El presidente francés está viviendo su peor mes desde hace mucho tiempo; y lo más que puede hacer es subir los impuestos de los refrescos.

 









sarkozy
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Es un presidente en activo y un líder telegénico, pero se ha vuelto asombrosamente vulnerable ante las elecciones presidenciales de 2012. Sus logros podían impresionar en otra época, pero se han quedado en nada por las terribles dificultades actuales: la economía renqueante, el pertinaz desempleo, la feroz oposición política, el pánico por la deuda, la desilusión de la base electoral. No cabe duda: Nicolas Sarkozy está en un buen lío.

Los tremendos obstáculos que tiene que superar Barack Obama para ser reelegido no son nada al lado de los de Sarko. Además de una avalancha de crisis políticas como las del presidente estadounidense, su homólogo francés se enfrenta a una ola creciente de acusaciones de corrupción que afectan a personas de su entorno y que, por muchos posados fotográficos de “Libia libre” que haga, no van a detenerse. Casi dos tercios de los franceses tienen mala opinión de él, más que los que critican al ex director del Fondo Monetario Internacional y famoso mujeriego Dominique Strauss-Kahn. Ahora que la oposición socialista se dispone a escoger a su candidato presidencial, a mediados de octubre, si se celebraran ahora las elecciones, sus dos personajes más populares, François Hollande y Martine Aubry, tendrían una ventaja de dos cifras sobre Sarkozy.

Los asesores de imagen del presidente trabajan sin descanso para lograr que la gente le respete, ya que no han conseguido hacerle simpático. Destacan su previsión, que le ha hecho forzar la contención presupuestaria, y el hecho de que ha aumentado la edad ...