, en Madrid, España. (Jesús Hellin/Europa Press/Getty Images)

A explicar dicho escenario podrían concurrir factores internos, puesto que el actual presidente chileno, Gabriel Boric, anunció un plan de conmemoración especial con el lema oficial “La democracia es memoria y futuro”, despertando suspicacias acerca de la pretensión de levantar una narrativa oficial acerca del pasado. Pero hay otros, externos, que no hay que obviar. Asistimos a un clima de época signado por una polarización afectiva, aunque probablemente acentuado en este caso por las secuelas del estallido social de octubre de 2019, los efectos de la pandemia subsiguiente y el proceso de elaboración de una nueva Constitución que se ...