Miembro del Estado Islámico junto a la bandera negra de la organización yihadista en lo alto de una colina en el este de la ciudad de Kobane, en el norte de Siria y muy próxima a la frontera con Turquía. Aris Messinis/AFP/Getty Images
Miembro del Estado Islámico junto a la bandera negra de la organización yihadista en lo alto de una colina en el este de la ciudad de Kobane, en el norte de Siria y muy próxima a la frontera con Turquía. Aris Messinis/AFP/Getty Images

Un repaso a las estrategias, miedos y capacidades de maniobra de los actores involucrados directamente en la actual ofensiva yihadista en el norte de Siria.

 

Estado Islámico: los 'yihadistas' contra el laicismo nacionalista kurdo

Si la ciudad de Kobane finalmente cae, la posición del Estado Islámico tanto en Siria como en Irak se fortalecería. No solo porque habría quebrado la espalda a la fiera resistencia kurda, sino porque también habría demostrado que es capaz de avanzar militarmente pese a los bombardeos liderados por Washington.

Con la toma de Kobane, la organización yihadista controlaría un territorio de unos 725 kilómetros que se extendería desde la frontera siria con Turquía hasta las puertas de Bagdad. Así, con la conquista territorial dejaría claro por la vía de los hechos (criminales) que su organización ya es líder entre las yihadistas y que eso del califato no es un espejismo oriental.

Pero lo que está en juego no solamente es el territorio sirio -más concreto: el desmantelamiento de la autonomía kurda en el norte de Siria y el hacerse con una gran porción de terreno frente a la frontera turca- sino también la propia imagen del EI.

El poderío del Estado Islámico se debe en gran parte a la imagen de unas milicias despiadadas que siembran el miedo y el terror. Si consiguen lo que desean -coronar la toma de Kobane con una masacre cuánto más sangrienta mejor- su reino del miedo podrá seguir triunfando en la guerra psicológica.

Además, el enclave es ...