El movimiento de trabajadores cualificados desde los países pobres a los ricos no es algo que haya que temer. A largo plazo, beneficiará a ambos.

 

"Es robar capital humano a los países pobres"


No. Muchos de los mismos países a los que Estados Unidos corteja mediante acuerdos comerciales y de ayudas se quejan amargamente de la fuga de cerebros, de la marcha de sus médicos, científicos e ingenieros hacia éste y otros países ricos. Si llevaran razón, estas quejas significarían que las actuales políticas de inmigración responden a una política exterior que resulta contraproducente. Afortunadamente, sin embargo, el flujo de emigrantes cualificados puede beneficiar a ambas partes.

Esta extendida idea de que la emigración cualificada equivale a robar conlleva un estrafalario conjunto de supuestos sobre los países en desarrollo. En primer lugar, exige asumir que este tipo de países poseen un stock finito de trabajadores cualificados, que se ve mermado con cada persona que se marcha. En realidad la gente responde a los incentivos creados por la emigración: enormes cantidades de trabajadores cualificados de países en desarrollo han sido inducidos a adquirir esa formación por la oportunidad de conseguir grandes ingresos en el extranjero. Ésa es la razón de que Filipinas, que envía al extranjero más enfermeras que ningún otro país en desarrollo, todavía cuente con más enfermeras per capita en el propio país de las que tiene Gran Bretaña. Recientes investigaciones muestran también que un gran aumento repentino de la emigración cualificada desde un país en desarrollo a un destino que favorezca unas habilidades determinadas puede provocar el correspondiente aumento repentino en la adquisición de esa formación en la nación de origen.

En segundo lugar, creer que la emigración cualificada equivale a robar a los países con menos ...