Por qué Pekín no cederá en Xinjiang.

 











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Tras censurar a Occidente por interferir en los asuntos internos de Irán, ahora el departamento de relaciones públicas del Gobierno chino se pondrá a la defensiva con el tema de la revuelta en Urumqi, capital de Xinjiang, la región más occidental del país. Por el momento, han muerto 156 personas y más de 1.400 han sido arrestadas. Cientos de ciudadanos se han lanzado a la calle para protestar contra la forma en que las autoridades locales gestionaron una reyerta entre trabajadores uigures y chinos de etnia han a finales de junio en el sur del país, y en la que murieron dos uigures. La policía ha empleado la fuerza contra los manifestantes, alegando que la agitación era obra de elementos extremistas extranjeros, y que para controlar la situación era necesaria una respuesta contundente.

Dado que la región tiene 20 millones de habitantes –apenas el 1,5% de la población del país– muchos se preguntan: ¿por qué Pekín ha adoptado una postura tan dura en Xinjiang? Los motivos los resume uno de losmantras favoritos del partido: “estabilidad del Estado”. Las autoridades piensan que incluso unos disturbios de pequeña magnitud pueden tener enormes consecuencias si crecen y se les escapan de las manos.

Inestabilidades como la de estos días en Xinjiang no son nada nuevo en China. Tras el glamour de Shanghai y la grandeza de Pekín se ocultan grandes bolsas de desunión y desorden. Taiwan –que la China continental reclama como parte integrante del país– sigue resistiéndose y actuando de manera autónoma. La población de Hong Kong quiere garantías de que Pekín no abolirá las libertades de las que disfrutaron bajo gobierno colonial británico. Y los tibetanos tradicionales, temerosos de que la mayoría de etnia han imponga su poder político y religioso, quieren autonomía cultural y administrativa, y la mayoría ha renunciado a toda esperanza de conseguir la independencia. Gran parte de los 10 millones de uigures de Xinjiang quieren eso mismo. La revuelta de estos días es sólo la última manifestación de su incontenible ira.

Existen desórdenes generalizados incluso en provincias que no plantean ningún desafío a la autoridad china. En 2005, por ejemplo, se tiene constancia oficial de 87.000 disturbios (entendiéndose como tales aquellos en los que participan 15 o más personas), frente a los pocos miles que se producían hace una década. Casi todas las protestas son espontáneas, más que políticas; nacen de la frustración que invade a los mil millones de desposeídos que cada día tienen que lidiar con impuestos ilegales, apropiaciones de tierras, cargos corruptos y una larga lista de agravios. Para hacer frente a estos conflictos, el Gobierno ha creado una Policía Armada Popular integrada por 800.000 efectivos y ha elaborado varios manuales -del grosor de una tesis doctoral- para instruir a las autoridades sobre cómo gestionar las protestas. Estos documentos exponen de modo detallado las ...