El objetivo es dar un gran empuje a la cuestión de la decisión y control democráticos en la Unión Europea.

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Después de la crisis, en Europa lo primero es crecimiento, que a todas luces es insuficiente. En segundo lugar, lucha contra una desigualdad que está creciendo de forma alarmante. Y en tercero, aunque en realidad, es parte de lo mismo, democracia. Pues está vaciándose la democracia nacional sin reemplazarla por una democracia europea en todas sus dimensiones, desde el voto de los ciudadanos y su relación con la política, al papel de los parlamentos –los nacionales y el europeo–pasando por la revisión del Estado del Bienestar. Y ello cuando la UE baja su guardia ante los niveles de garantías democráticas en algunos países miembros como Hungría o Bulgaria, entre otros.

La Unión Europea puede haber salido de la recesión, pero no ha salido de la crisis. El crecimiento es escaso. Y aunque se han superado momentos muy delicados, algunas debilidades del euro siguen muy presentes. Pero a la vez han crecido los movimientos euroescépticos, desde la derecha y desde la izquierda. Lo que hace que será más difícil resolver los problemas que tiene la UE, y que requiere una combinación de más Europa, desde luego en la Eurozona, y otra Europa que se acerque más a los ciudadanos que son una de la bases, junto a los Estados, de esta original construcción.

Y esta otra Europa pasa por más democracia. Lo que implica resolver algunas tensiones entre las instituciones. La elección como presidente de la Comisión Europea del candidato de la lista más votada en las europeas es un paso, si bien no exento de problemas, pues los comisarios los siguen nombrado los Gobiernos, y tampoco está dicho que una mayor politización de la Comisión mejorará un funcionamiento ...