El príncipe saudí Mohamed bin Salman, quien se encarga de implementar el plan Visión 2030, en una cumbre en Riad. Fayed Nureldine/AFP/Getty Images
El príncipe saudí Mohamed bin Salman, quien se encarga de implementar el plan Visión 2030, en una cumbre en Riad. Fayed Nureldine/AFP/Getty Images

La reforma económica del reino para acabar con la dependencia del petróleo, entre otros objetivos, podría implicar no solo un enfoque tecnocrático sino también la necesidad de abordar cambios políticos.

Arabia Saudí presentó en el pasado abril un programa de reforma económica, basado en la diversificación, la privatización y la inversión, para hacer frente a los bajos precios del crudo de los últimos años. Ya en enero, en Davos, Khalid al Falih, entonces ministro de Sanidad y que hoy ocupa la cartera de Energía, presagiaba que el petróleo por debajo de 30 dólares el barril ayudaría a estimular la reforma y restructuración de la economía hacia un Gobierno más pequeño y efectivo y un sector privado más destacado.

El nuevo plan, Saudi Vision 2030, y el más detallado Plan de Transformación Nacional que lo acompaña  (publicado en junio), comprenden ambiciosos objetivos nos solo económicos sino también en términos de gobernanza, con una aparente apuesta por la transparencia y la rendición de cuentas, bajo un enfoque tecnocrático de gestión de proyectos. Lo que no está tan claro es por qué esta vez funcionará cuando anteriores planes de desarrollo y esfuerzos por diversificar han fracasado.

Económicamente se pretende hacer del sector privado el motor de crecimiento y así reducir la dependencia en el gasto estatal. Para ello se propone un programa neoliberal de privatización de varios sectores económicos con el objetivo de incrementar los ingresos no procedentes del crudo. El plan incluye objetivos específicos como incrementar el sector privado del 45% a 60% del PIB, conseguir que las exportaciones no petrolíferas representen un 50% del PIB en 2030 y que la producción del gasto militar sea más del 50% ...