Chávez debe competir no solo contra la oposición sino también contra el cáncer que mantiene en vilo al país.

 

 

 












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Venezuela ha dado ya la salida a su campaña oficial para las elecciones presidenciales. Tanto el presidente Hugo Chávez como Henrique Capriles, el candidato de la oposición unida, se han registrado como contendientes. Los próximos meses podrían acabar siendo los más duros para Chávez hasta el momento. Y también podrían poner al país muy nervioso cuando la incertidumbre sobre su estado de salud ponga al descubierto su fragilidad y la falta de preparación para una potencial transición.

Bajo circunstancias normales, Chávez no tendría mucho que temer. Disfruta todavía del apoyo de muchos venezolanos que perciben que sus vidas han mejorado gracias a su revolución bolivariana. El presidente, que cuenta con fuertes lazos emocionales que le unen a la base de su electorado, se ha distanciado con éxito de los problemas de gobernanza del país —como los desorbitados niveles de criminalidad— a pesar de que el respaldo popular a su Administración se ha debilitado. También cuenta con instituciones leales, controla los medios de comunicación estatales y utiliza públicamente las arcas del Estado para su campaña.

Pero esta votación es diferente. Como Chávez, Capriles no ha perdido nunca unas elecciones. Por una vez, la oposición se ha unido tras él. Aunque la mayoría de las encuestas todavía otorgan al presidente una ventaja de dos cifras, el número de votantes aún indecisos es relativamente alto y la moderación de Capriles podría tener efecto en ellos. Y lo que es más ...