Se necesita un reinicio de la política europea en la región.

Bandera de la UE en el edificio de la Asamblea Nacional de Serbia en Belgrado, marzo 2012. Alexa Stankovic/AFP/Getty Images
Bandera de la UE en el edificio de la Asamblea Nacional de Serbia en Belgrado, marzo 2012. Alexa Stankovic/AFP/Getty Images

La reciente conferencia internacional sobre los Balcanes convocada por la canciller alemana, Angela Merkel, ha recibido –tal y como se esperaba–poco eco. La conferencia de Berlín tenía por objeto enviar un mensaje de apoyo a las ambiciones europeas de los países de los Balcanes, con el objeto de reforzar las promesas que la Unión Europea hizo a la región en días de mayor optimismo. Sin embargo, estas promesas parecen ahora inciertas, en un contexto marcado por el aumento de la fatiga de la ampliación, las declaraciones en ese sentido del presidente entrante de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y de otros líderes de la UE, y la dura retórica de las fuerzas políticas que, en el actual ambiente populista, asocian la ampliación con mayores cotas de inmigración e inseguridad.

Incluso en medio de su propia crisis interna y del agravamiento de las crisis globales desde Ucrania a Irak, Europa no puede permitirse descuidar la única región en la que la UE ha asumido completamente el liderazgo como principal actor en materia de política exterior y de seguridad. Fueron precisamente los dramas de los Balcanes en los 90 los que sirvieron como catalizador de la idea de una UE con responsabilidades en seguridad.

La evolución negativa de los acontecimientos en los Balcanes podría revertir los avances logrados en la zona, aumentar la inestabilidad en otros países de las fronteras inmediatas de la UE y debilitar aún más la credibilidad y la cohesión de Europa. La situación tanto en Bosnia como en la Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM) está deteriorándose, enfrentándose ambos países a los retos que presentan sus ...