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Las sociedades modernas no podrán seguir avanzando si no toman el camino de la igualdad real, entendida como la incorporación de valores relegados históricamente al entorno femenino. Una tarea que precisa del compromiso de todos.

Aunque durante algún tiempo parecía adormilado, el debate sobre el feminismo y sobre la igualdad, real, de géneros se ha reavivado en los últimos meses. Medio siglo después de la revolución sexual y pese al indiscutible avance de los derechos de la mujer en los países occidentales, cada día pesa más la frustración por todo lo que aún queda por hacer.

La cuestión es tan sensible que cada nueva polémica desata furibundas reacciones… sin que su efecto se deje notar en una auténtica transformación social. Entre las más recientes, por citar solo algunas, en España, las controvertidas declaraciones de la presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica de Oriol, sobre la contratación de mujeres en edad de procrear; en Europa, la formación de la nueva Comisión Europea, con Jean-Claude Juncker al frente, que no se asoma, ni de lejos, a la paridad de género; y en el entorno corporativo, el reciente anuncio por parte de Apple y Facebook de que financiarán a aquellas de sus empleadas que lo deseen el tratamiento de congelación de óvulos para que puedan retrasar el momento de tener hijos y dedicarse de lleno a sus trabajos.

Parte de este debate renovado tiene que ver con el agotamiento del feminismo tradicional, con su incapacidad para seguir aportando ideas y propuestas que permitan alcanzar, de manera eficaz, la igualdad.

Una de sus impulsoras, casi de modo involuntario, ha sido Anne Marie Slaughter, presidenta del prestigioso think tank New America Foundation, ex directora de Planificación Política de Hillary Clinton en su etapa de Secretaria de Estado y una de las voces más respetadas ...