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Coche autónomo/Fotolia

He aquí las claves para entender el futuro del coche autónomo.

Cuando Henry Ford vio salir renqueando por la puerta de su fábrica el primer modelo de Ford T en octubre de 1908 poco se podía imaginar que la senda tecnológica iniciada llevaría, más de cien años más tarde, hasta el desarrollo de los coches inteligentes que pueden circular sin intervención humana. Los soñadores posteriores del siglo XX predecían un mundo futuro de carreteras surcadas por automóviles dirigidos por un ordenador de a bordo que transportan de forma rápida y segura a pasajeros felizmente despreocupados leyendo o viendo una película durante el viaje. Entonces, una utopía; hoy, una realidad, por lo menos en lo que a la tecnología se refiere.

Los automóviles han ido perfeccionándose década a década desde su nacimiento, al principio en términos mecánicos y, posteriormente, desde finales del siglo pasado incorporando la electrónica y, finalmente, la informática. En el coche de hoy la arquitectura mecánica está cubierta por una capa de inteligencia artificial que apoya y facilita las necesidades de la circulación, lo que hace cada vez más innecesarias las funciones que realiza el conductor. La automatización ya asoma en los vehículos convencionales en funciones como el autoaparcado del vehículo o las luces automáticas, que se encienden y apagan solas en función del grado de iluminación de la vía.

La industria del automóvil está tomando posiciones en todo el mundo en torno a la conducción autónoma. Aparte de los gigantes americanos, como Ford o General Motors, y de los nuevos agentes del sector, como Uber, Tesla o Google, los fabricantes europeos y asiáticos trabajan contrarreloj para no quedarse fuera de ese mercado. Volvo está fuertemente comprometido con el coche autónomo y su alianza con Uber afianza dicho compromiso; BMW trabaja con las tecnológicas Intel y ...