Soldados iraníes participan en un ejercicio militar anual en la costa del Golfo de Omán y cerca del estratégico Estrecho de Ormuz, en Jask, Irán, en diciembre de 2022. (Iranian Army /Handout/Anadolu Agency/Getty Images)

La cuestión del programa nuclear está en el trasfondo de una serie de incidentes marítimos.

Mientras el mundo tenía los ojos puestos en Ucrania y Níger, el 7 de agosto de 2023, el Departamento de Defensa de EE UU anunció un refuerzo de su presencia militar en el Golfo Pérsico. El motivo eran los intentos iraníes de apresar dos mercantes en aguas del estrecho de Ormuz y el Golfo de Omán. Dos semanas después, Teherán amenazó con derribar a los helicópteros estadounidenses si violaban sus aguas territoriales. 

Este intercambio de anuncios militares es una muestra de la tensión que se vive en ese punto del planeta. La guerra de nervios entre iraníes y estadounidenses se materializa en periódicos incidentes navales como el intento de la Guardia Revolucionaria iraní de interceptar un petrolero con bandera panameña el pasado mes de mayo, o el ataque contra un buque israelí por drones de Teherán en febrero de 2023

Iraníes y estadounidenses se acusan periódicamente de la responsabilidad de estos incidentes, mientras que culpan a la otra parte de poner en peligro la seguridad y la estabilidad en las aguas del Golfo Pérsico. 

Aquí el riesgo de choque directo entre los dos países parece más elevado. Así se señala en el informe de la organización Crisis Group sobre Ormuz, “a diferencia de la mayoría de los demás puntos conflictivos entre EE UU e Irán en Oriente Medio, que implican a sus respectivos aliados locales, la perspectiva de un incidente naval en el Golfo Pérsico podría llevar a Teherán y a Washington a un enfrentamiento directo”.

De hecho, los enfrentamientos navales entre las marinas de Irán y EE UU se remontan a la conocida como Guerra de los petroleros (Tanker War) en los 80. Su punto culminante fue la operación Praying Mantis (Mantis religiosa) el 18 de abril de 1988, con el choque naval más importante de la US Navy desde la Segunda Guerra Mundial, tal y como indica el US Naval Institute.  

Para comprender mejor el escenario actual hay que situarse hace un lustro. “El telón de fondo de estos incidentes fue la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán anunciada por el presidente Trump en 2018”, explica a esglobal Fernando Ibáñez, experto en Seguridad y Defensa marítima de la Universidad de Zaragoza. 

Distintos barcos de la Marina estadounidense utilizados para Defensa transitan por el Estrecho de Ormuz. (Zachary Pearson- U.S. Navy/Getty Images)

Ibáñez prosigue su análisis asegurando que “Irán aprovecha, en efecto, este tipo de acciones híbridas o en la zona gris para mostrar su capacidad para generar tensiones en una ruta marítima crítica y aumentar, a su vez, su capacidad para llamar la atención y presionar en la mesa de negociación”. 

Estas conversaciones diplomáticas que menciona este experto hacen referencia a los intentos de la Administración Biden por volver a algún tipo de acuerdo nuclear con Irán. Aunque el nuevo escenario geopolítico global no permite una simple vuelta a lo acordado en 2015, ya que hay nuevas cuestiones sobre la mesa como el apoyo de Teherán a Rusia en la guerra en Ucrania. 

La cronología de los hechos respalda el análisis de Ibáñez. El paralelismo entre la retirada estadounidense del acuerdo nuclear y el incremento de los incidentes es claro. Además, la tensión también fue a más, cuando en 2019 (unos meses después del fin del tratado sobre el programa atómico de Teherán), Washington anunció una serie de sanciones sobre la economía iraní y designó a la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés) como organización terrorista. 

Como respuesta a las acciones estadounidenses, Teherán también anunció que abandonaba el acuerdo y volvía a enriquecer uranio. Con los dos países dispuestos para una guerra de nervios, comenzaron los incidentes. Los primeros destacables fueron los sabotajes perpetrados contra cuatro buques mercantes en aguas de Emiratos Árabes Unidos. EE UU acusó a la IRGC —extremo que Irán negó y solicitó una investigación internacional—, mientras que el gobierno emiratí sólo habló de la responsabilidad de un país de la zona. 

Por concretar con cifras y atendiendo a los datos que ofrece el United States Institute for Peace sobre los incidentes en el estrecho de Ormuz, durante los cuatro años de la Administración Trump (2017-2021), se produjeron una docena de actos hostiles hacia buques estadounidenses por parte iraní. Mientras que desde la llegada de Biden a la Casa Blanca en enero de 2021 y hasta julio de 2023, los incidentes han sido una decena. Por comparativa, en los años de Barack Obama en la presidencia, se produjeron unos doce incidentes navales, la mayoría tuvieron lugar en los años previos a la firma del acuerdo nuclear entre Washington y Teherán.

Un mes después, el 13 de junio, se produjo un incidente similar y, en este caso, un drone estadounidense visibilizó a embarcaciones iraníes atacando a los petroleros Kokuka Courageous (de bandera panameña) y Front Altair (de Islas Marshalls). Las tripulaciones de ambos barcos tuvieron que ser rescatadas. Teherán negó cualquier implicación y aseguró que fue un incidente de falsa bandera. 

Solo una semana después se produjo el mencionado derribo de un drone estadounidense por parte iraní. EE UU estuvo a punto de atacar instalaciones de radar y baterías de misiles cercanas a Ormuz, pero al final se optó por ciberataques para no generar una escalada mayor con bombarderos que hubiesen causado víctimas mortales entre los militares de Teherán. 

Desde entonces, los incidentes han sido periódicos y se dejan ver en los medios internacionales y los registrados la pasada primavera y en el verano de 2023 que han vuelto a traer la tensión en Ormuz. 

Por el momento, los enfrentamientos no han pasado de meras escaramuzas, pero suceden en aguas muy sensibles para la economía mundial. International Crisis Group, en su informe sobre Ormuz, señala que, por esas aguas, circula un tercio del petróleo mundial. En este sentido, Ibáñez añade que “la economía global no puede permitirse que los petroleros dejen de transitar estas aguas”.

“La amenaza de las fuerzas iraníes hacia los mercantes que navegan en la región puede ser calificada de moderada”, considera Ibáñez. En su informe, Crisis Group resalta una serie de riesgos como el denso tráfico de navíos (militares y civiles) que acrecienta el riesgo de un choque armado. Aunque donde más hincapié hace esta institución es en la falta de diálogo entre las partes para evitar una escalada en caso de incidente. También alerta de que “salvo los mensajes rutinarios entre buques próximos, los ejércitos estadounidense e iraní no se comunican”.

El factor israelí

Más allá del pulso entre la Administración Biden y los ayatolás, algunos de los ataques atribuidos a los iraníes han tenido como objetivo buques israelíes que Ibáñez enmarca en “una guerra más o menos oculta que se ha desplazado al mar”. Es decir, un escenario más de las acciones de zona gris que libran ambos países y que incluyen asesinatos de científicos, atentados de grupos terroristas, acciones con drones…

El experto de la universidad de Zaragoza amplía la explicación añadiendo que “ambos países han atacado buques comerciales del otro en aguas del Mediterráneo oriental, el mar Rojo, el mar Arábigo y el estrecho de Ormuz. La navegación en dichas aguas se ha vuelto más peligrosa y parte de un conflicto creciente, un ojo por ojo que se desarrolla entre Teherán y Tel Aviv”.

A su vez, Farzin Nadimi, investigador del The Washington Institute for Near East Policy, señalaba el riesgo de que los enfrentamientos entre iraníes e israelíes en otros puntos de Oriente Medio acaben implicando a las fuerzas estadounidenses en el Golfo Pérsico. Este investigador asegura que “las fuerzas navales estadounidenses deberían vigilar de cerca cualquier intento iraní de tomar represalias contra Israel atacando a uno de sus buques comerciales en aguas cercanas”.

En esta faceta naval de los continuos incidentes entre israelíes e iraníes en diversos puntos de Oriente Medio desde 2014. Las fuerzas hebreas suelen atacar barcos que cree que transportan armas para grupos como Hezbolá o Hamás, normalmente con abordajes de sus comandos; aunque también ha recurrido a minas. Los iraníes responden asaltando petroleros o mercantes en el Golfo Pérsico y la escalada ha ido a más desde 2019. 

El 10 de julio de 2021, se produjo uno de los choques más graves registrados hasta la fecha, el petrolero Mercer Street, propiedad de la firma israelí Zodiac Maritime Limited, fue atacado con drones suicidas y murieron dos tripulantes. 

Fue la primera vez, desde la Guerra de los petroleros, que se producían fallecimientos en estas escaramuzas en el Golfo. Además, los daños graves en el Mercer Street provocaron que fuera escoltado a puerto por el portaaviones estadounidense USS Ronald Reagan y el destructor USS Mitscher. Las investigaciones de la US Navy dictaminaron la responsabilidad iraní en el ataque a través del análisis forense de los restos de los drones, unas afirmaciones que fueron respaldadas por el gobierno israelí.

Uno de los últimos episodios en el particular pulso iranio-israelí en el Golfo Pérsico ha sido la acusación del ministro de Defensa hebreo, Yoav Gallant, a la Guardia Revolucionaria de utilizar buques mercantes civiles como “bases flotantes de terror”. Para reforzar su acusación, el miembro del Ejecutivo de Benjamin Netanyahu, presentó imágenes de seis embarcaciones —cinco identificadas con su nombre— que cumplirían con esa misión. 

Tampoco hay que olvidar la presencia de otras armadas en el Golfo Pérsico. Francia y Gran Bretaña también patrullan el estrecho de Ormuz con sus barcos y colaboran con los estadounidenses. En mayo de 2023, los responsables navales de las tres naciones aliadas transitaron por esas aguas como muestra de unidad tras una serie de incidentes con navíos iraníes

Pese al clima de tensión periódica en Ormuz, hay ciertos avances en el terreno diplomático. En medios estadounidenses como The New York Times, el reciente acuerdo entre Washington y Teherán para liberar prisioneros se ha visto como una puerta a la esperanza para lograr algo parecido a un nuevo acuerdo nuclear
De hecho, Ibáñez recuerda que uno de los objetivos de la Administración Biden desde su llegada a la Casa Blanca ha sido recuperar el citado acuerdo nuclear y “dicho pacto pretendería abarcar varios aspectos: que Irán no enriquezca uranio más allá de su nivel de producción actual del 60% de pureza (es decir, por debajo del 90% necesario para fabricar un arma nuclear), que deje de vender misiles balísticos a Rusia (en el actual contexto de la invasión de Ucrania) y, a cambio, logran que se levanten buena parte de las sanciones a Teherán”.