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En un escenario geopolítico volátil e impredecible será fundamental que las compañías estén listas para abordar riesgos de distinta naturaleza con el fin de proteger sus negocios.

Las cadenas mundiales de suministro son un elemento cada vez más importante de la economía moderna. Incluso empresas que aseguran que no son internacionales dependen más de lo que creen de las cadenas globales, para el suministro de componentes, materias primas, energía o productos acabados. En cierto sentido, Internet es en sí una cadena de suministro. Muchos negocios no pueden funcionar si se interrumpen dichas cadenas. Y la interrupción de varias de ellas pone en duda la capacidad operativa de muchas economías modernas, sobre todo en los países desarrollados. Esta dependencia y esta vulnerabilidad son características fundamentales del sistema interdependiente del mundo actual.

Como las cadenas de suministro son globales y se extienden por todo el planeta, están a merced de una serie de riesgos tradicionales y no tradicionales, que suelen englobarse en la etiqueta de “riesgo geopolítico” (prefiero el término “riesgo exógeno”). Aquel de carácter político, entendido como la inestabilidad, los cambios de gobierno, nuevas legislaciones o regulaciones, las nacionalizaciones o incluso las expropiaciones directas, puede poner en peligro el suministro en determinados países de la cadena. La amenaza física también puede producirse, es decir,  ataque de terroristas o delincuentes contra la cadena, especialmente el transporte entre distintos nodos productivos. La piratería y la destrucción son problemas crecientes a medida que aumenta el tráfico a través de los cuellos de botella mundiales. Al mismo tiempo las empresas son cada vez más conscientes del riesgo que corre la reputación de las cadenas de suministro, como aprendió la compañía estadounidense Walmart en Bangladesh. Pero las empresas deben distinguir entre las ONG locales que actúan en nodos concretos de la cadena y ONG transnacionales que actúan en toda la ...