La orden de arresto del dictador Omar al Bashir, la primera emitida por la Corte Penal Internacional contra un presidente en ejercicio, deberá pasar por una carrera de obstáculos casi insalvable. El Consejo de Seguridad de la ONU puede paralizar su persecución durante años.

El dictador Omar Hassan al Bashir, hombre fuerte de Sudán desde 1989, se enfrenta a dos retos: los complicados comicios que tendrán lugar en 2009 y, desde el pasado 14 de julio, a una orden internacional de arresto de la Fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de guerra, contra la humanidad y genocidio en la región de Darfur, que supone además la primera dictada contra un presidente en ejercicio desde la creación de este tribunal en 2002. Desde su independencia del Reino Unido en 1955, Sudán ha sufrido dos guerras civiles (1955-1972 y 1983-2005) que han enfrentado a la población cristiana y animista del sur con árabes musulmanes del norte. Los conflictos interétnicos en Darfur y la lucha por los escasísimos recursos de la zona son de nuevo las causas del estallido de una guerra que, desde 2003, enfrenta a agricultores negros africanos (fur, zagawa y masalit) y a población de origen árabe dedicada al pastoreo nómada (baggara), armada por el Gobierno de Al Bashir y apoyada por los paramilitares yanyauid.

Al Bashir es vitoreado por sus seguidores Darfur el pasado 23 de julio.
Al Bashir es vitoreado por sus seguidores en Darfur el pasado 23 de julio.

Darfur es un escenario muy complejo, enmarcado en una de las regiones más inestables del planeta: el cuerno de África. A la defensa de intereses políticos, económicos y estratégicos responden incursiones catastróficas como la de Clinton en Mogadiscio en 1993 y la creciente y rápida penetración de China en el país. El gigante asiático es el mayor inversor en Sudán, el consumidor número uno de su petróleo ...