Una de las grandes tareas del proyecto europeo sigue pendiente: los ciudadanos tienen que sentir que su opinión cuenta y sirve para elegir el futuro de la UE.

El 26 de mayo las instituciones europeas afrontaron uno de sus trances más complicados. Por vez primera desde que existen elecciones al Parlamento Europeo los umbrales de incertidumbre, en relación con su desenlace, eran muy elevados. Los resultados no han decepcionado. La clásica gran coalición entre socialistas y populares ya no suma, y las decisiones se tendrán que tomar junto con otros grupos políticos que han adquirido más presencia en la cámara, Verdes, Liberales y, también, los grupos que se configuren en el espectro político de la extrema derecha, en sus distintas variables, tendrán algo que decir.

Los partidos tradicionales plantearon estas elecciones como un referéndum a la totalidad de lo que representaba el proyecto europeo tal y como se ha entendido hasta la fecha. Un proyecto impulsado desde las elites políticas en un contexto de postguerra europeo con la intención de reconstruir un continente en paz y sobre la base de la recuperación económica. Desde que surgió esta idea ningún grupo ha tenido la suficiente fortaleza y voluntad política como para impugnar este proceso tal y como estaba planteado desde sus inicios… hasta ahora.

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Personas caminan durante las elecciones en la sede del partido alemán CDU en Berlín. Sean Gallup/Getty Images.

A lo largo de estos años, se han podido ir observando distintas señales de alarma sobre la creciente desafección política alimentada por unas políticas cada vez más austeritarias y menos redistributivas que han ido quedando reflejadas en la participación. Sin embargo, por el momento, no se han propuesto modificaciones estructuralmente democratizadoras en el sistema político de la UE, a pesar de la tendencia de la participación, que no ha dejado ...