El empleo público abarcaría desde la reconstrucción de infraestructuras deterioradas a la creación de proyectos artísticos y culturales.

 












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Durante los años treinta, un joven abogado de Ohio llamado Benjamin Roth escribió un diario sobre el caos económico y social que veía a su alrededor, en el que dejó constancia de la extrema incertidumbre con la que la gente normal de clase media en el medio Oeste de Estados Unidos veía el futuro. Lo que impresiona al leerlo hoy es cuántos falsos amaneceres hubo y con qué lentitud reaccionaron las autoridades; no dejaban de pensar –de esperar— que la economía iba a mejorar.  “Cuando comencé estas notas, nunca pensé que la depresión iba a durar más de dos años”, escribió Roth en 1936. “Ahora estamos empezando el séptimo año y todavía no se ve un camino despejado”.

Si nos guiamos por la longitud y la profundidad de la caída del PIB mundial, la crisis económica actual acabará siendo peor que la de los años treinta. Igual que entonces, los gobiernos de EE UU y Europa deben pasar de hacer lo mínimo imprescindible para evitar el desastre inmediato, a actuar con verdadera visión de futuro para que sus ciudadanos empiecen a creer en un horizonte económico más positivo. Y eso, sobre todo, significa crear empleo; tal vez incluso crear el equivalente moderno de la Agencia de Progreso de Obras de la Gran Depresión (Works Progress Administration).

El desempleo genera desesperación. Tanto si afecta a los jóvenes que están entrando en el mercado laboral o a la gente ...