Miembros del 'Omar Gomez' del ELN en el campo de San Juan, en el departamento de Choco, Colombia. (Luis Robayo/AFP/Getty Images)

Pablo Beltrán, el jefe negociador del ELN en la mesa de diálogo que mantiene esta guerrilla con el Gobierno colombiano en Quito, habla sobre los desafíos que implica el histórico cese el fuego bilateral, que estará vigente hasta el 9 de enero de 2018.

El cese al fuego bilateral, que empezó el 1 de octubre, es un momento histórico. Nunca antes una negociación entre el Gobierno colombiano y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la única guerrilla reconocida por el Estado que continúa activa, había llegado tan lejos. Para ello, los elenos han accedido a suspender los secuestros y los ataques contra infraestructuras nacionales. Mientras, el Ejecutivo de Juan Manuel Santos se ha comprometido a fortalecer la protección de líderes sociales y a “desjudicializar varios tipos de protesta social”.

Seis son los puntos principales que el ELN puso sobre la mesa de negociaciones que arrancó en febrero: participación de la sociedad en la construcción de paz, democracia para la paz, transformaciones para la paz, víctimas, fin del conflicto y su implementación. El proceso es complejo y plantea desafíos: las elecciones de 2018 se acercan y un nuevo Ejecutivo de Centro Democrático podría amenazar las conversaciones. Los elenos aseguran que dos meses de cese el fuego bilateral ha aumentado “la presencia y la acción del paramilitarismo, además de la criminalización de la protesta”.

El proceso se ha visto amenazado por episodios como la masacre de Tumaco en octubre, en la que la policía antinarcóticos disparó contra campesinos cocaleros, o la muerte de un líder indígena, asumida por el ELN. Además, las distintas versiones sobre la muerte de 13 personas el 27 de noviembre en el municipio de Magüí Payán (Nariño) ...