El 11 de septiembre de 2001 fue el catalizador
que reveló el
verdadero carácter del equipo de seguridad nacional de Bush. En la lucha entre
facciones rivales por obtener el favor del presidente, los ideales
transformativos promovidos
por los neoconservadores escalaron posiciones, abriendo una brecha que ha dividido
el
aparato de política exterior del Partido Republicano hasta
sus cimientos.










El círculo más selecto de la comunidad de seguridad nacional
en Estados Unidos -los miembros del Consejo de Seguridad Nacional (NSC,
en sus siglas en inglés), algunos de sus ayudantes y varios asesores
del presidente- constituye el comité con más poder, seguramente,
de la historia mundial: un comité con más recursos, más
libertad de acción y más capacidad de ejercer la fuerza con más
largo alcance y a más velocidad que ningún otro grupo formado
por cualquier rey, emperador o presidente.

Al mismo tiempo, el partido político que controla ese comité domina
Washington de una forma sin precedentes en la historia reciente. Por primera
vez en casi ocho décadas, el Partido Republicano ha obtenido el control
de la Casa Blanca, el Senado y la Cámara de Representantes en dos elecciones
sucesivas. Sin embargo, a pesar de este monopolio político, las élites
que más influencia tienen sobre este comité poco conocido y en
la sombra están siendo zarandeadas y divididas desde su interior. Un
debate filosófico, cada vez más enconado, enfrenta a los partidarios
de las políticas del ex presidente George H. W. Bush y muchos de sus
antiguos expertos en política exterior, encabezados por el ex consejero
de Seguridad Nacional Brent Scowcroft y los defensores de las opiniones del
presidente actual, George W. Bush, y su equipo, dirigido por el vicepresidente,
Dick Cheney; el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y la secretaria ...