Cómo la industria audiovisual china refleja la actualidad social y cultural de la segunda economía del mundo.

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La mayoría de las personas que tratan de comprender a China busca fijarse en sus deslumbrantes datos macroeconómicos, intentando entender su actualidad a través de indicadores de inflación, exportaciones o PIB. Pero es otro factor, inaccesible para muchos debido a la dificultad del idioma y los factores culturales intrínsecos, el que mejor refleja el cambio social y cultural que  está experimentando el Estado-civilización más poblado del mundo: su industria audiovisual.

China vive en estos momentos un boom sin precedentes en el número de producciones cinematográficas nacionales. Gracias a uno de los más estrictos proteccionismos audiovisuales del mundo, el gigante asiático produce cerca de 500 films al año, frente a las escasas 20 películas extranjeras que se permite proyectar en los cines del país. Deseosas de captar la complicidad y beneplácito de una sociedad que cambia y evoluciona a la velocidad del rayo, sus argumentos han comenzado a olvidar al que parecía el rey indiscutible de las taquillas chinas, la película histórica de artes marciales, que corre el riesgo de ser engullido por la nueva reina de las pantallas del país asiático: la comedia romántica. Este jaque mate doméstico refleja una cada vez mayor distancia entre la omnipresente tradición histórica del país y las nuevas generaciones, más preocupadas ya por el mañana que por el ayer.

Todas estas películas relatan amores idealizados y reflejan estilos de vida cosmopolita completamente fuera del alcance de la práctica totalidad de jóvenes urbanitas chinos. Ejecutivos publicitarios, inversores de bolsa y diseñadores gráficos de éxito conducen sus descapotables para desplazarse a sus lofts de ensueño, no sin antes cenar en un restaurante de lujo y enamorarse de la camarera que pronto se convertirá en una prestigiosa fotógrafa. Son historias y situaciones claramente despegadas de la realidad del país, en donde cerca del 90% de la población pelea por conseguir un sueldo de unos 500 euros al mes o se ve obligada a compartir habitación a los 30 años de edad para poder pagar su alojamiento en Pekín. Pero lo cierto es que la fórmula gusta, y mucho, ya que parece capturar las aspiraciones, deseos y sueños de gran parte de los veinteañeros chinos, que ven en pantalla la vida que les gustaría tener a la vez que olvidan durante hora y cuarenta minutos la que en realidad tienen.

Al mismo tiempo, China se ha convertido ya en el mayor productor y consumidor de telenovelas del mundo. Conscientes de la avanzada edad de su público objetivo, éstas muestran un estilo de vida anclado aún en su tradición rural e histórica, y en donde el sistema de valores familiar sigue siendo una especie de piedra angular a través de la cual perpetuar la responsabilidad filial y la honradez. Por su parte, las generaciones más jóvenes han comenzado ya a consumir televisión por Internet, inevitablemente muy influenciado por las propuestas internacionales. Esta tendencia seguirá ...