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¿Cómo gestionar y comunicar en tiempos del coronavirus?

Imaginemos un barco a punto de colisionar contra un enorme iceberg, donde el capitán explica: “aquí no sucede nada, tenemos todo bajo control, podéis continuar tomando el sol”; pero los pasajeros vislumbran una catástrofe en puertas: ¿cómo reaccionarían?

Tomemos el caso opuesto, al mismo capitán, que señala: “estamos en el medio de una fuerte tormenta, a punto de chocar contra un iceberg, nos hundiremos y no tenemos suficientes embarcaciones de auxilio”: ¿cómo reaccionarán en este caso?

Ambas posturas, la negación omnipotente de la realidad, por un lado, y una actitud apocalíptica-autoritaria, por el otro, avivan el caos y multiplican temores y angustias individuales. Ninguna de estas posturas opuestas sirve para la acción efectiva ante una crisis humanitaria global sin precedentes, como la pandemia originada por el Covid19.

Si la gobernanza no se ejerce de forma responsable y ética, como ocurrió en los primeros días de marzo en gran parte del mundo y continúa sin ejercerse, salvo excepciones, el miedo se transforma en pánico colectivo.

Por tanto, pasamos a bandazos de la ilusión del mundo feliz del progreso ilimitado, donde todo está a nuestro alcance y control, a otro extremo apocalíptico de catástrofe humana, en un sálvese quien pueda.

 

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante una rueda de prensa en la Casa Blanca en abril 2020. (Alex Wong/Getty Images)

La vulnerabilidad del poder

Enfrentamos una profunda vulnerabilidad a escala planetaria. El miedo a la enfermedad, al abandono y a la muerte nos iguala a todos. Y no sólo enfrentamos la pandemia en la esfera global, a través del aislamiento y el confinamiento para no contagiarnos y mantenernos sanos -o a través del Big Data y el control estatal como en países asiáticos-, sino también procuramos no enloquecer y mantenernos ...