Cinco mitos que han provocado la 'guerra fallida' en México.

 

El actual Gobierno de México tomó posesión el 1 de diciembre de 2006, pero en realidad asumió el poder 10 días después, cuando Felipe Calderón –vencedor en unas ajustadas elecciones presidenciales, en las que su adversario izquierdista, enfurruñado, se negó a reconocer la derrota– se puso una chaqueta militar, declaró la guerra abierta contra el crimen organizado y el narcotráfico y ordenó al Ejército que saliera de los cuarteles a las calles, las carreteras y los pueblos. Gracias a la audaz medida contra unos enemigos odiosos (y al cambio de tema), Calderón se ganó el amplio apoyo de la población y de la comunidad internacional, además del asombro de las élites políticas, empresariales e intelectuales de México.

Tres años y 15.000 muertes después, la guerra de Calderón sigue contando con apoyos dentro y fuera de sus fronteras, sobre todo de Obama, pero el escepticismo sobre su estrategia está extendiéndose, como descubrimos Rubén Aguilar y yo cuando el otoño pasado publicamos El Narco: La Guerra Fallida y nos encontramos en medio de un enérgico debate sobre el destino de nuestro país. Ya era hora.

La guerra contra las drogas en México es cara e imposible de ganar, y se basa en unos mitos peligrosos. Calderón ha desplegado todo tipo de armas, desde estadísticas tergiversadas hasta un mal uso de la historia, para convencer al país y al mundo de que hay que librar esta batalla. Como saben bien los estado-unidenses, los conflictos basados en falsas premisas y que persiguen objetivos mal definidos suelen convertirse en atolladeros lamentables. México no es todavía, ni mucho menos, un Estado fallido, pero ya está metido en una guerra fallida. Mientras no abandone la falsa narración de la guerra como defensa necesaria de una tierra desesperada y acosada por los malos, correrá grave peligro de acabar derrumbándose.

 







 


1. La explosión de los drogadictos mexicanos


El Gobierno mexicano afirma que ha tenido que desplegar decenas de miles de soldados y atacar a los carteles de la droga como nunca antes, en parte, para alejar a los niños de ese mundo. El argumento en el que se basa este emotivo grito de guerra es que México ha dejado de ser sólo un lugar de paso y de producción de drogas para convertirse en consumidor.

México lleva décadas produciendo marihuana y heroína y exportándolas a Estados Unidos; no produce cocaína, pero es la principal ruta de Colombia a EE UU desde finales de los 80. En los últimos diez años, se ha convertido en importante fábrica de metanfetaminas, que también se venden en suelo estadounidense. Pero ahora el Gobierno asegura que la población ha empezado a consumir droga, y que es preciso detener esa tendencia antes de que México DF acabe como los peores barrios de Baltimore.

Ahora bien, los argumentos del Gobierno tienen en contra sus ...