El artículo de Bruce Bueno de Mesquita (FP Edición española, ‘Cambio climático: fórmula para el fracaso’, diciembre 2009 /enero de 2010) y The Predictioneer’s Game, el libro del que se ha extraído, presentan los resultados políticos como si procedieran de las preferencias de los políticos, los grupos o los Estados concretos. Sin embargo, la elección en muchas situaciones se da entre políticas en particular y no entre resultados finales. Dado que Bueno de Mesquita pasa por alto la relación entre preferencias y políticas concretas, su modelo explica mucho menos de lo que él cree que explica.

Ya estén decidiendo lo que Estados Unidos debería hacer en Afganistán o qué medidas debería tomar la comunidad internacional respecto al calentamiento global, los líderes se enfrentan a opciones sobre políticas específicas. ¿Deberían enviarse fuerzas de combate a una determinada provincia en un momento concreto? ¿Deberían implementarse medidas de control e intercambio de derechos de emisión de un tipo específico a lo largo de cierto periodo de tiempo?

El hecho de que determinados actores puedan tener preferencias respecto a ciertos resultados significa poco, al menos sin algún tipo de evaluación respecto a la probabilidad de que una política concreta tenga un resultado específico. Dado que, como se ha debatido en otros foros, esas evaluaciones suelen ser de todo menos exactas, en la práctica, el diseño de las políticas gira en torno a qué opciones políticas están ya en marcha, son más fáciles de adaptar o están más directamente disponibles. En otras palabras: en torno a las capacidades organizativas y no a las preferencias de los actores.

El modelo de Bueno de Mesquita parece funcionar porque todo el trabajo pesado respecto a las alternativas políticas ya se ha hecho. Simplemente incorpora al modelo las opciones políticas existentes como punto de partida. De ...