Del hackeractivismo a la ciberguerra, los peligros que definen la era digital.

AFP/Getty Images

1. Violaciones de la privacidad: La intimidad en Internet está en regresión. Cada compra que hace, cada vuelo que toma, cada web que visita, cada archivo que descarga, cada persona a la que llama y cada email que envía es registrado, y estos perfiles son después almacenados indefinidamente y a menudo vendidos al mejor postor –quienquiera que sea–.  Información personal que durante mucho tiempo se pensó confidencial simplemente ya no lo es. Piense por ejemplo en su identidad mientras pasea por la calle. La tecnología de reconocimiento facial ha pasado del ámbito de las fuerzas del orden al del público general –Facebook la usa en muchos países, reuniendo datos a partir de imágenes para poder reconocerle (a menos que haya desactivado esta función)–. Esa es una violación de su derecho a la intimidad ¿verdad? Pues no. ¿Y quién puede asegurar que la base de datos de fotografías de Facebook, que crece a un ritmo de varios miles de millones de fotos al mes, no será entregada a agencias o empresas de seguridad en el futuro?

2. Cibercrimen: No conoce límites. Permite que  criminales que trabajan desde el otro extremo del planeta eviten ser detectados y desconcierta a las agencias que vigilan que se cumpla la ley y que deben trabajar en los confines de sus reducidas jurisdicciones. Y es enormemente caro: el coste global de los ciberdelitos se ha calculado en un billón de dólares, aproximadamente equiparable al del tráfico internacional de drogas, según la Unión Europea. Puede que piense que es imposible que el phishing y el spam acaben produciendo daños físicos y muertes, pero no lo es. En julio de 2011, una mujer japonesa murió tras tomar un medicamento para hacer dieta ...