Esta vez va en serio.

(AFP/Getty Images)


“Ya hemos oído hablar otras veces del declive americano”

Ahora es diferente. Es verdad que EE UU ha vivido ciclos de pesimismo en otras épocas. Durante la campaña para la presidencia en 1960, John F. Kennedy se quejaba de que “la fuerza de Estados Unidos en comparación con la de la Unión Soviética ha disminuido, y el comunismo ha avanzado sin cesar en todas las áreas del mundo”. El libro de Ezra Vogel Japan as Number One se publicó en 1979 y fue el preludio de una década de paranoia creciente sobre las técnicas industriales y las políticas comerciales niponas.

Al final, por supuesto, las amenazas soviética y japonesa a la supremacía estadounidense resultaron ser quimeras. De modo que es perdonable que se considere el anuncio de la nueva amenaza que representa China como un caso más de Pedro gritando que viene el lobo. Pero suele olvidarse que, en esa fábula, Pedro acaba teniendo razón. El lobo acaba por llegar; y China es el lobo.

El desafío del gigante asiático a Estados Unidos es más grave por razones tanto económicas como demográficas. La URSS se hundió porque su sistema económico era muy ineficaz, un fallo fundamental que se disimuló durante mucho tiempo porque la Unión Soviética nunca intentó competir en los mercados mundiales. China, por el contrario, ha demostrado su fortaleza económica en el escenario global. Su economía crece a un ritmo del 9 o 10% anual, como media, desde hace 30 años. Es ya el principal exportador y el mayor fabricante del planeta, y posee reservas extranjeras por valor de más de 2,5 billones de dólares. Los bienes chinos compiten en todo el planeta. No tiene nada que ver con el caso perdido que ...