(Nelson Almeida/AFP/Getty Images)

Un recorrido por el desarrollo económico de América Latina y la inserción de esta región en el sistema internacional termina por mostrar una enorme variedad de recursos naturales que ayudan a su vinculación en el orden global.

Más allá de fluctuaciones y coyunturas diversas para diferentes bienes, el patrón de especialización productiva basado en la explotación de los recursos naturales en términos mercantiles -commodities- ha inhibido a América Latina de acceder a los segmentos más dinámicos del mercado mundial tanto desde el punto de vista tecnológico como desde el punto de vista de la expansión de la demanda.

La crisis financiera y económica global y las sendas de crecimiento diferente de las economías industrializadas y las de los países (re)emergentes en el periodo posterior a la crisis han acelerado los patrones de convergencia en las cadenas globales de valor. Alrededor del 60% del comercio mundial corresponde al comercio de bienes y servicios intermedios que se incorporan en diversas etapas en los procesos de producción de bienes y servicios destinados al consumo final. La fragmentación de los procesos de producción y la dispersión internacional de las tareas y actividades que los componen han dado lugar a sistemas de producción sin fronteras.

Conocidas como cadenas de valor, estos procesos pueden ser cadenas secuenciales o redes complejas de alcance mundial o regional. Con frecuencia, los eslabones de estas cadenas regionales son más importantes que los de las mundiales, aunque, en las economías en transición –América Latina y el Caribe y África– las primeras están relativamente menos desarrolladas.

Su irrupción en la economía mundial ha dado origen a una renovada atención al espacio regional, ya que las principales redes mundiales de producción se estructuran en torno a regiones específicas. No obstante, la experiencia de América del Norte, Asia Oriental ...