Cómo una película turca de 1964 explica la actual política del agua en Oriente Medio.

 

El petróleo no es el único recurso natural que importa en Irak. El mes pasado, el país anunció que había empezado a recibir el 50% más de agua del río Éufrates gracias a un vecino de arriba, Turquía.











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En otro tiempo, Mesopotamia era un lugar de gobernantes poderosos que domaron los ríos Tigris y Éufrates e hicieron posible una civilización próspera y avanzada. Como consecuencia, Irak siempre tenía más agua que la mayoría de los demás países de la región. El único problema era cómo almacenarla y distribuirla, sobre todo en años de sequía como el actual. Pero hoy, unas infraestructuras destruidas y una gestión ineficaz de este recurso natural han hecho que el país -antiguamente, un escenario favorito para historias de inundaciones bíblicas- tenga que depender de embalses extranjeros para mantener a sus numerosos agricultores de trigo y cebada a flote.

Y a quien tiene que ganarse Irak para asegurar la continuidad del suministro no es a los nuevos ocupantes entre bastidores, los estadounidenses, ni a los iraníes. Es a Turquía, el otro país hegemónico en la región, que controla la mayoría de las esclusas.

Si se sustituye Turquía por Rusia y el agua por el gas, estaríamos oyendo hablar sin cesar de la nueva lucha vital por los recursos naturales. Al fin y al cabo, las periódicas amenazas de Moscú de cerrar los gaseoductos han dejado literalmente tan helados a algunos de sus antiguos países satélites que no han tenido más remedio que someterse.

¿Por qué, entonces, no ha oído el mundo hablar más de la política ...