Una niña escribe sobre una pancarta aludiendo el proceso de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC, Valle del Cauca, Colombia, abril de 2013. Luis Robayo/AFP/Getty Images
Una niña escribe sobre una pancarta aludiendo el proceso de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC, Valle del Cauca, Colombia, abril de 2013. Luis Robayo/AFP/Getty Images

La guerrilla colombiana ha declarado un alto al fuego unilateral e indefinido. He aquí los pasos para encaminar el país de una vez por todas hacia la paz.

A medida que se avanza hacia un acuerdo de paz definitivo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), los negociadores van a tener que hacer malabares para trazar una vía sostenible para el desarme y la reintegración a la vida civil de los guerrilleros. Para ser viable, la estructura de la transición no solo ha de ser creíble a ojos de las FARC, sino que debe también ofrecer garantías a una sociedad que no está totalmente convencida de la voluntad del grupo de abandonar las armas, desvincularse del crimen organizado y atenerse a las reglas de juego de la democracia.

El fracaso del desarme y la reintegración retrasaría, en el mejor de los casos, la implementación de las reformas que ya han sido acordadas en las negociaciones en La Habana. En el peor de los casos, podría sumir al acuerdo en una espiral de violencia renovada y erosionar el apoyo político. Se necesitan firmes garantías internas y externas para llevar adelante el proceso que se avecina, en un período que será probablemente agitado y volátil .

Hay muchas cosas que pueden salir mal. La mayoría de los cerca de 7.000 combatientes, y el triple de miembros en redes de apoyo, se concentran en zonas periféricas en las que apenas existe infraestructura y una presencia civil del Estado. Algunos frentes guerrilleros están involucrados en la economía de las drogas y la minería ilegal. En la mayoría de las regiones, las FARC operan cerca del ...