Se han exagerado mucho los riesgos que representa la puesta en libertad de los presos. El cierre de la cárcel de Guantánamo no será fácil, pero compensa pagar ese precio a cambio de corregir una injusticia legal y moral de siete años.

 

“Los presos de Guantánamo son duros terroristas”















Brennan Linsley-Pool/AFP/Getty Images

En su mayoría, no. Desde que se estableció la cárcel, hace siete años, ha reinado la confusión sobre quién está exactamente detenido en Guantánamo. Los funcionarios de la cárcel, al principio, no sabían prácticamente nada de los primeros 300 presos, aparte de haber oído decir que eran “lo peor de lo peor”. No había datos sobre sus nombres, sus países de origen ni las lenguas que hablaban. Las circunstancias en las que se les había capturado y su relación con Al Qaeda o los talibanes eran asimismo turbias. Sólo cuando los investigadores de varios organismos estadounidenses empezaron a entrevistar e interrogar a los detenidos y a revisar la información proporcionada por departamentos de policía y servicios de inteligencia extranjeros, descubrieron que muchos de los individuos que estaban bajo su custodia no tenían nada que ver con el terrorismo.

Todavía hoy, escasean las pruebas que respalden los cargos penales contra la mayoría de los presos, que ya son 243. Todo parece indicar que se someterá a juicio a unas cuatro docenas de detenidos, entre ellos los 14 presos de alto riesgo transferidos a Guantánamo en 2006, como Khalid Sheikh Mohammed, el presunto cerebro de los atentados del 11-S, y Ramzi bin al Shibh, otro de los presuntos organizadores de dichos ataques. Es posible que haya otro grupo de presos considerados demasiado peligrosos para ponerlos en libertad por ...