No cabe sociedad civil sin la acción colectiva de los movimientos sociales, pero dependerá de la nueva generación posyugoslava que estos sean o no los futuros protagonistas de la región.

En 2007 uno de los cines más conocidos de Belgrado fue privatizado: el Zvezda. No hubo que esperar mucho tiempo para descubrir que el empresario, que había comprado 13 salones de actos más, solo quería rentabilizar la ubicación céntrica de la sala. Durante años, el edificio fue cayendo en el olvido y después en el abandono. 7 años después, 200 personas, el Pokret za okupaciju bioskopa allanó el edificio, lo limpió y continuó la proyección de películas. El cine había sido inaugurado en 1911.

Iniciativas como esta, evocarían una suerte de primavera balcánica, en sociedades que, por lo general, se han mostrado apáticas y resignadas, como también tendentes al seguidismo acrítico de liderazgos nacionalistas. Sin embargo, las encuestas sociales siguen mostrando desinterés por la política sin que, al mismo tiempo, el descontento no pare de aumentar. La última etapa parece haber consolidado el clientelismo político. Se observa en la militancia en los partidos con el objetivo de acceder a recursos materiales —en una versión 2.0 de las otrora ligas comunistas—; o en la concentración de la sociedad civil en ONG, algunas de las cuales a ojos de la opinión pública están más entregadas a la profesionalización de sus actividades que a la transformación social. El resultado, en cualquier caso, ha sido una fuerte fragmentación entre un magma político encorsetado y otro formado por amplios sectores ajenos a la política.

Un hombre bosnio sostiene un cartel que reza "el sistema judicial es el cáncer de Bosnia y Herzegovina". Elvis Barukcic/AFP/Getty Images
Un hombre bosnio sostiene un cartel que reza "el sistema judicial es el cáncer de Bosnia y Herzegovina". Elvis Barukcic/AFP/Getty Images

Tras la sufrida en los 90, los países surgidos de la ex Yugoslavia afrontan su segunda crisis. Esta se ...