No surten efecto los intentos para lograr que China apoye nuevas sanciones contra Teherán por la cuestión nuclear. ¿Cuál es la estrategia de Pekín? Obtener siempre las máximas concesiones posibles tanto de Irán como de Occidente. Pero existen maneras más eficaces de poner al gigante asiático contra las cuerdas.

 

Estados Unidos y otros países llevan meses gastando un enorme capital diplomático para presionar a China con el fin de imponer una nueva ronda de sanciones contra Irán.

Sin embargo, estos esfuerzos han obtenido escasos resultados y no sirven más que para fortalecer las bazas estratégicas del gigante asiático. Cuanto más aguante China, mejor trato recibirá de Occidente, que tiene esperanzas en unas sanciones que, de todas formas, van a ayudar poco a resolver el punto muerto en la cuestión nuclear.










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Hay varias razones para que Pekín no imponga unas sanciones de peso.

Irán es el tercer proveedor de petróleo del Imperio del Centro y acoge unas empresas chinas, tanto comerciales como del sector de la energía, en constante expansión. Además, los dos países comparten un fuerte resentimiento contra lo que consideran la intromisión de Washington en su política doméstica. El vínculo con Teherán sirve de contrapeso a los intereses estadounidenses en una región que algunos estrategas chinos consideran parte de su gran periferia.

Pekín ha llevado a cabo una ofensiva de buena voluntad en los países musulmanes desde los disturbios de Xinjiang en julio de 2009, en parte como reacción a las enérgicas condenas de los principales clérigos iraníes sobre la manera china de administrar la turbulenta provincia occidental.

A diferencia de EE UU y Europa, China no cree que sea urgente abordar la ...