El rechazo a Estados Unidos es el único común denominador entre nacionalistas e islamistas.

 










AFP/Getty Images

 

El devenir de la revolución egipcia, sobre todo a partir del golpe militar acaecido el pasado 3 de julio que conllevó el derrocamiento del Presidente Mohammed Morsi, está extremando la división y polarización política del país. Más si hay un factor que une tanto a los nacionalistas que apoyan al Gobierno interino como a los partidos islamistas que forman parte de la llamada “Alianza nacional por la Legitimidad” que reclama la restauración de Morsi, éste es el del antiamericanismo.

Entre las tiendas de campaña residuales que todavía quedan en la plaza de Tahrir –símbolo principal del bando nacionalista– se pueden ver aún varias pancartas contra el Presidente Obama, que aparece caricaturizado con una barba y un atuendo similares a los de Osama Bin Laden, además de contra la hasta ahora Embajadora estadounidense en El Cairo, Anne Patterson, cuya cara y ojos aparecen deformados. Igualmente hay pancartas contra medios de comunicación como la CNN, que en su opinión simpatizarían con los Hermanos Musulmanes.

Por el contrario, en la acampada de la plaza de Rabaa Al Adawiya –antítesis ideológica de Tahrir y principal lugar de encuentro de los islamistas, hasta su desalojo sangriento del pasado 14 de agosto– proliferaban los carteles y posters en los que Obama aparecía caricaturizado como si fuera un faraón. A su lado, el ministro de Defensa y principal artífice del golpe, el rostro del general Abdel Fattah al Sisi, quien caminaba a cuatro patas con cuerpo de perro y se dejaba llevar por una correa de la que tiraba Obama.

Tanto un bando como el otro criticaban a la Administración ...