Esglobal https://www.esglobal.org Política, economía e ideas sobre el mundo en español Fri, 23 Jun 2017 17:10:06 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.7.5 El “Gran terror” soviético no fue como nos contaron https://www.esglobal.org/gran-terror-sovietico-no-fue-nos-contaron/ Fri, 23 Jun 2017 08:18:15 +0000 https://www.esglobal.org/?p=36215 Una obra que niega que el “Gran terror” fuera un plan de Stalin para consolidar su poder, y apunta al miedo generado por los servicios secretos y al viciado sistema soviético como causas de los 750.000 ejecutados durante esta etapa. El gran miedo James Harris Editorial Crítica, 2017 El 25 de febrero...

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Retratos de Stalin en su ciudad natal, Gori, actual Georgia. Vano Shlamov/AFP/Getty Images

Una obra que niega que el “Gran terror” fuera un plan de Stalin para consolidar su poder, y apunta al miedo generado por los servicios secretos y al viciado sistema soviético como causas de los 750.000 ejecutados durante esta etapa.


El gran miedo

James Harris

Editorial Crítica, 2017


El 25 de febrero de 1956, durante el XX Congreso del Partido Comunista Ruso, el líder soviético Nikita Jruchov denunció a puerta cerrada los crímenes cometidos por Iósif Stalin durante el llamado “Gran terror”, en el que se ejecutaron a 750.000 personas y se deportaron a más de un millón a los gulag (campos de concentración soviéticos), entre 1936 y 1938. Jruchov apuntó al culto a la personalidad y al excesivo y cruel poder de Stalin, que buscaba eliminar a sus rivales políticos, como causas de esa matanza política. Doce años después, el historiador Robert Conquest respaldaría esta tesis, basada en la mentalidad sádica del dictador y sus ansias de eliminar a todo aquel que pudiera rivalizar con su poder, con el objetivo de hacerse con el control absoluto del Partido. Cuando se abrieron los archivos secretos del gobierno en los 90, una vez caída la Unión Soviética, los historiadores descubrieron que buena parte de la narrativa que habían sostenido estaba equivocada.

El libro El gran miedo, del historiador James Harris, es fruto de estos documentos desclasificados. En base al nuevo material descubierto, Harris niega —oponiéndose a Conquest— que el “Gran terror” de Stalin fuera un intento de consolidar su poder. Más bien —explica— fue fruto del instinto de supervivencia del líder, atemorizado por los complots internos y externos que creía que se planeaban contra él. Las matanzas de antiguos bolcheviques y miles de ciudadanos inocentes, defiende Harris, no fueron fruto de una personalidad sádica o paranoica de Stalin, sino de un cúmulo de fallos —algunos inherentes, otros evitables— del propio sistema soviético, que llevaron al siniestro período de finales de los 30. Un camino al horror en el que estuvieron involucradas casi todas las élites del Partido, tanto de alto rango como locales; los servicios secretos, con especial gravedad; y buena parte de la sociedad soviética, que participó activamente en estas dinámicas. El relato jruchovista de un sólo culpable, Stalin, era reconfortante, y evitaba que el peso de la culpa cayera sobre amplias capas del Partido y pusiera en duda el sistema. El gran acierto de “El gran miedo” es hilar todo este relato de manera convincente y sólida, utilizando los documentos desclasificados para refutar las teorías tradicionales de Conquest. Pese a algunos momentos en que los saltos temporales y la sucesión de hechos crean cierta confusión, el estilo general es claro, al modo anglosajón. En poco más de 200 páginas, Harris explica de manera absorbente la evolución de la violencia política soviética hasta su máxima expresión, el “Gran terror”.

Desde el inicio de su obra, Harris inserta la dinámica de este terror político dentro de la larga tradición de inseguridad crónica de las élites rusas. En el caso bolchevique, la mentalidad conspirativa de sus dirigentes venía marcada desde la etapa zarista, donde todo compañero podía ser un espía infiltrado por el monarca. El uso de la violencia descarnada para desenmascarar al enemigo oculto se expresó con toda su fuerza durante la Guerra Civil Rusa, en la que la Cheká, la recién creada policía secreta, empezó a realizar ejecuciones masivas, de carácter extrajudicial, sin tan siquiera buscar pruebas ni realizar interrogatorios antes de eliminar a sus detenidos. El peligro de los enemigos infiltrados en un contexto de guerra justificaba, según los bolcheviques, todas estas acciones.

Pese a esta violencia descarnada, Harris advierte que el “Gran terror” de finales de los 30 no se explica únicamente por estas dinámicas violentas creadas durante la Guerra Civil. Otros factores determinarían este desenlace, con uno por encima de todos ellos: la delirante relación que se establecería entre los servicios secretos y Stalin, es decir, cómo la policía secreta alimentaría la percepción de inseguridad del dictador con el objetivo de justificar su existencia y sus amplios poderes como organización. En buena parte, las miles de purgas y ejecuciones se explican por esta percepción irreal del peligro, basada en documentos y confesiones dudosas extraídas por los servicios secretos, que sólo hacían que alimentar el fantasma de poderosos grupos de enemigos —internos y externos— que estaban al acecho.

La Cheká, al acabar la Guerra Civil, vio como su existencia y poderes se veían puestos en duda en un período de paz y de cierta estabilidad económica, gracias a la Nueva Política Económica (NEP). Transformada en la GPU (luego en la OGPU, y posteriormente en la NKVD) tuvo que buscar maneras de mostrarse necesaria y útil: su objetivo era descubrir conspiraciones internas o extranjeras que justificaran su labor. Muchas de sus previsiones eran dudosas, pero no increíbles: abundaron las teorías de que diversos países europeos planeaban una invasión de la URSS, lo que generaba la sensación de un ataque extranjero inminente. La información se obtenía en base a métodos como la tortura, aceptado y visto como efectivo por las élites soviéticas, lo que generaba nuevas acusaciones falsas y ampliaba el rango imaginario de conspiradores. Cuantos más complots descubrían los servicios secretos, más poder y recursos recibían de los atemorizados dirigentes soviéticos. Los archivos desclasificados y la documentación privada, incluida la de Stalin, demuestran que esta percepción de miedo era mayoritaria, real y extendida.

Pero, por otro lado, no se puede explicar la extensión de víctimas sin tener en cuenta el sistema de poder local, viciado y rencoroso, que desencadenó las miles de acusaciones que llenaron los buzones de la NKVD. Stalin inició este proceso: durante los años 20, impulsó políticas que favorecían el control férreo de los secretarios generales locales por encima de su organización, a la vez que eliminaba la democracia interna para acallar las luchas de poder. El resultado fue la creación de pequeñas dictaduras locales, en las que existía una camarilla de poder inamovible. Estas políticas crearon una simpatía generalizada de los cuadros medios hacia Stalin, que sería crucial para expulsar a la oposición de izquierdas (Trotski, Zinóviev, Kámenev) y luego a la de derechas (Bujarin), y consolidar la dictadura personalista del georgiano.

Pero este respaldo a Stalin acabaría volviéndose en contra de los dirigentes locales. El dictador lanzó adelante su proyecto económico de industrialización forzada, en la que los cuadros medios tenían que asumir una gran responsabilidad respecto a los objetivos a alcanzar, jugándose su puesto y a veces su vida si no los cumplían. El plan económico no era para nada realista, pero pocos se atrevieron a criticarlo. Por un lado, porque la oposición principal ya había sido expulsada, y, por otro, porque el dictador equiparó toda crítica al proyecto como una “desviación derechista”, y toda imposibilidad de llegar a las metas propuestas como un “sabotaje”. Harris asegura que Stalin nunca pensó que su proyecto económico fuera inviable: todo fallo existente tenía que ser fruto de una conspiración.

Esta situación era peligrosa para los cuadros locales, ya que la mayoría de veces no llegaban a la metas fijadas, y debían mentir en sus informes para no ser acusados de “saboteadores”. Los jefes de los servicios secretos regionales estaban aliados con estas camarillas locales de poder, y hacían la vista gorda ante estas infracciones o ante la corrupción local. Mientras, millones de campesinos morían a causa de la hambruna, fruto de la represión política y el inhumano proyecto económico de industrialización forzada.

El atentado contra un alto cargo como Serguéi Kírov fue el desencadenante de los peores años de represión, el llamado “Gran terror”. Stalin estaba seguro de que ese asesinato tenía una organización clandestina detrás (aunque todo parece indicar que fue un homicidio en solitario). La NKVD le dio diversas pruebas que confirmaban sus prejuicios sobre un complot, organizado por la antigua oposición de izquierdas de Zinóviev y Kámenev. Stalin decidió sustituir a Génrij Yagoda, jefe de los servicios secretos, como castigo por no haber impedido el asesinato de Kírov. Yagoda sería acusado de traición y ejecutado en los Procesos de Moscú de 1938. Fue sustituido por Nikolái Yezhov, un conspiranoico de alto grado que llevó las teorías delirantes de los servicios secretos a su máximo nivel, alimentando el miedo de Stalin y de los dirigentes soviéticos.

Yezhov tomó una decisión que abriría una espiral sangrienta: sustituyó a los jefes de los servicios secretos regionales (que, recordemos, estaban aliados con las inamovibles camarillas locales) por nuevos investigadores escogidos por él, con órdenes de descubrir enemigos escondidos. Todo el sistema en que se basaban los gobiernos locales se hundió: los líderes que habían falsificado informes económicos eran ejecutados acusados de “saboteadores”; los campesinos y obreros denunciaban en secreto a sus superiores, y estos —a la vez— desviaban las acusaciones hacia abajo. Cuantas más detenciones se realizaban, más se ampliaba el círculo conspirador y más ejecutados llenaban las fosas comunes. Este círculo vicioso del terror alcanzó incluso al Ejército, del que fueron aniquilados el jefe del Estado Mayor del Ejército Rojo, Mijáil Tujachevski, y un tercio de todo el cuerpo de oficiales. Todo ello en vísperas de una guerra mundial a la que la URSS llegaría con sus tropas de alto rango diezmadas por las purgas.

Finalmente, esta lógica perversa afectaría a los propios servicios secretos. Ante la imposibilidad de Yezhov de descubrir a los líderes de la conspiración (que no existía), y después de la deserción de un alto cargo del NKVD, Stalin volvió a hacer lo mejor se le daba: buscar un nuevo enemigo imaginario para justificar todo lo que el sistema hacía mal. El dictador aseguró que enemigos del régimen se habían infiltrado en el NKVD y que por ello se habían producido tantas ejecuciones, que  habían sido realizadas para desestabilizar el sistema soviético. Los servicios secretos fueron la última víctima del terror que tanto habían azuzado. Yezhov fue ejecutado en 1940, acusado de espiar para el enemigo y planear un golpe de Estado contra Stalin.

Pese a todas estas ejecuciones de altos cargos, Harris recuerda que la inmensa mayoría de las víctimas fueron ciudadanos inocentes que no suponían ningún peligro para el régimen. Los dos grupos más castigados fueron las personas tildadas de “kulaks” (propietarios agrarios capitalistas) y las minorías nacionales, en su mayoría polacos, alemanes, finlandeses… acusados de colaborar con las potencias enemigas. Frente al argumento histórico de que el “Gran terror” fue un plan maquinado para acabar con unas élites políticas, los archivos descubrieron que fue un proceso de aniquilación fruto de un sistema y un liderazgo viciado. Frente a la lógica demoníaca de un ser cruel y poderoso que movía los hilos, quizá la causa no fue más que el miedo, la paranoia y la brutalidad de un sistema nacido y desarrollado gracias a la violencia, que decidió que el único límite al terror era un paraíso al que nunca se llegaría.

 

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India y Suráfrica: paralelismos y desafíos https://www.esglobal.org/india-surafrica-paralelismos-desafios/ Thu, 22 Jun 2017 07:29:44 +0000 https://www.esglobal.org/?p=36174 Ambos países han sido dos grandes ejemplos de integración cultural y democrática, pero ahora sus Congresos Nacionales se enfrentan a numerosos retos. ¿Serán capaces de afrontarlos? El pasado 30 de marzo el presidente de Suráfrica, Jacob Zuma, llevó a cabo una profunda crisis de gobierno en su gabine...

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Seguidores del partido Bhartiya Janata en India. (Diptendu Dutta/AFP/Getty Images)

Ambos países han sido dos grandes ejemplos de integración cultural y democrática, pero ahora sus Congresos Nacionales se enfrentan a numerosos retos. ¿Serán capaces de afrontarlos?

El pasado 30 de marzo el presidente de Suráfrica, Jacob Zuma, llevó a cabo una profunda crisis de gobierno en su gabinete que acabó con la destitución de, entre otros, el ministro de Finanzas, Parvin Gordhan, el más respetado y popular del Ejecutivo. A él se le otorgaba el mérito de haber devuelto al país a la senda del crecimiento económico. Además, se valoraba su imagen firme ante las acusaciones de clientelismo y corrupción que asolan a los que gobiernan junto a Zuma y sus aliados dentro del Congreso Nacional Africano (CNA). La destitución de Gordhan, anunciada por sorpresa y sin consultas internas previas, ha derivado en una profunda crisis interna dentro del CNA que amenaza con acabar con el derrocamiento del propio Zuma.

Unas semanas antes, en India se dieron a conocer los resultados de las elecciones regionales en Uttar Pradesh, el estado más poblado. Por enésima vez desde 2014, el Congreso Nacional Indio (CNI), junto a sus aliados regionales, volvió a perder unas elecciones contra el Bharatiya Janata Party (BJP) del primer ministro, Narendra Modi. Este resultado acerca más al BJP a la mayoría absoluta en la Cámara Alta, lo cual, unido a la mayoría que ya posee en la Cámara Baja y al control de un significativo número de gobiernos regionales, les otorga a los hinduistas una hegemonía casi absoluta del poder político y sume al CNI en una profunda crisis existencial.

Paralelismos en las crisis de los dos partidos

Las historias poscoloniales de India y Suráfrica no se entienden sin el liderazgo político que han ejercido los Congresos Nacionales Indio y Africano y sus figuras históricas como Mahatma Gandhi, Jawaharlal Nehru o Nelson Mandela. Existen claras coincidencias entre las crisis que afectan al Congreso Nacional Indio y al Africano actualmente y que se derivan de tres causas compartidas: la lacra de la corrupción, el anquilosamiento de las estructuras del partido y la pérdida de apoyos entre la población joven.

Las acusaciones de corrupción han sido una de las causas más recientes y detonantes directas del malestar público contra ambos partidos. En Suráfrica el Gobierno del CNA se ha visto involucrado en importantes casos de corrupción en la última década; algunos de los más graves afectan, directamente, al propio Zuma. En 1999, cuando todavía era vicepresidente, Zuma fue acusado, y uno de sus asesores encarcelado, por fraude y tráfico de influencias en un negocio de venta de armas valorado en 4.500 millones de euros. En 2014 fue desvelado que Zuma había reformado su casa privada con dinero público por un valor de 21 millones de euros. Por último, la estrecha relación entre el presidente y el poderoso conglomerado empresarial Gupta le ha costado una acusación por parte del Ombudsman surafricano de fomentar el capitalismo clientelista.

En el caso de India, el último Gobierno del CNI (2005-2014) se vio envuelto en varios casos de corrupción. El mayor de ellos, relacionado con la adjudicación de contratos para la explotación de minas de carbón por valor de 26.000 millones de euros, afectó directamente al entonces primer ministro, Manmohan Singh. El hartazgo popular contra la corrupción devino en la irrupción en 2011 de un movimiento cívico que encontró un eco masivo entre la población.

La segunda causa del declive de los Congresos Nacionales Indio y Africano es de corte estructural y va unida a la desestabilización del complejo ecosistema de consensos internos que gobierna a ambos partidos. Los dos se caracterizan por haberse construido sobre una amplia base de apoyo popular, proveniente de la lucha contra el apartheid en el caso del CNA y contra el Imperio Británico en el del CNI. Internamente, ambos partidos se caracterizan por un sistema en el que conviven distintas facciones ideológicas que operan bajo un sistema de negociación interna basada en el consenso. Esa capacidad para integrar agendas políticas divergentes dentro de una misma estructura partidista servía, primero, para preservar el apoyo de una amplia mayoría social y, segundo, para integrar y reflejar mejor las distintas inquietudes y realidades sociales del país.

Seguidores y miembros de la oposición miran
en la pantalla la moción de censura contra el presidente Zuma en Johannesburgo, Suráfirca. (Gianluigi Guercia/AFP/Getty Images)

En el caso del Congreso Nacional Indio, en la década de los 70 Indira Gandhi, ante su debilidad como líder, decidió centralizar el sistema de toma de decisiones del partido y adoptar un modelo más personalista. Esto condujo a la consolidación de la dinastía Gandhi –tras Indira vinieron Rajiv, Sonia y ahora Rahul– como líderes absolutos del partido, pero también a la disolución del sistema de equilibrios y consensos internos entre las distintas facciones. El resultado de dicho desequilibrio ha sido la escisión de varias de esas facciones, que han acabado formando otros partidos, particularmente en el ámbito regional, la pérdida de los tradicionales y efectivos conductos de comunicación entre la esfera local y el aparato central y, por último, la incapacidad de los cuadros medios para apartar a líderes de la dinastía Gandhi que, como Rahul, poseen poco carisma y atractivo electoral.

De manera similar a la experiencia histórica del CNI, Jacob Zuma ha intentado, frente a los cuestionamientos internos, consolidar su liderazgo imponiendo a sus aliados en posiciones clave dentro del CNA, perturbando así el equilibrio de poder entre las distintas facciones del partido. La destitución de Gordhan debe ser vista desde la perspectiva de la lucha por el poder y por el liderazgo del partido en el próximo congreso, que se celebrará a finales de 2017. El autoritarismo interno de Zuma ya ha tenido consecuencias, como la salida del excéntrico, pero carismático exlíder de las juventudes del partido, Julius Malema, que ha fundado su propio grupo político, el Economic Freedom Fighters (EFF).

La tercera y última causa que explica el declive de ambos partidos es la pérdida del voto joven. En el caso de India alrededor de 150 millones de jóvenes votaron por primera vez en 2014. A pesar de que la economía creció de media durante el período 2005-2014 al 7,6%, la falta de oportunidades profesionales para los jóvenes cualificados mermó el atractivo electoral del CNI. Al mismo tiempo, el movimiento contra la corrupción devino en la creación de un nuevo partido regeneracionista, el Aam Aadmi Party, que también sedujo a muchos votantes jóvenes. En Suráfrica, la combinación de una alta tasa de desempleo juvenil que ronda el 65,5% y el auge del partido del joven Malema, el ya mencionado EFF, ha comenzado a mermar el interés por el CNA entre ese sector demográfico. Además, los dos partidos tradicionales se ven afectados por un proceso de distanciamiento histórico: su narrativa política como banderas de la lucha contra el colonialismo y el apartheid encuentra un menor eco entre el electorado joven que no vivió esos períodos.

El resultado de la combinación de todas estas causas ha sido un declive importante del atractivo electoral de ambos partidos desde 2014. En el caso del Congreso Nacional Indio la pérdida de votos y de presencia institucional no es sólo masiva, sino que además no hay visos de que pueda revertir la situación a corto plazo. El auge del BJP bajo el mandato de Modi ha llegado a tal punto que ha comenzado a reemplazar al CNI como partido hegemónico y de amplia base popular. En el caso del Congreso Nacional Africano, en las últimas elecciones municipales de 2016 su voto cayó hasta el 55,7% a nivel nacional e incluso más en núcleos urbanos como Pretoria y Johannesburgo. Aunque su colchón de votos sigue siendo importante, la tendencia electoral, unida a una mayor coordinación entre la oposición, auguran tiempos de incertidumbre para el partido de Mandela.

Las consecuencias del declive de los Congresos Nacionales

El origen de los Congresos Nacionales Indio y Africano es similar al de otros muchos partidos nacionalistas en Asia y África formados como herederos de las luchas anti-colonialistas en el siglo XX. La diferencia, sin embargo, entre estos dos partidos y el resto es que no sólo han evitado la deriva autoritaria, como ha sido el caso del ZANU-PF de Robert Mugabe en Zimbabwe o del Frente de Liberación Nacional argelino, sino que han sido instrumentales en la transición y consolidación de los sistemas democráticos en India y Suráfrica. Dicha consolidación democrática, además, ha tenido lugar en dos sociedades socio-culturalmente muy heterogéneas, con importantes tasas de pobreza y trauma intercomunitario – el apartheid en Suráfrica y la Partición con Pakistán en India. La capacidad de ambos partidos para promover un nacionalismo cívico, socio-políticamente inclusivo y secular debe ser vista como clave en la estabilidad actual de ambos países. Las imágenes de Suráfrica como “la nación arcoíris” y de India como “unidad en la diversidad” no pueden ser entendidas en gran parte sin los discursos y simbologías desarrollados por ellos.

La consolidación del hinduista BJP en India está mostrando las tensiones que pueden resultar de formas de hipernacionalismo excluyente en sociedades diversas. Ya se están alzando voces contra el peligro que supone el actual Gobierno para la estabilidad del complejo ecosistema social indio. En Suráfrica el populismo nacionalista también ha comenzado a tener consecuencias como los ataques xenófobos en ciudades como Pretoria o Johannesburgo.

Por todo esto, las crisis que afectan a ambos partidos deben ser vistas como preocupantes, no sólo en India y Suráfrica, sino en el resto del mundo, porque su liderazgo ha hecho que sus países se hayan convertido en faros para la integración multicultural y democrática en Asia y África.

 

 

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Cómo aupar a un treintañero al poder en la gerontocracia saudí https://www.esglobal.org/aupar-treintanero-al-poder-la-gerontocracia-saudi/ Wed, 21 Jun 2017 12:40:09 +0000 https://www.esglobal.org/?p=36178 Así han sido las maniobras de Palacio para nombrar Príncipe heredero al hijo del rey saudí, el joven Mohamed bin Salman. He aquí una estrategia en tres actos. Arabia Saudí se encuentra en la encrucijada. Son numerosos los motivos que empujan a utilizar esta expresión al hacer referencia al país del ...

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El recién nombrado Príncipe heredero, Mohamed bin Salma, en un evento en China, 2016. Nicolas Asfouri/Pool/Getty Images

Así han sido las maniobras de Palacio para nombrar Príncipe heredero al hijo del rey saudí, el joven Mohamed bin Salman. He aquí una estrategia en tres actos.

Arabia Saudí se encuentra en la encrucijada. Son numerosos los motivos que empujan a utilizar esta expresión al hacer referencia al país del Golfo: una región convulsa, un entorno internacional hostil, exiguos precios del petróleo, una sucesión al trono hasta hoy opaca, una población con un futuro menos halagador que el de sus antecesores… Frente a una tormenta que se adivina perfecta, autoridades y oficiales saudíes se han mantenido fieles a un plan, que ya ha visto finalmente la luz, esbozado en Palacio y que tenía como objetivo primordial que el hijo del Rey, Mohamed bin Salman (MbS), acceda al trono en un proceso con tintes plebiscitarios.

Mohamed bin Salman era un completo desconocido para los ciudadanos saudíes y los dirigentes internacionales hace tan sólo unos años. Tenía 29 años cuando su padre se convirtió en rey en 2015. A pesar de lo que algunos denominaban limitada experiencia –era asesor de su padre y ministro de Estado–, su ascenso al estrellato fue fugaz, y no sólo se convirtió en el ministro de Defensa más joven del mundo, sino que además fue puesto a cargo de la Corte Real de la Casa de Saúd. Por si lo anterior no fuera suficiente, el Rey Salman le situó poco después segundo en la línea sucesoria, detrás de su tío y ministro del Interior, Mohamed bin Nayef (MbN). Hoy ha sido anunciado que MbS será el nuevo Príncipe heredero. Varios acontecimientos evidenciaron estas últimas semanas las líneas maestras de la estrategia de Palacio, que giraba en su totalidad en torno a la figura del niño mimado de la política saudí y se desarrollaba en tres actos.

 

El ‘aggiornamento’ del país en sus manos

Salman confió a MbS, confirmando así que su hijo estaría al mando entre bastidores, una tarea clave para el futuro del país: le convirtió en presidente del flamante Consejo para Asuntos de Economía y Desarrollo, una especie de superministro, con todo el poder decisorio en temas relacionados con el presupuesto y sistema productivo del país. Fue él el encargado (con la ayuda de consultores internacionales) de diseñar un plan que sentara las bases para la dinamización de la economía saudí –estatista y dependiente en exceso del petróleo– y la propia modernización del país. Fue así como hace poco más de un año nació el Plan Visión 2030 (cuyas líneas maestras se ven desarrolladas por el Plan de Transformación Nacional), criticado y alabado a partes iguales, que a día de hoy no ha dado todavía frutos destacables. Un plan caracterizado tanto por la diversificación y apertura de la economía saudí (la medida más comentada es la salida a bolsa de un 5% de la joya de la corona, Aramco, cuyo valor real sigue siendo un enigma) como por los primeros pasos hacia un sistema impositivo y una hasta ahora inédita austeridad.

El Plan Visión 2030 esbozaba un nuevo contrato social y se marcaba una serie de metas, algunas de las cuales fueron recibidas con los brazos abiertos por la porción menos conservadora de la sociedad saudí. MbS restringió los poderes de la temida policía religiosa, ha hablado estos meses de ampliar los derechos e influencia de las mujeres en el Reino, ha creado una Autoridad General para el entretenimiento que desarrolle una industria del ocio con el fin de crear puestos de trabajo y acercar a los jóvenes un estilo de vida occidentalizado (a base de salas de cine y parques de atracciones).

Poco sospechaban los hogares saudíes lo que significaba apretarse el cinturón, y 2016 trajo consigo recortes en los salarios públicos (sector que emplea a dos tercios de los empleados saudíes) y reducción de los subsidios a la energía y otros servicios básicos. El público saudí plasmó su insatisfacción en las redes sociales, en donde lanzó hashtags como “Movimiento 21 de abril” (más recientemente 2 de junio), llamando a manifestaciones masivas y exigiendo el restablecimiento de los subsidios, poner fin a la venta de acciones de Aramco, inaugurar una monarquía constitucional e incluso restaurar los poderes de la policía religiosa. Tres días después de la convocatoria desoída, el 24 de abril, el Rey Salman promulgó 40 decretos que, entre otros, reintegraban los salarios y beneficios públicos y pondría en marcha un sistema de ayudas financieras para compensar la subida de precios. La medida fue posible, alegaron, gracias a una economía más boyante y mayores ingresos no derivados de los hidrocarburos. Justificaciones aparte, el objetivo final no dejaba lugar a dudas: recuperar el apoyo de una clase media que MbS necesita para reforzar su posición frente a la oposición en Palacio y el establishment religioso.

 

El ‘paseillo’ internacional

Un póster con la imagen del Rey saudí Salman (en el centro), el recién nombrado Príncipe heredero, Mohammed bin Salman (a la izquierda), y el príncipe Mohammed bin Nayef, hermano del Rey (a la derecha), riad, 2017. Fayez Nurledine/AFP/Getty Images

Los primeros pasos de MbS como ministro de Defensa se vieron simbolizados por un cambio de estrategia que marcó un punto de inflexión para el país y el Golfo. Las autoridades saudíes habían asumido ya que su papel en el conflicto sirio estaba abocado a verse reducido. Arabia Saudí no cejó en su empeño de influir el desenlace de la guerra, muy particularmente intentando controlar la composición y postura de la oposición al régimen sirio, pero pasó a una segunda fila más discreta en la que la permanencia o no de Bachar al Assad al frente del país no podría determinar ya su estatus como líder regional –líder asimismo del arco suní– y potencia internacional. Un estatus que los Saud seguían ansiando, para lo que Yemen se convertía en principio en un escenario más asequible de la guerra fría que enfrenta a Arabia Saudí e Irán desde hace años. Los saudíes siempre han considerado a Yemen su patio trasero, y con la excusa de que los rebeldes hutíes sólo eran capaces de desestabilizar al país vecino gracias al apoyo de su archienemigo Teherán, iniciaron una andanza que a día de hoy no parece tener visos de llegar a su fin en el corto plazo, y frente a la que los ciudadanos saudíes cada vez muestran menos entusiasmo (de ahí el aumento de sueldo a combatientes y el nombramiento del príncipe Fahd bin Turki a la cabeza de las Fuerzas Armadas, el pasado mes de abril).

Los saudíes no están solos en su incursión yemení. Un aliado clave para MbS ha sido durante estos meses Mohamed bin Zayed, Príncipe heredero y hombre fuerte de Emiratos Árabes Unidos, que ha ido perfilándose como mentor y valedor en la escena internacional del joven Mohamed bin Salman. Bin Zayed prometió ejercer de intermediario con Occidente, siempre y cuando MbS se sometiera a una intensa campaña de relaciones públicas que le retratara no como un joven impulsivo (tal y como la incursión en Yemen parecía sugerir) sino como un reformista deseoso de mejorar la vida de sus conciudadanos, explotar todos las oportunidades de Arabia Saudí y situar al país como potencia estabilizadora en un contexto incierto. Ha sido precisamente de la mano de Bin Zayed que MbS ha capitaneado la todavía acuciante crisis dentro del Golfo contra Qatar y todo lo que el pequeño país representa como amenaza para Riad: política exterior independiente y pragmática, relaciones más que cordiales con Irán, un medio de comunicación como Al Jazeera dispuesto a arrojar luz sobre los desmanes de los regímenes árabes y un apoyo al islam político que cuestiona la legitimidad de las monarquías del Golfo.

A pesar de que MbS no estudió en el extranjero y a día de hoy aún no hable un inglés impecable, al contrario que varios de sus familiares y muchos jóvenes saudíes, ha conseguido robustecer paulatinamente las relaciones bilaterales con Estados Unidos. Varios factores se alineaban en su contra en un primer momento: nadie en la Administración Obama veía con buenos ojos la incursión saudí en Yemen, y su tío MbN llevaba años tejiendo estrechas relaciones con el establishment estadounidense (muy particularmente con el Pentágono), para el que Arabia Saudí no ha dejado nunca de ser un aliado de excepción, extremadamente valioso en el ámbito económico, militar y diplomático. Su primera visita a Washington DC fue tildada de éxito: medios como The Economist y miembros de cuerpos diplomáticos a partes iguales cantaban las bondades del joven príncipe, cargado de energía e ideas. MbS no cejó en su empeño a pesar de que Donald Trump y su camarilla criticaran ampliamente en su momento al régimen saudí (aún hoy se les escapa un cierto tono de desdén). Tal y como ha dejado claro el hecho de que Riad fuera la primera parada en el extranjero del nuevo Presidente de EE UU y los cuantiosos contratos de compraventa de armas que allí se firmaron, la alianza no sólo se ha mantenido sino que parece particularmente robusta, algo a lo que ha contribuido la debilidad de Trump por los autócratas árabes, combinada con un pragmatismo continuista y un odio acérrimo hacia el régimen iraní de los ayatolás.

El régimen saudí no sólo ha tenido éxito cortejando a las autoridades estadounidenses, sino que ha conseguido estrechar lazos con varios países a lo largo y ancho de la región –algo aderezado por altibajos en sus relaciones con Egipto y lo controvertido de su relación con Israel–, y del planeta. La gira asiática que el mes pasado llevó al Rey Salman a países como Indonesia, Japón y China dejó claro que Arabia Saudí tiene aliados de excepción más allá de Occidente (también es el caso de África). Por su parte, no son pocos los líderes occidentales que dejan de lado su política exterior basada en derechos humanos cuando se trata de visitar Riad (como ha sido recientemente el caso de el Secretario de Defensa de EE UU, James Mattis, la Canciller alemán, Angela Merkel o la Primera Ministra británica, Theresa May) o recibir a un Saud con los brazos abiertos.

 

Transformación en hombre orquesta

En una época en la que un liderazgo manifiesto se ha convertido en prerrequisito para convertirse en protagonista en la escena internacional, MbS ha sabido seguir paso a paso el manual del líder omnipresente e imprescindible. Ha contado para ello con la ayuda inconmensurable no sólo de varias firmas internacionales dedicadas en cuerpo y alma a cultivar su perfil, sino también de gran parte de la prensa (aquellos periodistas que se atrevieron a hablar demasiado, como Jamal Khashoggi, han sido relegados) y de una cohorte de jóvenes clérigos que cantan a diario las alabanzas del nuevo liderazgo en las redes sociales.

Convertirse en hombre orquesta también exige erigirse como líder y figura destacada de la Casa Saud, tarea a la que su padre ha contribuido sobremanera. Menos cómodo fue deshacerse del hasta ahora heredero MbN, quién seguía contando con un no trivial (pero menguante) apoyo, tanto por parte de sus aliados como de los detractores más acérrimos de su sobrino. La relación entre ambos es opaca e incluso un tabú en el Reino. Las primeras palabras de MbN al jurar lealtad a su sobrino han sido: “Ahora descansaremos, que Dios te ayude”. Mohamed bin Nayef ha sido defenestrado no sólo como Príncipe heredero, sino también como ministro de Interior y Vice primer ministro. Estos últimos meses había sido apartado progresivamente de facto de reuniones y viajes de alto nivel. La salva de decretos reales adoptados el pasado mes de abril también representó el golpe de gracia para el antiguo príncipe heredero: crear un Centro de Seguridad Nacional, rival directo del ministerio del Interior, bajo la dirección de la Corte Real, y por tanto de MbS.

Por si esto fuera poco, el hermano menor de este último, Khaled, fue nombrado Embajador ante Estados Unidos. Parte de un cada vez más patente programa de rejuvenecimiento, varios jóvenes príncipes fueron ascendidos a puestos clave, principalmente, como vicegobernadores de provincias, un puesto ad hoc para controlar la rumoreada insatisfacción entre príncipes de tercera generación vis à vis la concentración de poder en manos de MbS. Parte de este escenario fue adelantado por la película Syriana, en la que el personaje interpretado por el actor Matt Damon sugiere al príncipe heredero que empiece a preparar a su país para un mundo sin petróleo. En la encrucijada o no, lo que es ya indudable, poniendo fin a rumores varios, es que el futuro de Arabia Saudí depende en cada vez mayor medida, y por muchos años, de los designios de Mohamed bin Salman.

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Estados Unidos no es país para pobres https://www.esglobal.org/estados-unidos-no-pais-pobres/ Wed, 21 Jun 2017 08:16:47 +0000 https://www.esglobal.org/?p=36055 ¿Cómo entienden la pobreza demócratas y republicanos? He aquí las claves que explican por qué sigue creciendo la desigualdad en Estados Unidos y el motivo por el que se perpetúa la pobreza. Vistos desde fuera, los estadounidenses parecen terriblemente insolidarios: sanidad y educación superior para ...

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Un mendigo en las calles de Nueva York, Estados Unidos. (Spencer Platt/Getty Images)

¿Cómo entienden la pobreza demócratas y republicanos? He aquí las claves que explican por qué sigue creciendo la desigualdad en Estados Unidos y el motivo por el que se perpetúa la pobreza.

Vistos desde fuera, los estadounidenses parecen terriblemente insolidarios: sanidad y educación superior para los que pueden pagarlas y muy pocas ayudas a los parados. El título del presupuesto que ha hecho público el presidente Trump, Un nuevo fundamento para la grandeza de América, puede sonar a broma, pero no lo es. Promete un aumento de nada menos que el 10% para el gasto militar y 2.600 millones de dólares (unos 2.300 millones de euros) para la seguridad de las fronteras, al mismo tiempo que hace profundos recortes en los programas que ayudan a los ciudadanos más pobres, como Medicaid, que les proporciona una asistencia sanitaria muy básica, prestaciones por discapacidad y planes de préstamos para que puedan ir a la universidad los jóvenes que no pueden costearlo.

Resulta totalmente irónico que los que más van a sufrir las repercusiones de estos recortes sean precisamente los que votaron a Trump, pero ya sabemos que la teoría de la elección racional no explica el comportamiento político, y mucho menos el voto. Los demócratas rechinan los dientes mientras se preguntan cómo es posible que una persona pobre vote por los republicanos y, en cambio, les es fácil explicar por qué lo hace alguien con dinero: porque quiere pagar menos impuestos. Si todos votáramos de forma racional, solo pensando en nuestros intereses, las campañas serían totalmente distintas. Votar sería un ejercicio intelectual de esos con los que sueñan los economistas. Pero no es así: votamos en función de nuestros valores.

Un sondeo reciente del Pew Research Center ratifica con datos algo a lo que yo llevo años dando vueltas: que los demócratas y los republicanos tienen ideas muy distintas sobre por qué hay ricos y pobres. Y ambas posturas entrañan una dosis considerable de opiniones subjetivas e influyen tremendamente en las políticas públicas.

La primera vez que me asaltó de golpe y porrazo esta reflexión fue durante una encendida discusión con mi hermano, republicano de toda la vida, que pensaba que subir los impuestos a los ricos es injusto porque trabajan mucho para ganarlo. Fue hace mucho tiempo, así que, la verdad, no recuerdo si me enfadé tanto como para llamarle ingenuo (a nuestros hermanos les decimos cosas terribles) o me limité a señalar que muchas de esas personas habían tenido grandes ventajas en su vida. Lo que sí sé es que aquello me hizo preguntarme qué piensan los republicanos de los pobres. ¿De verdad creen que son pobres solo porque no se esfuerzan lo suficiente?

Para decirlo brevemente, sí. Resulta que mi hermano estaba muy en la línea de los demás republicanos, el 66% de los cuales piensa que los ricos han conseguido su riqueza mediante el esfuerzo, mientras que solo el 21% piensa que son personas que han disfrutado de más ventajas desde el principio. La conclusión lógica es que los pobres están como están por pereza o por lo que el estudio llama “falta de esfuerzo”. El 56% de los republicanos dice que esta es la razón de que los pobres sean pobres, mientras que el 32% reconoce que existen circunstancias que ellos no controlan. En ambos aspectos, la encuesta entre los demócratas revela unos porcentajes opuestos y que atribuyen mayoritariamente la riqueza a las ventajas y la pobreza a las circunstancias.

No se puede entender la política de Estados Unidos sin entender este sentimiento, que tiene su origen en nuestras raíces puritanas. Los puritanos, además de tener un gran fervor religioso, institucionalizaron el esfuerzo e hicieron la advertencia de que “las manos ociosas las carga el diablo”. Este espíritu, conocido como la ética protestante del trabajo, está presente en toda la cultura estadounidense actual, independientemente de que una persona sea de izquierdas o de derechas. Por ejemplo, en Estados Unidos, las leyes no prevén ningún periodo obligatorio de vacaciones, y solo los más afortunados pueden tomarse dos o tres semanas al año, pero la mayoría no aprovecha ni siquiera esos pocos días. Un sondeo de NPR (la radio pública), la Robert Wood Johnson Foundation y la Harvard T.H. Chan School of Public Health muestra que aproximadamente la mitad de los estadounidenses que trabajan 50 horas o más a la semana deja sin utilizar algunos o todos sus días de vacaciones. Y, cuando los utilizan, un 30% se lleva trabajo consigo.

La tendencia a trabajar demasiado está muy generalizada entre los estadounidenses y deriva del miedo a perderse algo importante o, peor aún, a que no nos echen de menos. Sin embargo, culpar a los pobres de su propia pobreza, como dije antes, es algo que hacen solo los republicanos, que por eso no apoyan ningún tipo de ayudas públicas ni prestaciones sociales universales. Muchos demócratas se limitan a decir que los republicanos son insolidarios y no tienen escrúpulos, pero les valdría más comprender los razonamientos conservadores y, a partir de esa opinión de que los pobres no se esfuerzan lo suficiente, hablar de justicia. Los republicanos preguntan: ¿Por qué debemos pagar a personas que no se esfuerzan todo lo que deberían? Es una pregunta que pone sobre la mesa los principios y con la que nos identificamos casi todos los que, en un momento u otro, hemos tenido la sensación de que alguien estaba aprovechándose de algo por lo que no había trabajado verdaderamente.

Ese fue el origen de las protestas del Tea Party en 2010, el rechazo a pagar por unas personas que se habían hundido hasta las cejas con sus hipotecas, además de la idea de que el Obamacare venía a ser parecido, dar dinero a otros que no estaban haciendo todo lo que podían. Todos oímos en 2012 los gritos de “Que se mueran” durante un debate entre los republicanos sobre la gente que no tenía seguro. En una ocasión, un amigo republicano me dijo gruñendo, que, si la gente quería tener una sanidad, “debería buscarse mejores puestos de trabajo”.

Un argumento similar pero que quizá resuena más entre la gente de izquierdas es el relativo a los fumadores. Si ellos toman la decisión de fumar, ¿por qué voy a subvencionar su sanidad, que tiene mayores costes, o el precio de limpiar todas las colillas que arrojan sin cuidado en la calle? Pero el elemento fundamental es el de la capacidad de decidir. Fumar o no fumar es voluntario. Ahora bien, ¿se elige ser —o seguir siendo— pobre? Esa es la diferencia.

El Sueño Americano es la historia de alguien que parte de unos principios humildes para llegar a lo más alto. Si vemos nuestro cine, leemos nuestros libros o seguimos nuestras campañas políticas, veremos ese relato una y otra vez. Un relato que tal vez correspondía a la realidad en otro tiempo, sobre todo a mediados del siglo XX, pero ya no tanto. Las cifras de la desigualdad no parecen impresionar a los conservadores porque, para ellos, no muestran más que las consecuencias del esfuerzo y la pereza. Los datos sobre movilidad social les preocupan más, porque derivan el debate hacia el argumento de que “el sistema está amañado en tu contra” que utilizan Donald Trump y Bernie Sanders.

La disminución de las cifras de movilidad social en Estados Unidos durante el último medio siglo es sobrecogedora; más del 70% según un estudio publicado en diciembre de 2016 por un equipo de economistas de Harvard, Stanford y UC Berkeley. Es importante indicar que el estudio se basa en datos de panel, y revela que, mientras que los niños nacidos en los 40 del siglo pasado tenían un 90% de posibilidades de ganar más que sus padres a los 30 años, los nacidos en los 80 no tenían más que un 50% de posibilidades. Su conclusión es que los índices de crecimiento del PIB no bastan por sí solos para restablecer la movilidad social, sino que es necesario también que aumenten las rentas en todos los segmentos, y no solo en los que más ganan, que son los únicos que han progresado.

Sin embargo, cualquier mención de las desigualdades y sus soluciones enardece a los republicanos y suscita acusaciones de “redistribución de las rentas”, la bestia negra de los verdaderos creyentes en el libre mercado. La campaña populista de Trump hizo hincapié en que era alguien que venía de fuera del sistema y atrajo, sobre todo, a los que más han salido perdiendo con la innovación tecnológica y la globalización: personas, en general, de un bajo nivel educativo y trabajos mal remunerados que, en muchos casos, han desaparecido debido a la tecnología o se han deslocalizado a otros países. Después de ganar las primarias de Nevada, Trump declaró: “Me encanta la gente con poca educación”.

Pero, a pesar de esa declaración de amor, ni el muro de Trump, ni el abandono del Tratado Transpacífico, ni la renegociación del NAFTA van a ayudar a esa gente. Ni mucho menos su presupuesto, que se basa en la expectativa de un improbable crecimiento económico del 3%. Con sus ventajas fiscales para los ricos y los subsiguientes recortes en educación y prestaciones sociales, este presupuesto no es más que un paso más en un círculo vicioso que facilita una pobreza cada vez más arraigada.

Si bien la situación de Estados Unidos es un caso extremo que deriva, en gran parte, de su historia y su cultura, la enorme diferencia de opiniones sobre las causas de la riqueza y la pobreza es universal. Existen argumentos económicos contra la desigualdad que ya han presentado, y muy bien, diversos economistas, y eso se lo dejo a ellos. En cambio, la política es un proceso complicado, emocional y basado en principios y, si queremos cambiar las cosas en favor de los pobres, vamos a tener que presentar mejores argumentos a los votantes de centro y de derechas, unos argumentos que apelen a sus principios, en particular el de justicia.

Un buen punto de partida sería utilizar mejor los medios de comunicación para contar qué es lo que pone en marcha el ciclo de la pobreza e impide que la gente salga de él. Muchos de los que proclamamos nuestra preocupación por los pobres, en realidad, sabemos muy poco de la pobreza.

La izquierda acusa a la derecha de crueldad y la derecha acusa a la izquierda de hipocresía. Las cifras son útiles para los teóricos y los analistas políticos, pero no despiertan empatía; por el contrario, la historia de un individuo, bien narrada, nos pone temporalmente en su lugar y saca a la luz la humanidad que todos tenemos en común.

 

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

 

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Gloria Álvarez: “La democracia es un mecanismo que se queda corto para proteger los derechos individuales” https://www.esglobal.org/gloria-alvarez-la-democracia-mecanismo-se-queda-corto-proteger-los-derechos-individuales/ Wed, 21 Jun 2017 08:11:20 +0000 https://www.esglobal.org/?p=36118 Una conversación con la politóloga guatemalteca Gloria Álvarez, uno de los 25 nuevos rostros de la lista de intelectuales iberoamericanos de esglobal, sobre la nueva generación de pensadores liberales latinoamericanos y el futuro de la democracia. En octubre de 2014 la joven politóloga guatemalteca ...

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Una conversación con la politóloga guatemalteca Gloria Álvarez, uno de los 25 nuevos rostros de la lista de intelectuales iberoamericanos de esglobal, sobre la nueva generación de pensadores liberales latinoamericanos y el futuro de la democracia.

Foto: perfil de Facebook @GloriaÁlvarez

En octubre de 2014 la joven politóloga guatemalteca Gloria Álvarez saltó en pocas horas del anonimato a convertirse en una figura con proyección mundial. Su apasionado y fundamentado discurso en el Parlamento Iberoamericano de la Juventud, celebrado en Zaragoza, contra los populismos y la demagogia caló muy hondo. El vídeo se transformó en un fenómeno viral en Internet y ha sido reproducido más de quince millones de veces. A partir de entonces ella se convirtió en un referente del pensamiento, el análisis y la reflexión sobre la realidad política latinoamericana e internacional. Fruto de estas reflexiones y su casi inagotable curiosidad intelectual escribió junto a Axel Kaiser el libro El engaño populista.

Ahora aparece su primera obra en solitario, Cómo hablar con un progre, en el que Gloria Álvarez pone en evidencia, utilizando el humor, la ironía y a través de una prosa ágil, sencilla y directa, las ideas y clichés de los “progres” a quien ella define como “un colectivo de extrema izquierda que, desde una posición de superioridad moral, dicen defender los intereses de la clase trabajadora”. Gloria Álvarez (Ciudad de Guatemala, 1985) es una milenial 1.0, como ella misma se define. Politóloga y experta en Relaciones Internacionales por la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, se forjó en esta institución considerada como la abanderada de las ideas neoliberales. En la actualidad, presenta el programa Viernes de Gloria en Libertopolis Radio y el programa de televisión HDP en el canal Azteca Guatemala. La herencia de su universidad, “la Marro”, está presente en sus textos y en su discurso y de forma muy palpable: desde los profesores que le influyeron (Armando de la Torre) hasta los autores que son pilares de la Marroquín (Frédéric Bastiat, los grandes clásicos del liberalismo, Ayn Rand, Henry Hazlitt, Friedrich Hayek, etcétera).

Gloria Álvarez encarna, por lo tanto, a una nueva generación de pensadores latinoamericanos (en su caso de raíz liberal) y dentro de esa hornada a un grupo específico, el de mujeres intelectuales. Una nueva generación que debe hacer frente y ser capaz de dar respuesta a la actual crisis de los sistemas de partidos, a la desafección ciudadana con respecto a sus representantes y a unas instituciones en ocasiones ineficientes, penetradas por la corrupción y que no canalizan las demandas sociales. El futuro de la democracia pasa por encontrar nuevas herramientas que reconecten a los ciudadanos con el modelo democrático a través, por ejemplo, de unas nuevas tecnologías que sirvan para reforzar a esas democracias y no para socavarlas. Ese es el gran desafío que encaran estos jóvenes intelectuales latinoamericanos y de ello hablamos con Gloria Álvarez.

Su primer libro El engaño populista, escrito junto con Axel Kaiser, y este último, Como hablar con un progre (Ediciones Deusto), son un canto a la libertad y una herramienta para combatir las amenazas a las libertades individuales. ¿Cree que esa es, en la actual coyuntura, la principal tarea para las nuevas generaciones de pensadores políticos como usted?

Gloria Álvarez. Efectivamente, nos encontramos en plena batalla por las ideas. Los liberales consideramos que se puede tener Estado del Bienestar pero con libertades individuales, de comercio y libre mercado. Por el contrario, el socialismo y comunismo, que no tienen ninguna diferencia en sus objetivos más allá de los métodos, persiguen alcanzar su fin último que es la esclavitud del ser humano, como decía Ayn Rand. El socialismo a través del voto y el comunismo a través de la fuerza. El “socialismo del siglo XXI” ha llegado por los votos al poder para acabar con la democracia. Muchos lo califican como socialismo democrático porque es lo que “la gente votó”, por lo que todo lo que hagan está legitimado por la democracia. Lo que impide que un socialista avance hasta sus últimas consecuencias es la separación de poderes y la fortaleza de las instituciones. La agenda socialista no alcanza sus objetivos máximos cuando hay instituciones pero llega a su cumbre en repúblicas bananeras con instituciones débiles como ocurre en Venezuela. Uno de nuestros esfuerzos, por lo tanto, es defender, mejorar y ayudar a cimentar las instituciones.

En su libro habla sobre la necesidad de rearmarse intelectualmente porque vivimos una época marcada por la batalla de las ideas. ¿Estamos atravesando un momento histórico de fuerte pugnacidad política como ya se vivió en los 30 o en los 70?  

G. A. Ahora estamos atravesando por un momento en el mundo en el que está aumentando la polarización entre derecha e izquierda. Por ejemplo, en mi país, Guatemala, en los 90 estábamos tan hartos de las guerras civiles que nadie hablaba de política. El consejo era: haz plata y olvídate de la política. Ahora es diferente, sobre todo por el auge de los populismos de izquierda desde la pasada década. Ante esa situación es necesario salir a combatir con ideas las propuestas de la izquierda. Una izquierda que en mi libro asume el rostro del progre que encarna el rol de víctima, autoritario (se siente dueño de la calle), que se cree en posesión de la verdad y que pasea por el mundo enarbolando la bandera de la superioridad moral. Intransigente con las opiniones contrarias y con escasa inquietud intelectual (el progre puede no saber de nada, pero tiene opinión sobre todas las cosas), hipócrita (critica el dinero pero ama la buena vida). Yo provengo de otra tradición: a mí me cambió la perspectiva ideológica Hayek con el libro Los fundamentos de la libertad. Él habla de la responsabilidad individual y algunas frases me marcaron de forma definitiva como cuando afirma que “ser libre es ser responsable de ti mismo”. Eso me liberó: podré fracasar pero fracaso yo. Entendiendo eso me llevó a entender la libertad económica.

En realidad, propone una tarea a los nuevos pensadores latinoamericanos que va más allá de la mera propaganda o tarea de divulgación. Buscan transformar la sociedad desde su misma raíz.

G. A. Es muy difícil convencer a las personas de que el libre mercado es conveniente solo con argumentos económicos o economicistas. Hay que hacer un trabajo psicológico mucho más profundo. Es necesario reconstruir la autoestima de la persona para que se sienta digna y capaz de entrar en el mercado libre, para competir. A la hora de la verdad, la persona que no se ha fortalecido psicológicamente no se siente fuerte para competir en ese mundo. Hay que rearmarlos con ideas y en esa tarea todo sirve: los libros, programas de radio y televisión, las nuevas tecnologías. Incluso, el cine o las series que trasmiten valores de defensa de la libertad y que se transforman en una buena herramienta para captar a la juventud y acercarles los principios liberales porque son medios con una gran y más fácil llegada.

Fotolia. Autor: Suat Gursozlu

Tenemos modelos políticos que hunden sus raíces en el siglo XVIII y XIX y constituciones del siglo XX en plena 4ª Revolución Tecnológica e Industrial ¿Cómo ven los nuevos pensadores liberales que debe ser la democracia en el siglo XXI?

G. A. La democracia no es suficiente porque democracia es la voluntad de la mayoría y si esta decide acabar con los derechos del individuo, podría hacerlo. La democracia necesita un límite que es la república, el Estado de Derecho, que concibe al individuo y sus derechos como la base de todo lo demás. La razón fundamental de la existencia de un gobierno es garantizar los derechos individuales y que las mayorías no aplasten a las minorías. Democracia sin república es tiranía de la mayoría; república sin democracia es la tiranía de la oligarquía. En América Latina estamos obsesionados por la democracia cuando es un mecanismo que se va a quedar corto para lo que queremos: proteger los derechos individuales. Tenemos constituciones incongruentes que dan y quitan derechos y libertades según el burócrata de turno. Si hay reglas incongruentes, la realidad acaba siendo incongruente.

Eso significa un cambio integral (social, político e institucional) al hilo del cambio tecnológico.

G. A. Es necesario un trabajo de reestructuración que debe ir a la base, al mismo contrato social. Necesitamos nuevas reglas de juego para elegir representantes, formar las instituciones y una vez que las diseñemos podemos tener partidos políticos que nos presenten sus propuestas. Es un complejo trabajo de reingeniería institucional y política. En este campo, las nuevas tecnologías pueden transformar el mundo de la política y el de la relación entre el ciudadano y las instituciones. Pueden contribuir a hacer más transparente el gasto público, por ejemplo. Por qué no pensar en una aplicación para pagar impuestos que nos permita colocar nuestro aporte en el rubro que a cada uno le interesa, incentivando, de paso, el pago rápido de nuestros impuestos, ya que en caso de hacerlo tarde correríamos el riesgo de que el rubro de nuestro interés ya estuviera completado. Una aplicación que nos permitiría saber al instante cómo y dónde se gasta nuestro dinero, individualizando así la cadena de responsabilidad. Esto acortaría la brecha comunicacional entre el gobierno y el gobernado.

Pero existe el riesgo de que las nuevas tecnología banalicen la política (ideas en 140 caracteres como en Twitter).

G. A. Ese riesgo existe pero las tecnologías te permiten poner un plato apetecible ante los ojos de los usuarios para que cada cual profundice cuanto quiera. Sirve para tirar la caña y quien lo desee que se ponga a pescar. Poseen un gran potencial para esparcir las ideas. Las minorías son las que transforman la realidad y la gente necesita líderes. Lo que hay que lograr es que esos líderes tengan las ideas claras. La crisis de Venezuela se debe a que sus élites perdieron el norte. Cuando la élite no está dispuesta a luchar por las ideas, arriesga el largo plazo apostándolo todo por el corto plazo. Ese es el caso de Nicaragua donde la élite empresarial está prosperando bajo el régimen de [Daniel] Ortega y pasa por alto el autoritarismo del sandinismo orteguista.

El cliché que existe es que el liberalismo es sinónimo de conservadurismo y usted misma siempre dice que por donde va es calificada como “facha”.

G. A. El liberalismo choca con la izquierda que propone el “todo gratis” y con el conservadurismo moral. El liberalismo no ofrece utopías y permite que haya una sociedad plural que garantiza la igualdad de oportunidades y ante la ley. El futuro es el liberalismo y un gobierno limitado donde lo que predominen sea las libertades, individuales y de mercado y no las alternativas de izquierda (el fracasado socialismo del siglo XXI) o conservadoras (obsesionadas por la homofobia, la extrema religiosidad o el prohibicionismo de las drogas).

Se ha convertido en una figura emblemática como pensadora y divulgadora de ideas liberales. ¿Qué otros pensadores relevantes y mujeres liberales destacaría como interesantes a seguir en este momento?

G. A. Existe toda una generación que está trabajando en la senda liberal. Se trata de figuras como la de Vanesa Vallejo en Colombia, Aixel Kaiser en Chile, Benegas Lynch y Alejandro Martí en Argentina, el Partido Novo y el Instituto Misses en Brasil, los hermanos Regil, Luis Alberto Salinas en México, el Movimiento Unidad en Nicaragua o Rosa María Payá en Cuba. Es muy destacable la presencia y el peso de la mujer en el mundo de las ideas políticas: además de las citadas Vanesa Vallejo y Rosa María Payá destaca María Blanco González, quien lleva a cabo una reivindicación de la mujer liberal frente al feminismo radical.

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Zaatari, la ciudad de lata cuatro años después https://www.esglobal.org/zaatari-la-ciudad-lata-cuatro-anos-despues/ Tue, 20 Jun 2017 06:00:18 +0000 https://www.esglobal.org/?p=36018 Zaatari se levantó como campo para refugiados oficialmente en el verano de 2012, debido a la ola de sirios que huían de la guerra civil y que se fueron acumulando en el norte de Jordania. Desde entonces, cientos de miles –fuentes jordanas incluso cuentan en millones– han cruzado la frontera de forma...

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Zaatari se levantó como campo para refugiados oficialmente en el verano de 2012, debido a la ola de sirios que huían de la guerra civil y que se fueron acumulando en el norte de Jordania. Desde entonces, cientos de miles –fuentes jordanas incluso cuentan en millones– han cruzado la frontera de forma ilegal. Hoy se calcula que residen en el campo de Zaatari en torno a 70.000 personas.

Después de cuatro años desde su construcción, el campo de refugiados de Zaatari se parece bastante a una urbe. En la imagen, Al Souq Street, una de las calles principales del campo, donde se encuentran la mayor parte de tiendas y establecimientos. (Jacobo Morillo) No fue casualidad que se eligiera Zaatari como lugar para levantar el que actualmente es el cuarto centro urbano más grande del país: a pesar de las críticas por su zona desértica, el área de Al Mafraq cuenta con una balsa de agua subterránea. Aún así el tema del agua ha sido un asunto rodeado de polémica, con una crítica prioritaria de los refugiados sobre su servicio: “La situación era tan pobre que tenía que recorrer kilómetros para conseguir agua, y no podía ir al baño cuando lo necesitaba”, cuenta Arwa, una refugiada de Damasco que pasó solo unos días en el campo, y que ahora reside en el municipio de Rusaifa, a 25 km de Amman. En la imagen, explanada dentro del campo donde los niños aprovechan el espacio para jugar. (Jacobo Morillo) Uno de los mayores problemas es la cantidad de menores que viven en Zaatari. La mitad de los refugiados no superan los 18 años. A medida que se cruza el campo uno no tarda en percatarse de la cantidad de bebés y niños que han nacido allí. En la imagen, niños en la puerta de su alojamiento en una calle secundaria del campo. (Jacobo Morillo) Los refugiados pueden salir de Zaatari entre un par de horas y 20 días como máximo, solicitando previamente una autorización, para realizar las compras necesarias que exige la vida en el campo. Cuentan con un un documento de “prueba de registro” proporcionado por ACNUR válido sólo mientras permanezcan en los campos, proporcionado por ACNUR. Jóvenes refugiados se aglutinan contra la verja que da a los centros médicos y de seguridad, único punto del campo con conexión a Internet. (Jacobo Morillo) Los refugiados vivían al principio en tiendas de plástico, hoy empleadas para los animales. Con el paso de los meses y previendo que la situación se prolongaría, se construyeron caravanas de plástico, como las de la imagen, recubiertas por placas de latón, que cuentan con grandes tanques de agua con relativa abundancia, dependiendo de las calles. (Jacobo Morillo) “El campo es como una ciudad. Tiene sus propios organismos que hacen de ministerios: sanidad, educación, alimentación y agua”, explica Gavin David White, trabajador de ACNUR. Hay centros educativos para menores de todas las edades. Sin embargo, el número de horas invertido en la enseñanza es demasiado reducido. En la imagen, niños se juntan al salir de la escuela. (Jacobo Morillo) La seguridad del campo recae en las fuerzas jordanas, que se encargan de mantener el orden mediante el registro y control de toda persona que entra o sale de la nueva urbe. El Ejército ha desplegado amplios recursos para normalizar la situación y evitar brotes de protestas y escapadas de retorno a Siria. (Jacobo Morillo) La región de Al Mafraq ha multiplicado su importancia, así como su población. Taxistas, pastores y comerciantes ven cómo la zona es hoy mucho más transitada. En el campo, la bicicleta se ha convertido en el medio de transporte común entre los refugiados de Zaatari. (Jacobo Morillo) Durante los primeros años del éxodo, el descontento era notable y generalizado entre los sirios. Zaatari es hoy una aglomeración que intenta asemejarse a lo que sus residentes perdieron no hace tanto tiempo, y que poco a poco va cobrando forma de ciudad. No sería el primer campo de refugiados que se transforma en urbe en Jordania. Un pastor jordano conduce su rebaño a las puertas del campo de refugiados de Zaatari. (Jacobo Morillo)

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El día después del desmantelamiento del pseudocalifato de Daesh https://www.esglobal.org/dia-despues-del-desmantelamiento-del-pseudocalifato-daesh/ Mon, 19 Jun 2017 08:06:24 +0000 https://www.esglobal.org/?p=35865 Aunque Daesh desaparezca, el terrorismo yihadistas permanecerá si no se ponen en marcha vías alternativas que le den una salida a las sociedades que han vivido bajo su dominio. Aun así, no hay garantías de éxito. Ya son varias las veces que hemos asistido al desmantelamiento de los pseudoemiratos y ...

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Mujeres iraquíes caminan por las calles del sur de Mosul, destruido, mientras las tropas del Gobierno de Irak lucha contra los miembros de Daesh. (Karim Sahib/AFP/Getty Images)

Aunque Daesh desaparezca, el terrorismo yihadistas permanecerá si no se ponen en marcha vías alternativas que le den una salida a las sociedades que han vivido bajo su dominio. Aun así, no hay garantías de éxito.

Ya son varias las veces que hemos asistido al desmantelamiento de los pseudoemiratos y pseudocalifatos que algunos grupos yihadistas han pretendido erigir en determinados territorios. Así ocurrió, ya en la última década del pasado siglo, con el Emirato Islámico de Afganistán, constituido por el tándem Al Qaeda-Talibán y convertido durante un tiempo en el refugio principal de buena parte de los yihadistas del planeta. Ya en este siglo, lo mismo ha sucedido con otros, como el creado en el norte de Nigeria por el entonces denominado Boko Haram (hoy rebautizado como Wilayat al Sudan al Gharbi), en parte de Somalia por Al Shabab, en el llamado Azawad del norte de Malí por Muyao y Ansar Dine y, más recientemente, en la zona circundante a la ciudad libia de Sirte por efectivos de Daesh.

Todo apunta a que lo mismo ocurrirá a corto plazo con el instaurado el 29 de junio de 2014 por Abubaker al Bagdadi, renombrado a sí mismo como califa Ibrahim, en parte del territorio de Siria e Irak. Y esto es así porque, encerrados en su irrealidad y empeñados en no aprender nada de las experiencias nefastas de sus antecesores, los líderes de Daesh han vuelto a tropezar con la misma piedra. Así, han pretendido constituir un fantasmagórico “Estado”, fijándose en el terreno y, por tanto, perdiendo una de las principales ventajas de todo grupo irregular: la movilidad permanente. En lugar de difuminarse en el terreno y concentrar sus fuerzas únicamente para desarrollar una acción violenta puntual contra sus adversarios y volver a evaporarse, su pretensión de actuar como una entidad estatal, con un territorio propio y una población (voluntaria o forzosa) a su cargo, les ha llevado a hacerse permanentemente visibles y a estar localizados en una zona concreta. De ese modo, han pasado a convertirse de manera directa en un objetivo rentable para la maquinaria militar de coaliciones internacionales como la que lidera Washington; lo que se traduce más pronto o más tarde en la imposibilidad para mantener sus feudos principales.

Un grupo de hombres mira la bandera yihadista en Raqa, Siria en 2013. (Mohammed Abdul Aziz/AFP/Getty Images)

Pero si volvemos la vista a los ejemplos ya mencionados podemos pronosticar asimismo que, en función de las equivocadas y sesgadas estrategias de respuesta aplicadas hasta ahora a la amenaza que representan esos grupos, la próxima pérdida del territorio que durante estos tres últimos años ha controlado Daesh no supondrá de ningún modo su derrota definitiva ni, mucho menos, el final de la amenaza del terrorismo yihadista. Por supuesto, Mosul, Raqa y tantas otras localidades en Irak y Siria volverán a librarse del siniestro dictado yihadista; pero eso, por sí mismo, no les asegura a sus atribulados habitantes un futuro mejor, sea quien sea el actor que pase a imponer la ley en sus calles. Tampoco cabe imaginar que, como por ensalmo, esos grupos opten por desaparecer por completo de la región. De hecho, tras perder sus posesiones territoriales, ninguno de los mencionados al principio de estas páginas se ha convertido en un sombrío recuerdo, sino que por desgracia siguen siendo inquietantes realidades de nuestros días. Igualmente, es elemental constatar que tras los sucesivos desmantelamientos ninguna de las sociedades sometidas a ese tipo de imposición yihadista ha logrado ir más allá de volver a una posición de partida que, por definición, no garantizaba la satisfacción de las necesidades básicas y la seguridad de la mayoría de la población y, por el contrario, servía de caldo de cultivo para que precisamente en ellas floreciera la semilla yihadista.

Algo nos dice, en consecuencia, que una cosa es el derribo de estos pseudocalifatos y otra, muy distinta, la derrota definitiva de sus perturbadoras propuestas y la reconstrucción de las sociedades que han dejado tras de sí. Por si hiciera falta, ahí están Afganistán e Irak como ejemplos bien visibles de las limitaciones que tienen las opciones militaristas para alcanzar algo más que, en el mejor de los casos, una simple ganancia momentánea de tiempo hasta que el estallido violento vuelve a producirse con la misma o aún mayor virulencia, mientras el conjunto de sus pobladores siguen sin ver atendidas sus demandas.

Llegados a este punto -lo cual supone asumir reiterados errores cometidos tanto por acción como por omisión- y convencidos de que la opción militar no basta, es preciso explorar otras vías para responder a situaciones que derivan de una ecuación multifactorial en la que se entremezclan fracasos de convivencia, dobles varas de media en la aplicación del derecho internacional, fallos en los procesos de integración multicultural, violación sistemática de derechos, progresiva deslegitimación de los gobiernos, insoportables brechas de desigualdad tanto en el interior de algunos países como a nivel planetario… Cuando a esas variables estructurales se le añaden las circunstancias concretas de una sociedad que ha sido sometida al yugo yihadista por un tiempo (como va a ocurrir ahora tras el desmantelamiento del delirio de Daesh en Siria-Irak), hay que insistir en que el objetivo no puede limitarse en ningún caso a volver a la casilla de salida, puesto que aquella situación fue precisamente la que propició la aparición y consolidación temporal de la desventura violenta.

Con esa intención y a modo de apuntes sobre las alternativas para encarar el desafío que plantea la lucha contra el terrorismo yihadista y la reconstrucción de sociedades que han sido sometidas a su mandato cabe considerar diferentes cuestiones.

Soluciones verdaderas. Toda respuesta que pretenda ir más allá de la mera gestión del problema, aspirando a articular verdaderas soluciones, debe asumir que el esfuerzo a realizar tiene que ser sostenido en el tiempo (no hay atajos ni fórmulas mágicas), multilateral (tanto por la corresponsabilidad de muchos actores en la creación del problema como por la necesidad de sumar fuerzas, dado que ninguno individualmente dispone de medios suficientes) y multidimensional (combinando medios socioculturales, diplomáticos, políticos, económicos y de seguridad).

Miembros de las fuerzas antiterroristas iraquíes entran en la ciudad de Sanaa, Mosul, Irak. (Ahmad Al Rubaye/AFP/Getty Images)

No solo acción militar. La experiencia acumulada nos enseña que repetir la misma acción (exclusivamente militar en la inmensa mayoría de los casos) una y otra vez, esperando resultados distintos, es una de las definiciones de la estupidez. Es evidente que en momentos puntuales será necesario otorgar el protagonismo a los medios militares; pero debemos asumir que no hay solución militar a un problema de estas características y dimensiones. Por tanto, toda estrategia antiterrorista y de reconstrucción debe incorporar instrumentos y actores muy diversos para lograr efectos concluyentes.

El desarrollo, la seguridad y los derechos humanos son, como ya recordaba Kofi Annan en 2005, los pilares fundamentales para lograr un mundo más justo, más seguro y más sostenible. Para conseguir mejoras efectivas la tarea debe realizarse de manera simultánea en los tres ámbitos (no de forma secuencial, apostando primero por la seguridad, como suele hacerse), poniendo las bases para lograr una integración plena de todos los que comparten un mismo territorio. La integración social, política y económica es, en síntesis, la clave de bóveda para, al menos, alejar la violencia como método de resolución de problemas y encarar un futuro más prometedor en el que yihadismo no tenga cabida.

En el terreno del desarrollo esa integración pasa por centrar el esfuerzo en la reducción (o, idealmente, eliminación) de las brechas de desigualdad que existan en la sociedad objeto de atención. Para ello, en el terreno social, es imprescindible eliminar las causas que generan situaciones de marginación o discriminación, sea por cuestiones étnicas, religiosas, de género o cualquier otra. Lo mismo ocurre en el terreno político, procurando garantizar los derechos políticos de toda la ciudadanía, al tiempo que se consolidan estructuras de poder realmente representativas y legitimas. Por último, en el terreno económico resulta igualmente necesario crear oportunidades abiertas a todos para la incorporación al mercado de trabajo (recordemos que en muchos casos, ante la falta de alternativas en la economía formal, los grupos yihadistas son vistos por una población desasistida como atractivas fuentes de ingresos y asistencia). Pero no menos importante es eliminar los altos niveles de corrupción e ineficiencia que definen a muchos de los actores políticos y económicos que han sacado provecho de la falta de división de los poderes públicos, de la ausencia de un Estado de derecho y de la negación generalizada de derechos.

Tareas. El listado a realizar es sumamente amplio, yendo desde la reconstrucción de infraestructuras físicas destruidas por los violentos a la creación de otras inexistentes, sin olvidar la potenciación del sector privado, en escenarios habitualmente marginados por falta de voluntad política de los más poderosos para ir más allá de los enfoques sectarios que tantas veces definen su manera de entender y ejercer el poder. Es asimismo indispensable fortalecer las instituciones, potenciar medios de comunicación independientes y sistemas educativos integradores, evitando su acaparamiento y manipulación por parte de actores que pretenden mantener sus privilegios a toda costa.

En el área de la seguridad, la labor comienza inevitablemente por restablecer el monopolio del uso legítimo de la fuerza. Eso supone poner en marcha programas de desarme, desmovilización y reintegración de excombatientes, tema siempre delicado por las tensiones que eso puede producir entre víctimas y victimarios. Pero también implica instaurar mecanismos de control político de las fuerzas armadas y de seguridad, así como reformar los sistemas judiciales y restructurar los sistemas penitenciarios para ajustarlos al imperio de la ley. La seguridad humana -en sus múltiples dimensiones personal, alimentaria, económica, de salud, ambiental, comunitaria y política- debe reemplazar a la seguridad del Estado como marco de referencia prioritario, entendiendo que solo a través del bienestar y la seguridad de todos será posible desactivar la espoleta de la radicalización violenta.

Una mujer en Alepo, después de que la ciudad fuera tomada por las fuerzas gubernamentales del régimen sirio. (George Ourfalian/AFP/Getty Images)

Los derechos humanos, habitualmente relegados a una posición secundaria, constituyen una pieza fundamental, sin la cual ni es posible el desarrollo ni la seguridad. Interiorizar los valores y principios que recoge la Declaración Universal de los Derechos Humanos solo puede lograrse si se fomenta la emergencia de una sociedad civil fuerte y autónoma que permita la labor de los defensores de los derechos humanos y la actividad de organizaciones de vigilancia sobre su pleno respeto.

Apoyo externo. En esta ingente tarea -teniendo en cuenta las carencias de unas instancias gubernamentales locales muy deterioradas como resultado acumulado de sus propias deficiencias y su absorción por los yihadistas– es imprescindible contar con apoyos externos. Difícilmente podrá una sociedad castigada por el dominio yihadista salir del túnel donde haya quedado tras su retirada si no cuenta con ayuda externa, incluso asumiendo la necesidad de establecer mecanismos de condicionalidad positiva para vencer las resistencias que impiden mirar hacia adelante.

Esa ayuda no solo se traduce en transferencias de fondos hacia los más necesitados, sino también en una mayor coherencia de políticas por parte de los donantes, apostando por el derecho internacional y los derechos humanos como referencias centrales a la hora de enjuiciar los comportamientos de cada uno. En esa misma línea, visto desde los países occidentales, resulta inaplazable la reformulación de una política exterior que desde hace décadas se apoya en regímenes políticos corruptos, autoritarios, ineficaces y crecientemente ilegítimos como socios interesados en preservar un statu quo desequilibrado en favor de unos pocos, a costa del malestar e inseguridad de muchos.

En definitiva, se trata de ofrecer una alternativa más atractiva e integradora a quienes, abandonados por sus gobiernos y menospreciados y temidos por los gobiernos y las opiniones públicas del mundo occidental, entran en una senda de radicalización que les hace ver a los yihadistas como alternativas deseables. Demonizar a quienes viven bajo su dictado, creyendo equivocadamente que todos son entusiastas simpatizantes de esa causa, es un error que se añade a tantos otros que nos ha llevado hasta aquí.

Por último, para complicarlo todo aún más conviene no olvidar que no hay garantía de éxito ni aun explorando a fondo vías alternativas como las aquí propuestas. Pero eso no puede justificar en modo alguno que sigamos anclados en esquemas que han demostrado sobradamente su inoperancia para hacer frente a una amenaza como la del terrorismo, que por desgracia nos va a seguir acompañando mucho tiempo.

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Ucrania revisa su pasado soviético https://www.esglobal.org/ucrania-revisa-pasado-sovietico/ Fri, 16 Jun 2017 08:34:54 +0000 https://www.esglobal.org/?p=36032 Ucranianos en una protesta contra la Iglesia ortodoxa ucraniana del Patriarcado de Moscú, en Kiev, 2016. Sergei Supinsky/AFP/Getty Images Así es como el país está buscando una nueva identidad, a veces de una manera controvertida. Una conversación, otrora inusual y hoy repetida, en la capital de Ucra...

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Ucranianos en una protesta contra la Iglesia ortodoxa ucraniana del Patriarcado de Moscú, en Kiev, 2016. Sergei Supinsky/AFP/Getty Images

Así es como el país está buscando una nueva identidad, a veces de una manera controvertida.

Una conversación, otrora inusual y hoy repetida, en la capital de Ucrania, Kiev, reza algo semejante:
— ¿Dónde queda esa calle?
— No lo sé, todo cambia de nombre…

No es una rareza. Lo mismo ocurre en todo el país. Todavía inmersa en una guerra, Ucrania está r...


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Jornada fronteras del siglo XXI. ¿Obstáculos o puentes? https://www.esglobal.org/jornada-fronteras-del-siglo-xxi-obstaculos-puentes/ Thu, 15 Jun 2017 12:10:10 +0000 https://www.esglobal.org/?p=36026 El próximo miércoles 21 de junio se celebrará en Zaragoza la jornada Fronteras del siglo XXI. ¿Obstáculos o puentes? organizada por el Grupo ZEIS/Grupo de investigación Estudios Europeos e Internacionales de la Universidad de Zaragoza y la Fundación ARAID con el apoyo del Vicerrectorado de Política ...

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El próximo miércoles 21 de junio se celebrará en Zaragoza la jornada Fronteras del siglo XXI. ¿Obstáculos o puentes? organizada por el Grupo ZEIS/Grupo de investigación Estudios Europeos e Internacionales de la Universidad de Zaragoza y la Fundación ARAID con el apoyo del Vicerrectorado de Política Científica de la Universidad de Zaragoza. El acto tendrá lugar de 9.30h a 14h en el salón de Grados de la facultad de derecho de la Universidad de Zaragoza.

Los ponentes de la jornada serán:

  • Gema Serón Aires (GEA‐Grupo de Estudios Africanos de la Universidad Autónoma de Madrid), ¿Libertad de circulación en África Occidental? Algunas reflexiones en relación a la dimensión exterior de la política migratoria europea.
  • Fernando Martín Cubel (Fundación SIP, Zaragoza), Los desplazados medioambientales. La iniciativa NANSEN
  • Fernando Arlettaz (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas/Universidad de Buenos Aires), Movimientos masivos de personas, asilo y non-refoulement.
  • Çağdaş Bilgin (Primer Consejero, Embajada de Turquía en Madrid), El acuerdo entre la UE y Turquía para la gestión de los flujos de refugiados.
  • Natividad Fernández Sola (ZEIS/UNIZAR), Las causas de los flujos masivos de refugiados. Contra una aplicación de conveniencia de la R2P (responsabilidad de proteger).
  • Stelios Stavridis (ARAID/ZEIS UNIZAR), Diplomacia parlamentaria y R2P: rompiendo las fronteras de los conceptos tradicionales de soberanía y diplomacia.

El evento está coordinado por Natividad Fernández Sola y Stelios Stavridis.

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El interés de España en el Sahel https://www.esglobal.org/interes-espana-sahel/ Thu, 15 Jun 2017 11:35:23 +0000 https://www.esglobal.org/?p=36015 La agenda en política exterior del Estado español sitúa en primera línea el Sahel. ¿Cuáles son los retos y las amenazas a las que se enfrenta? España dejó de mirar de reojo al Sahel hace algo más de una década. Cuando las mafias de tráfico de personas comenzaron a explorar en 2005 las rutas migrator...

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Un soldado español de la Operación Barkhane en la base francesa de la ciudad maliense de Gao. (Dominique Faget/AFP/Getty Images)

La agenda en política exterior del Estado español sitúa en primera línea el Sahel. ¿Cuáles son los retos y las amenazas a las que se enfrenta?

España dejó de mirar de reojo al Sahel hace algo más de una década. Cuando las mafias de tráfico de personas comenzaron a explorar en 2005 las rutas migratorias desde Mauritania y Senegal con dirección al territorio español, a través de las Islas Canarias. También Marruecos, mucho antes, mediante los presidios españoles de Ceuta y Melilla en el litoral marroquí. Entonces, el Estado español entendió la importancia del continente africano y en especial de los países de la subregión del Norte de África. Hasta el momento, la estrategia española pasaba en especial por su vecino más directo: Marruecos. La relación es evidentemente ancestral por el pasado colonial (anterior a esta, Guinea Ecuatorial fue descolonizada por España en 1968). El africanismo español se limitó al Norte de África (siglo XIX) y apenas se atendió con interés el Sahel hasta este siglo tras las llegadas masivas de emigrantes procedentes de los países del África Occidental, así como de Senegal, Malí, Níger o Burkina Faso. La opinión pública española comenzó a familiarizarse con estas nacionalidades. Entonces el estallido de las crisis migratorias forzó acuerdos bilaterales entre España y Unión Europea con los países neurálgicos en la salida de embarcaciones para controlar los flujos migratorios llegados al territorio español. Esta es la dinámica actual.

El aumento de la inseguridad en la región a causa de la escasez de alimentos, la extrema pobreza en las zonas periféricas de los países sahelianos y el recurso a la actividad criminal por parte de los grupos armados surgidos en tierras desérticas o medio desérticas, con efectos negativos en la llamada frontera sur de Europa, han despertado en España un interés especial no sólo en el campo de la seguridad (amenazas), sino también de la cooperación y el desarrollo (inseguridad alimentaria, sanitaria…) y en el ámbito político-institucional (ausencia de instituciones, mala gobernanza, corrupción…). En cuanto a la diplomacia económica, en algunos países del Sahel Occidental (Senegal, Mauritania y Malí), la inversión española ha aumentado de forma notable en los últimos años y la relación del tejido empresarial español con los países de la CEDEAO (Comunidad Económica de Estados del África del Oeste) es cada vez más estrecha en varios sectores, entre otros, el de las infraestructuras, que supone una necesidad urgente para los países de la parte occidental del continente. España, en el contexto europeo, es muy competitivo permitiéndole ocupar una posición privilegiada en el campo de las oportunidades económicas en África.

Sin embargo, la intervención española en el Sahel se enfoca especialmente hacia aquellos problemas de seguridad y defensa que puedan afectar a España e incluye terrorismo, piratería o tráficos ilícitos. Habrá que esperar al año 2009 para una toma de consciencia integral sobre las amenazas en el Sahel, cuando tres ciudadanos españoles eran secuestrados por un comando de una organización terrorista en una carretera que unía la capital mauritana con Nuadibú (al norte del país magrebí) y trasladados hasta el norte de Malí. Allí grupos armados de naturaleza yihadista llevaban años entrenado y participando en la red de crimen organizado, un fenómeno reciente en la región que conllevará la puesta en marcha de nuevas estrategias de los países de la CEDEAO y de la Unión Europa.

La captura de Alicia Gámez, Albert Vilalta y Roque Pascual, obligó al Estado español a iniciar una fuerte política exterior en el país saheliano, estableciendo relaciones con los jefes de Estado de la zona (Amadou Toumané Touré en Malí, Blaie Compaoré en Burkina Faso, Mohamed Ould Abdelaziz en Mauritania) para la puesta en libertad de los cooperantes españoles. Este secuestro —el primero para España, aunque anteriormente se había producido un secuestro masivo de 32 europeos— visibilizó a una organización terrorista de la que apenas se comenzaba a investigar con profundidad en España. Se trataba del Grupo por la Predicación y el Combate (GSPC) que luego se llamó Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) tras rendir lealtad a la organización de Al Qaeda en 2007. La nueva nomenclatura le dio un nuevo impulso mediático que le permitió ganar en credibilidad y en la integración entre sus filas de nuevos combatientes. A través de la movilización de la yihad, en un contexto de guerra fría entre Estados Unidos y sus intervenciones militares en Oriente Medio, se unieron muchos jóvenes magrebíes motivados por los argumentos del difunto, Bin Laden, de fagocitar una Guerra Santa que les llevaría al deseado proyecto de reunificación de las tierras del islam, así como a la búsqueda de una propia identidad. Este era el eslogan inicial que permitió la adhesión a las filas de Al Qaeda aunque no sólo respondió a factores de carácter internacional, también internos relacionados con la falta de solvencia económica y con los sistemas autócratas impuestos en los países del Magreb. AQMI se consolidó bajo estas siglas mediante un reordenamiento de sus propias filas que al poco tiempo se tornaron muy locales y a lo sumo regionales (es decir, integrantes mauritanos, malienses y nigerinos). Así las cosas, AQMI consiguió evolucionar, durante sus años álgidos coincidiendo con el régimen de Amadou Toumané Touré (ATT), desbancado de la silla presidencial tras un golpe de Estado en 2012.

Fuentes de conflictividad

Esta organización ha sido el causante de la desestabilización en el Sahel, aunque no el único. Desde los tiempos precoloniales, el territorio ha significado fuente de conflictos porque ha servido de tránsito de las poblaciones autóctonas —sometidas a profundas jerarquías tribales— y de cruce de rutas que transcurren entre el norte y el sur; el este y el oeste. El espacio ha estado, directamente, relacionado con la movilidad social o con las aspiraciones sociales y políticas y el intercambio comercial. Es decir, el territorio ha jugado un rol crucial en la construcción de los antiguos grupos nómadas que históricamente se han dedicado al nomadismo y al comercio transfronterizo transportando oro, sal y comercializando con esclavos, una de las actividades más intensas en las tierras sahelianas. En este sentido, las poblaciones nómadas supieron siempre ingeniárselas para sortear las dificultades de un denso territorio desértico y llevar a cabo las travesías transnacionales para ganarse la vida. También supieron ingeniárselas ante las dificultades generadas por la colonización francesa (en el siglo XIX) que representó un primer freno contra el modo de vida de las familias nómadas para las que el tránsito o la circulación constituyeron los pilares básicos del comercio transfronterizo.

El desembarco de la administración colonial trajo métodos urbanos que transformaron los parámetros sobre los que se asentaban las diferentes comunidades tribales. A partir de 1930, la llegada del automóvil revolucionó el transporte sahariano y los comerciantes invirtieron en la compra de camiones que les ahorró el tiempo en el transporte de mercancías. De esta manera cubrían más distancias y el resultado era favorable porque incrementaba las rentas del negocio. Sin embargo, encontraron con la colonización limitaciones de circulación impuestas por la potencia ocupante que provocaron la pérdida de coherencia en el territorio. Fueron trazadas líneas fronterizas que pondrían con el tiempo barreras en forma de aranceles a un espacio libre donde el autóctono se consideraba un ser integralmente libre vinculado al intercambio comercial transfronterizo. Este intercambio de productos mediante las fronteras, a pesar de las dificultades, siguió desarrollándose con la independencia de Malí en 1962, bajo una ilegalidad tolerada y siempre de manera más o menos organizada. Los antiguos nómadas se han adaptado a las circunstancias y a los nuevos contextos por supervivencia y a principios del siglo XX lo han vuelto a hacer, implicándose en las operaciones de secuestros de europeos que han representado una industria millonaria y, por supuesto, en el tráfico de drogas procedentes de América Latina, en el caso de la cocaína, y Marruecos, del hachís.

La seguridad

El impacto del crimen organizado provocará una reconfiguración del espacio con la aparición de nuevos grupos armados movidos por recursos económicos y militares (a partir del año 98), así surgirán organizaciones de naturaleza yihadista escindidas de la matriz de AQMI, como MUJAO (2011), Al Mourabitún (2012), Ansar Dine (2013) y más recientemente el Frente de Liberación de Macina (2014). El componente tribal en cada uno de estos grupos es fundamental teniendo en cuenta el tipo de sociedad caracterizada por una estructura social y política tribalista, en donde las relaciones de fuerza se miden según la posición jerárquica dentro de una comunidad. Así, España debe hacer frente a una población estratificada dentro de la comunidad tuareg, árabe, peul o songhai que se extienden a lo largo de la franja del Sahel. Además de los batallones inspirados en la ideología yihadista, existen otros grupos armados de carácter secesionista (los que han venido protagonizando las sublevaciones armadas en el norte de Malí contra el poder central para alcanzar la independencia) y que igualmente se construyen teniendo en cuenta el elemento tribal pero también la capacidad militar de cada uno de ellos. Estos son al igual origen de la inestabilidad de la región.

Miembros del grupo yihadista MUJAO. (Issouf Sanogo/AFP/GettyImages)

Todos los grupos armados luchan por el control de un espacio floreciente en actividades criminales de manera que resulta difícil encontrar las fronteras entre los actores del narcotráfico, el yihadismo y el secesionismo. Los tres grupos rompieron con los equilibrios de poder (2012) hasta entonces logrados con el Estado y se levantaron en armas provocando una división del país entre norte y sur. Una intervención internacional liderada por Francia en 2013 trató de restablecer la integridad territorial. Dicha intervención fue aprobada tras una resolución de Naciones Unidas e implicó la colaboración de otros socios de la UE como España (la Estrategia de Seguridad Nacional de 2013 apunta el Sahel como una de las zonas vitales en la próxima década en la que se será necesario actuar para fomentar la seguridad española). Cuatro años después, en el norte de Malí sigue librándose un conflicto multidimensional porque no sólo actúan los guerrilleros secesionistas dispuestos a alcanzar un acuerdo de paz con la Administración central, también los yihadistas malienses en desacuerdo con cualquier normalización política.

El Gobierno español apoyó la misión internacional enviando tropas al sur de Malí en Koulikoro (suroeste) para la formación y adiestramiento de fuerzas autóctonas en el marco de la misión europea (EUTEM). Las Fuerzas Armadas participan con más de cien efectivos en el país en colaboración bilateral con Francia. Igualmente, un contingente español (destacamento Marfil) apoya desde Senegal en el transporte aéreo a la operación Berkán, liderada por Francia en el Sahel en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado.

La necesidad de construir un ejército en Malí es acuciante, pero difícil en un corto plazo de tiempo, puesto que el poder central es incapaz, por escasez de medios y recursos humanos, de neutralizar a los grupos rivales y competidores del norte. Otras misiones civiles con participación española bajo bandera de la UE se han empezado a desarrollar en el campo de la formación y capacitación de cuerpos y fuerzas de seguridad de Malí (EUCAP) —también en Níger—en aras de una mayor estabilidad en un país que sufre, actualmente, una división de facto entre el norte (se negocia una acuerdo de paz bajo los auspicios de la ONU que transfiera poderes a las nuevas élites militares del norte) y el sur.

En este sentido, la implicación de los países de la UE y de España, particularmente, es importante para la gestión de unas debilitadas fronteras atravesadas por los grupos del crimen organizado, indisociables del fenómeno yihadista o secesionista. El apoyo a los Estados del Sahel, en concreto a Malí, es necesario para hacer frente a las ideologías rigoristas procedentes de los países del Golfo cuyo adoctrinamiento salafista está pervirtiendo el islam sufí de tendencia malikí que ha envuelto el Sahel. Además, es crucial un acompañamiento a los Estados para que en el futuro puedan proporcionar nuevas herramientas a una creciente juventud desempleada, cuyas parcas posibilidades de futuro les obliga a caer en las filas armadas o en las rutas migratorias buscando un mejor porvenir. Los flujos migratorios no menguan precisamente por la falta de oportunidades que ofrecen sus países de origen y les conducen hacia puentes de tránsito a Europa como Libia, cuyo vacío securitario, desde la guerra de 2011, ha permitido a las mafias utilizar esta vía para el tráfico de seres humanos. Las fuerzas armadas españolas también participan en una misión de la Unión Europea en aguas del Mediterráneo, frente a las costas libias, para luchar contra un modelo de negocio millonario que cada día pone en riesgo la vida de cientos de personas.

Las relativamente recientes guerras en el Norte de África (Libia) y el posterior conflicto surgido en Malí e incluso Nigeria han contribuido a la fabricación de una nueva agenda para la política exterior española que sitúa en primera línea el Sahel. El interés no sólo se limita a la clase política, la producción española histórica, académica y periodística sobre la región del Sahel empieza a desarrollarse contribuyendo a que la región sahelo-saheriana se convierta en zona de estudios para todos.

 

 

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