Ayuda a proteger a civiles y a soldados de las atrocidades bélicas. Pero esta norma, que tanto costó conseguir, está convirtiéndose en papel mojado: los terroristas la ignoran y ciertos gobiernos la ven pasada de moda. Cada vez que se infringe, la guerra es más mortal para todos.

 










¿Quién vigila al vigilante? No respetar las leyes de la guerra hace que los conflictos sean más peligrosos.



 

 “Está obsoleta”


Sólo los detalles menores. Las leyes de los conflictos armados son viejas: se remontan a los códigos de los guerreros usados en la antigua Grecia. Pero la Convención de Ginebra moderna, que regula el tratamiento a los soldados y a la población civil en los conflictos armados, tiene su germen en 1859, cuando el empresario suizo Henri Dunant se topó con las consecuencias de la batalla de Solferino. Su indignación ante los sufrimientos de los heridos le llevó a establecer lo que luego se convertiría en el Comité Internacional de la Cruz Roja, que sirvió después para mejorar el trato a los combatientes lesionados. Décadas más tarde, cuando la devastación de la Segunda Guerra Mundial puso de manifiesto que era necesario un mayor amparo, nació la actual Convención de Ginebra, una especie de carta de derechos que, en tiempos de conflicto, regula el trato dado a los heridos, los prisioneros de guerra y la población civil, y que ha sido ratificada por todo el planeta.

Sus autores, probablemente, nunca imaginaron un conflicto como la guerra contra el terror o combatientes como Al Qaeda. La Convención se refería fundamentalmente a los enfrentamientos entre Estados, lo que hace que algunas de las normas, consagradas por ley, sean vistas hoy como obsoletas. Parece ...