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El año pasado recibió el título de "año del desarrollo". Los líderes del mundo rico hicieron llamamientos apasionados de ayuda a los pobres en la cumbre de Gleneagles (Escocia). En Davos, el presidente francés Jacques Chirac propuso la creación de un impuesto sobre los billetes de avión para financiar la ayuda exterior. En la reunión de la OMC, celebrada en Hong Kong en diciembre, los países más avanzados se ofrecieron a eliminar de forma gradual los subsidios a sus exportaciones agrarias. Bono, el líder de U2, viajó a todas partes, desde Nigeria hasta Washington, con el fin de promover la Campaña Uno para eliminar la pobreza mundial, y las estrellas de cine se colocaron pulseras en apoyo de su causa. "No puede haber excusa, defensa ni justificación para la situación que sufren millones de seres humanos", dijo el primer ministro británico Tony Blair en marzo. "No debe haber nada que nos impida cambiarlo".

¿Está mejorando de verdad la situación para los más necesitados? Cada año, el Centro para el Desarrollo Global (CGD, en sus siglas en inglés) y Foreign Policy examinan, más allá de la retórica, cómo están ayudando o perjudicando los gobiernos ricos a los países pobres. ¿Cuánta ayuda proporcionan? ¿Qué barreras arancelarias existen contra importaciones como el algodón de Mali o el azúcar de Brasil? ¿Hacen algo para retrasar el calentamiento global? Para averiguarlo, el Índice puntúa a 21 países, evaluando sus políticas y sus prácticas en siete áreas de acción oficial: ayuda exterior, comercio, inversiones, inmigración, medio ambiente, seguridad y tecnología.

En gran medida, las iniciativas del año pasado no estuvieron a la altura de las promesas. En casi todas las áreas políticas que repercuten en los países pobres, lo más frecuente ...