Esglobal https://www.esglobal.org Política, economía e ideas sobre el mundo en español Fri, 18 Aug 2017 09:50:39 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.8.1 Blancos, pobres y muy cabreados: entendiendo la América de Trump https://www.esglobal.org/blancos-pobres-cabreados-entendiendo-la-america-trump/ Fri, 18 Aug 2017 08:15:17 +0000 https://www.esglobal.org/?p=36784 La esperanza de volver a ser grande otra vez. ¿Por qué el presidente estadounidense movilizó a determinados sectores de la población del país? Hillbilly, una elegía rural J.D. Vance Deusto Ediciones, 2017 Hillbilly es el libro del año en Estados Unidos y pronto será una gran superproducción de Holly...

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Blancos, pobres y muy cabreados: entendiendo la América de Trump

Fachada de una casa partidaria de Donald Trump en Columbiana County, Ohio, EE UU. (Ty Wright/Getty Images)

La esperanza de volver a ser grande otra vez. ¿Por qué el presidente estadounidense movilizó a determinados sectores de la población del país?


Blancos, pobres y muy cabreados: entendiendo la América de Trump

Hillbilly, una elegía rural

J.D. Vance

Deusto Ediciones, 2017


Hillbilly es el libro del año en Estados Unidos y pronto será una gran superproducción de Hollywood, pero además es el primer texto que debería leer cualquier persona que se pregunte: ¿cómo demonios puede ser Donald Trump el presidente de EE UU?

Como reconoce el propio autor, Hillbilly es una autobiografía poco corriente ya que su protagonista aún no ha cumplido los 35 y tampoco ha hecho nada reseñable. Con esto quiero decir, además de llegar desde una pequeña y deprimida ciudad de Ohio a graduarse con honores en la facultad de Derecho de Yale. Puede parecer algo menor, pero no lo es. Como él mismo explica, de su clase del instituto apenas uno de cada cinco alumnos acabó la educación secundaria y prácticamente ninguno salió del estado para ir a la universidad. A la luz de las estadísticas, la de J.D. Vance es toda una gesta digna de una temprana autobiografía.

Su historia es la de tantos jóvenes blancos de ciudades y pueblos del interior de EE UU. Familia desestructurada con problemas de drogas, encontronazos con los servicios sociales y la justicia, falta de perspectivas profesionales… pero con final feliz.

El éxito de Hillbilly es que traslada al lector a una parte del país que rara vez sale en la prensa pero que ha sido clave en el giro político que ha dado en los últimos meses.
En las costas muchos se preguntaban qué era esa “epidemia de drogas” de la que hablaba Donald Trump en campaña cuando justificaba la construcción del muro con México, pero en Ohio todos lo saben. Según datos del Centro Nacional de Estadísticas Sanitarias citados por el diario The Guardian, en el sur del estado las muertes por sobredosis se han quintuplicado en los últimos quince años.

En Silicon Valley o en Tribeca sonaba a chiste de mal gusto el eslogan de Trump de “Hagamos a América grande otra vez”. “¿Por qué?, si las cosas van mejor que nunca”. Pero en Middletown, Ohio, las cosas van muy mal. Los abuelos que llegaron allí huyendo del cierre de las minas en Appalachia (en la región de Virginia) ven ahora cómo las industrias que los recibieron echan a su vez el cierre dejando a sus nietos desamparados. Y la historia se repite a lo largo de EE UU. El empleo industrial y su promesa de una vida de clase media para gente sin estudios desaparece. Más de cuatro de cada diez blancos de clase trabajadora dicen que viven peor que sus padres. El ‘sueño americano’ no funciona para ellos… es el mejor caldo de cultivo para un político listo.

Si rebobinamos hacia la última campaña presidencial, veremos que el mensaje de Donald Trump era perfecto para esas personas. El republicano ofrecía un futuro mejor y además una inyección de orgullo. Trump decía claramente que la culpa era de los “desastrosos acuerdos comerciales” y que países como China o México se habían llevado todo el empleo industrial y “se reían de EE UU”. La culpa, remarcaba Trump, era de los  “estúpidos” gobernantes y en ningún caso de los “fantásticos” trabajadores estadounidenses que con él “iban a cansarse de tanto ganar”. Un mensaje económico optimista y redondo, sin matices, para una parte del país en la que la recuperación económica de Obama ni estaba ni se la esperaba. En el día de las elecciones el condado de Butler, donde está Middletown, votó por Donald Trump con una diferencia de casi 30 puntos respecto a Hillary Clinton. No es que gustaran más las soluciones del republicano, es que su rival ni siquiera decía que había un problema que solucionar.

La intención de J.D. Vance al escribir este libro no era explicar la victoria de Trump, principalmente porque ésta no se había producido. Hillbilly está escrito y publicado antes de las elecciones y en sus páginas no hay ni una sola mención al nuevo presidente, lo que a mi entender le otorga aún más valor. Como dice el subtítulo del libro en su idioma original, se trata de “la memoria de una familia y una cultura en crisis”. El término hillbilly va mucho más allá de una traducción como “paleto”, encierra siglos de identidad cultural protestante, blanca y de clase trabajadora. Una forma de vida amenazada en varios frentes.

El autor escribe sin odio de su ciudad, de su familia y de su viaje vital, explicando que más allá de los problemas muy reales de la clase blanca trabajadora, ésta también es víctimas de su propio pesimismo y de una cultura familiar y profesional que no ayuda en absoluto. Vance es, en cierto modo, implacable con sus vecinos, a los que también considera responsables de su propia situación. En el libro es central su visión del papel de la familia a la hora de motivar a los más jóvenes. Como hijo de un padre ausente y una madre adicta, criado principalmente por sus abuelos, no se explica que tantos varones de su misma generación tengan hijos de los que no se ocupan. Según datos de la Oficina del Censo de EE UU, menos de la mitad de los padres que tienen que pasar pensión alimenticia está completamente al corriente de pago, pero según el autor en determinadas partes del país el abandono es más la norma que la excepción.

Por encima de todo, Vance cree que la culpa del declive de la sociedad en la que ha crecido la tiene la falta de expectativas, la sensación de que el fracaso no sólo es esperable sino casi inevitable. Explica que contra todo pronóstico, los blancos de clase trabajadora son estadísticamente más pesimistas sobre el futuro que los afroamericanos o hispanos, que viven en condiciones de pobreza objetivamente mucho más duras. Aunque sigan “mejor” que otros grupos, su progreso se ha detenido: según un estudio de la Brookings Institution citado por el autor, en 1970 sólo uno de cada cuatro niños blancos vivía en un barrio con un índice de pobreza por encima del 10%. Hoy son cuatro de cada diez.

Vance presenta una realidad brutal de niños que pasan hambre y miedo en el país más rico del mundo; de jóvenes que no saben abrir una cuenta bancaria o rellenar una solicitud de empleo; de adultos que sucumben a las adicciones, a la desesperanza y a la rabia. El autor no ofrece una solución mágica ni parece creer que exista. De hecho, tiene una visión bastante cínica de lo que puede o no puede hacer el Gobierno para solucionar esta crisis de la clase obrera blanca del interior. Pero es aún más duro con aquellos que en los medios o en la política viven de explotar el resentimiento de los hillbillies con noticias o promesas falsas.

Su retrato es útil para entender el éxito de la candidatura de Donald Trump en ciertas partes del país y por qué muchos de sus votantes se resisten a abandonarlo a pesar de las dificultades: llevan muchos años sin que un político les ofrezca la esperanza de “volver a ser grandes otra vez”.  Hillbilly, una elegía rural es la pieza que nos faltaba no para defender el Trumpismo, sino para comprenderlo.​

 

 

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La transición tunecina frente a un escenario a la griega https://www.esglobal.org/la-transicion-tunecina-frente-escenario-la-griega/ Thu, 17 Aug 2017 09:14:10 +0000 https://www.esglobal.org/?p=37258 El país que desató las Primaveras árabes ha visto sus ambiciones democráticas hipotecadas por un adverso contexto económico. Para el FMI la sostenibilidad del Estado, cada vez más endeudado, pasa por el reequilibrio de las finanzas públicas y la lucha contra la corrupción, impeliendo a las autoridad...

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La transición tunecina frente a un escenario a la griega

Un hombre camina por las calles de Susa, Túnez. (Chris McGrath/Getty Images)

El país que desató las Primaveras árabes ha visto sus ambiciones democráticas hipotecadas por un adverso contexto económico. Para el FMI la sostenibilidad del Estado, cada vez más endeudado, pasa por el reequilibrio de las finanzas públicas y la lucha contra la corrupción, impeliendo a las autoridades a adoptar “medidas valientes” en un marco de precariedad y acentuada contestación social.

“Las perspectivas de la economía tunecina mejoran lentamente pero los desafíos persisten”, ha indicado el Fondo Monetario Internacional (FMI) a través de un comunicado difundido al término de la misión de observación llevada a cabo en el país entre el 26 de julio y el 3 de agosto pasados. “El crecimiento está en vías de alcanzar el 2,3% en 2017 sostenido por la recuperación de los fosfatos, la agricultura y el turismo. No obstante, los obstáculos estructurales de la economía continúan lastrando la situación”, precisa. La neutralidad retórica empleada apenas oculta las inquietudes de la institución financiera internacional con relación a la delicada coyuntura económica que atraviesa Túnez. Unas dudas corroboradas por el jefe de misión del FMI en Túnez, Björn Rother, quien mientras públicamente dice confiar en la “fortaleza” tunecina, enfatizando que el crecimiento ha aumentado en un punto con respecto a 2016, en privado arremete contra la ausencia de voluntad reformadora del Gobierno. Supeditando, así, a la implementación de “medidas valientes” el desbloqueo progresivo de fondos del préstamo acordado por la institución financiera internacional en mayo de 2016, por valor total de 2,9 mil millones de dólares y de los cuales 630 millones de dólares ya han sido desbloqueados. Entre otros, apunta Rother a la necesidad de disminuir la masa funcionarial y recortar los gastos públicos en aras de la sostenibilidad del Estado, y luchar de forma decidida, y eficaz, contra la corrupción. En ausencia de esta voluntad, el FMI teme un “escenario a la griega” susceptible de hipotecar las esperanzas de cambio democrático en el país.

El panorama es poco halagüeño. La tasa de crecimiento actual es aledaña al 2%, el desempleo medio es del 15%, si bien se eleva al 35% entre jóvenes y mujeres, y es muy superior en el interior que en la costa; la inflación subyacente en junio se ha situado en el 5,5% y el dinar ha perdido más del 25% de su valor frente a las divisas internacionales desde 2016, incidiendo en la pérdida de poder adquisitivo y nivel de vida de los tunecinos, y fomentando los déficits, dilatando una deuda internacional cada vez más insostenible. Con todas las presiones que esto genera sobre el margen de maniobra presupuestaria del Estado. El FMI nota de forma particularizada el crecimiento “demasiado rápido” del endeudamiento, necesario para financiar el agujero presupuestario persistente, pero paliado por el recurso a créditos cuyos efectos negativos se harán patentes a medio plazo. Comparado con otros países árabes (Egipto, Jordania y Marruecos), Túnez ha acumulado una deuda internacional mucho más importante, que era del 35,6% del PIB en 2010 y que a finales de 2017 se estima se sitúe en el 62,1%. Una deuda que representa un “peligro mortal”, en palabras de Rother, ya que, en un primer momento, su amortización más intereses devorará partes cada vez más importantes de ingresos públicos para, ulteriormente, derivar en una situación en la que el Estado se vea amenazado de insolvencia. Y todo ello sin tomar en consideración una eventual alza de las tasas de interés mundiales, que sería letal para un país donde dos tercios de la deuda se ha contraído en divisas extranjeras.

Contener la hemorragia

La transición tunecina frente a un escenario a la griega

Turistas en el mercado de Djerba, Túnez. (Fethi Belaid/AFP/Getty Images)

Junto con la tímida recuperación industrial, la nota que más llama al optimismo es la evolución del sector turístico, que ha retomado los valores positivos desde el comienzo del año. Según la Oficina Nacional Tunecina del Turismo (ONTT), se registraron 1.725.891 llegadas entre enero y mayo de 2017, cifra que implica una progresión del 46,2% con respecto al mismo periodo del pasado ejercicio, si bien el 60,2% de turistas provienen de otros países magrebíes mientras que apenas un 17% son europeos, destacando la presencia de franceses, rusos, alemanes, italianos y, en menor medida, británicos. “Incluso si las previsiones del verano son buenas para los mercados tradicionales, sobre todo el mercado interno y el argelino, lo cual llama al optimismo, hay que ser muy prudente habida cuenta que la imagen de Túnez sigue siendo frágil y la visibilidad a la medio y largo plazo no es del todo clara”, expone Afif Kchuk, presidente de la ONTT. Los avances operados en la lucha antiterrorista y contra la inseguridad ciudadana han redundado en la recuperación de la confianza de los turistas e inversores, según el Gobierno, que ha querido ver en la redención de tan fundamental pilar de la economía local, que representa el 7% del PIB, un síntoma sin paliativos de la anhelada recuperación económica. El optimismo del Ejecutivo encabezado por Yusef Chahed contrasta con la visión del FMI, para quien la acción gubernamental se antoja “incapaz” de hacer frente a la depresión o, al menos, de estabilizar la situación, adoleciendo el país de una “fragilidad estructural”, llamando a ajustes “urgentes” y “valientes” para “contener la hemorragia” y  “evitar lo peor”, invitando al Gobierno a repensar su estrategia económica, renovar sus instrumentos de intervención y clarificar sus paradigmas.

El talón de Aquiles de la reforma son las finanzas públicas. Desde 2011, año en que se desató la ‘revolución jazmín’, los gastos del Estado han crecido el doble que sus ingresos, una tendencia que se ha acentuado a partir de 2016, ejercicio durante el cual la recaudación impositiva sobre beneficios se redujo un 3% y la de tasas sobre el comercio exterior en un 10%, lo cual ha hecho saltar todas las alarmas sobre la evasión fiscal y el recurso cada vez más acentuado al sector informal. El FMI se ha mostrado particularmente crítico con el doble lenguaje del Gobierno, que prometió reducir su masa funcionarial pero que, en paralelo, para alcanzar un clima de paz social y estabilidad, acordó con la principal central sindical del país, la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT) un aumento de las remuneraciones de los empleados del sector público que el ministerio de Finanzas situó en un 16,6% en 2016. A esto hay que añadir el alza de los intereses de la deuda (20,4%), que ha supuesto un incremento de un 9,3% del diferencial entre ingresos y gastos, ahondando el déficit presupuestario de 2016 en 5,5 mil millones de dinares, monto que representa un 6,2% del PIB tunecino. “Vivimos a crédito muy por encima de nuestros medios, dejándonos llevar por la embriaguez del consumo y de las importaciones sin discernimiento alguno en detrimento de cualquier forma de racionalidad económica”, condena Jedi Mexri, periodista de L’Économiste Maghrébin, soporte económico de referencia en Túnez. Según éste, “sin la avalancha de créditos exteriores, que no sabemos cómo vamos a devolver sin hipotecar aún más nuestro futuro, nuestras finanzas públicas, nuestras reservas de cambio, nuestro nivel de consumo, nuestras cajas sociales estarían en un estado desastroso”. Para el FMI, Túnez no tiene otra alternativa que la de contener y frenar la hemorragia de sus déficits en aras de la estabilidad económica, la paz social e impulsar, en último término, la anhelada transición democrática.

Transición en riesgo

Desde la insurrección popular de 2011, los diferentes gobiernos al frente del país han estado conformados por amplias coaliciones que integraban a los principales actores de la escena política y partisana, sindicatos, elites económicas y tecnócratas. Las políticas desplegadas son debedoras de mínimos consensos que impiden acometer reformas en profundidad, ya que podrían tener un pernicioso impacto electoral o derivar en la aversión de amplias franjas de la población. El riesgo terrorista no ha dado tregua al Gobierno, al igual que la contestación social, particularmente en las regiones mineras al sur del país. Un ejemplo de lo delicado de la situación social lo encontramos el 10 de mayo de 2017 en la pequeña localidad de Teburba, 35 kilómetros al oeste de la capital, en la prefectura de La Manuba, que se convirtió en teatro de violentos enfrentamientos entre cientos de jóvenes y las fuerzas de seguridad. En el origen de la contestación: la tentativa de inmolación de un vendedor ambulantes de frutas al que la policía le impidió trabajar. La situación inmediatamente evocó el acontecimiento fundador de la revolución tunecina de finales de diciembre de 2010, cuando las fuerzas del orden confiscaron la mercancía de Mohamed Buazizi, quien terminó por quemarse a lo bonzo ante la residencia del gobernador de Sidi Buzid, también en el interior del país. “El drama de Teburta no es un hecho aislado. Los suicidios y automutilaciones son frecuentes en el seno de una juventud abandonada a su suerte y en constante rebelión, que mantiene elevado el clima de tensión social y hace que el país se interrogue constantemente sobre sus posibilidades de futuro en un contexto de crisis multiforme”, enfatiza el periodista e investigador argelino Akram Belkaid.

Elecciones libres, formación de una asamblea constituyente, adopción de una constitución ejemplar en su contexto, en un momento en que los levantamientos en otros países árabes degeneraban en guerras civiles, étnicas y tribales; Túnez representaba un halo de esperanza para todos aquellos que creían en el cambio democrático. Cuando en 2013 el país estuvo a punto de sucumbir a la violencia tras el asesinado de dos líderes políticos a manos de elementos islamistas, de nuevo la madurez del pueblo tunecino prevaleció, poniéndose en marcha el Cuarteto por el diálogo nacional. En 2015 se produjeron los atentados contra el Museo de El Bardo, en Túnez, y en un hotel de Susa, que se saldaron con decenas de víctimas, despertando el fantasma del terrorismo. Las complejidades geopolíticas del entorno regional, sumido en el caos y la violencia, incide de forma negativa en la imagen del país. La concesión en 2015 del Premio Nobel de la Paz al Cuarteto no logró hacer salir completamente a Túnez del aislamiento político, mediático y económico, que era el objetivo último pretendido por las huestes terroristas, junto con el entierro del proyecto democrático tunecino. El actual Gobierno no lo ha hecho mejor que sus predecesores. A pesar de su juventud y dinamismo, Chahed no ha logrado granjearse la confianza de parados y atenuar el bloqueo industrial, el cierre de pozos petrolíferos y la obstrucción de carreteras. Sí, es cierto que su popularidad ha aumentado desde que declaró la guerra a la corrupción que mina la economía y la confianza de los actores económicos.

El pasado 23 de mayo las autoridades pusieron en marcha una vasta operación que se  venía gestando desde varios meses atrás. En apenas unas semanas desde su lanzamiento se produjeron más de una decena de arrestos de conocidos operadores económicos acusados de contrabando y comercio informal, destacando la detención de Chafik Larraya, personaje conocido por su proximidad con los Trabelsi, la familia política del depuesto presidente Zine el Abidine Ben Alí. Más allá de la voluntad manifestada y de gestos como el lanzamiento de esta “guerra contra la corrupción”, como la bautizó el propio Chahed, el polo financiero encargado de orquestar y coordinar las acciones en tan particular lucha, instaurado en 2011 pero no oficializado hasta diciembre de 2016, se enfrenta a día de hoy al tratamiento de más de 1.300 dossiers con apenas media docena de jueces. “A pesar de sus promesas, el presidente sigue actuando de forma inconsistente, aleatoria y en muchos casos discrecional, sin duda debido a la falta de medios, de capacidades y de ausencia de visión estratégica”, estima Asef Ben Ammar, profesor de origen tunecino de economía política en la Universidad de Quebec. La transición política hacia un régimen democrático permanece supeditada a la morosidad económica y social del país, seis años después del inicio de la revolución. “Túnez no tiene otra opción que avanzar, reformar su administración pública, acabar con la corrupción y promover la inversión, lo cual pasa por acometer dolorosas reformas económicas”, sentencia Ben Ammar.

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El talón de Aquiles de Trump https://www.esglobal.org/talon-aquiles-trump/ Wed, 16 Aug 2017 06:29:58 +0000 https://www.esglobal.org/?p=37128 El Presidente estadounidense parece mostrarse incapaz de alcanzar unos logros legislativos dignos de formar un legado de la manera que lo hicieron muchos de sus antecesores en el cargo. “Unos perdedores absolutos”. “Unos estúpidos que pierden el tiempo”. “Se están riendo [los demócratas] de los repu...

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El talón de Aquiles de Trump

El presidente Donald Trump tras firmar una acción ejecutiva en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Pete Marovich Pool/Getty Images

El Presidente estadounidense parece mostrarse incapaz de alcanzar unos logros legislativos dignos de formar un legado de la manera que lo hicieron muchos de sus antecesores en el cargo.

“Unos perdedores absolutos”. “Unos estúpidos que pierden el tiempo”. “Se están riendo [los demócratas] de los republicanos”. “¡CAMBIAD LAS COSAS!” Estas no son más que algunas de las críticas que tuiteó el presidente Donald Trump contra los republicanos recientemente, como muestra de su profunda frustración por el estancamiento del intento de revocar la Ley de Sanidad de Obama.

Desde que el ex presidente Obama firmó la Ley de Sanidad Asequible (AHA, en sus siglas en inglés) y Joe Biden destacó, con razón, que era “joder, algo muy importante”, los republicanos le declararon la guerra y prometieron revocarla y aprobar otra ley en su lugar. Los activistas del Tea Party se dieron a conocer en el verano de 2010 con sus protestas, que se tradujeron en una sangría para los demócratas del Congreso durante las elecciones legislativas de ese mes de noviembre. Los republicanos de la Cámara de Representantes aprobaron más de 50 proyectos de ley para revocar el sistema de Obamacare, pero el presidente impuso su veto.

En 2016, los republicanos alcanzaron el santo grial del gobierno en Estados Unidos: el control de la Casa Blanca, la Cámara de Representantes y el Senado, en parte gracias a esa promesa de revocar y sustituir la ley de sanidad de Obama. Entonces, ¿por qué no consiguen hacerlo?

En pocas palabras, aunque el Congreso sea el brazo legislativo del Estado, la dirección política, normalmente, corresponde al brazo ejecutivo, es decir, la Casa Blanca. Y la Casa Blanca actual está encabezada por un hombre que no tiene ningún interés en el funcionamiento de la política y sí una ignorancia lamentable sobre el proceso político, aparte de sentarse a firmar una ley con gran pompa y muchos bolígrafos o vetar otra con uno solo.

Pero remontémonos un poco: veamos por qué, para un presidente, es importante sacar leyes adelante. Si examinamos las cosas por las que se les recuerda, muchas veces nos encontraremos con que lo que más huella ha dejado es alguna ley de importancia trascendental. El New Deal de Roosevelt, el Sistema de Autopistas Interestatales de Eisenhower, la Ley de Derechos Civiles de Kennedy y Johnson, la Ley de Sanidad Asequible de Obama. No todos consiguen dejar un legado legislativo memorable. Por ejemplo, a Nixon se le recuerda sobre todo por el Watergate, y mucho menos por crear la Agencia de Protección Medioambiental (EPA en sus siglas en inglés) que Trump está intentando desmontar ahora, o por el Título IX, que consagró la igualdad de género en la educación y, entre otras cosas, dio a las niñas igualdad de oportunidades en las subvenciones de programas deportivos. Y a veces, cuando recordamos un logro legislativo, no es para bien: es el caso de la Ley Patriótica de George w. Bush.

Los decretos —las órdenes ejecutivas—, a los que Obama tuvo que recurrir tantas veces durante los seis últimos años de su presidencia, no son duraderos. Un presidente posterior puede revocarlos, hacer modificaciones o incluir excepciones en cualquier momento. La construcción de un legado permanente —que es el objetivo de la mayoría de los líderes— se basa en acciones que perduren. Los acuerdos internacionales suelen entrar en esta categoría, pero están de capa caída desde que Trump retiró a EE UU del Acuerdo de París. Lo mismo sucede con los nombres escogidos para el Tribunal Supremo. Pero las leyes aprobadas son lo que tiene una repercusión más directa en las vidas de los estadounidenses y, por tanto, lo que más contribuye a construir el legado presidencial.

Por eso no fue de extrañar que, desde los primeros tiempos, se empezara a oír cómo presumían sobre todo lo que había conseguido Trump en el plano legislativo, sobre todo en una Casa Blanca tan aficionada a las fanfarronerías. El 25 de abril, el portavoz de la Casa Blanca (hoy ex portavoz) Sean Spicer anunció: “A pesar del histórico obstruccionismo de los demócratas del Senado, el Presidente ha trabajado con el Congreso para aprobar más leyes en sus 100 primeros días que ningún presidente desde Truman, y estas leyes cumplen sus promesas fundamentales al pueblo americano”.

Era una declaración muy audaz, pero sí es cierto que Trump firmó 28 leyes, que le colocaron en tercer puesto, detrás de Truman. ¿Qué leyes eran? Entre las 28, 13 estaban dedicadas a revocar normas económicas que había instaurado Obama. Debido a la Ley de Revisión en el Congreso, estaba obligado a someterlas a la aprobación de la cámara en sus 100 primeros días. Cinco leyes eran nombramientos de personal, y otras cuatro reconocían a los veteranos. Tres eran modificaciones de programas existentes, dos pretendían estimular la innovación y, por último, una amplía la política de sanciones a ciberterroristas de Obama.

El número de leyes que los presidentes consiguen aprobar en sus 100 primeros días ha disminuido, sin duda, así que, a primera vista, estas 28 parecen una hazaña considerable. Pero ninguna de ellas es precisamente de las que pasará a la historia como gran legado presidencial. Durante su campaña, Trump hizo tres grandes promesas para las que son necesarias leyes: revocar y sustituir el Obamacare, levantar un muro entre Estados Unidos y México y mejorar las infraestructuras. La historia nos dice que los votantes suelen restablecer el equilibrio de poder en las elecciones legislativas de mitad de mandato y compensan a un presidente republicano con un Congreso demócrata o viceversa. Por eso, cuando un partido controla la Casa Blanca y el Congreso, como ya les pasó a Obama y los demócratas en 2009-2010, intenta aprobar a toda prisa las leyes que considera prioritarias.

Si los republicanos hubieran empleado los siete últimos años en desarrollar la legislación necesaria para sustituir AHA, quizá habría tenido cierto sentido empezar por la sanidad, pero no es así. Además, ni siquiera están de acuerdo en la ley que debe sustituirla. Por otra parte, un presidente nuevo, al frente del partido, podría haber tenido la capacidad necesaria para unir a los congresistas, pero eso es pedir mucho más de lo que Trump puede y quiere dar. Los detalles del trabajo político no le interesan nada, y, cuando tuvo un atisbo de lo difícil que era la reforma sanitaria, dijo que “nadie sabía que la sanidad podía ser tan complicada”. Es evidente que todos los miembros del Congreso saben y han sabido siempre lo complicada que es, pero, sin un presidente comprometido, no es complicada, sino imposible.

El talón de Aquiles de Trump

Miembros del Congreso de Estados Unidos, 2017. Chip Somodevilla/Getty Images

Más le habría valido a Trump empezar con las infraestructuras, que habrían desconcertado a los demócratas porque son uno de sus objetivos tradicionales. Les habría obligado a colaborar con él y habría divido a los republicanos, exactamente el estilo de gobernar agitador que buscaban los que le votaron.

Pero no, Trump decidió empezar con el hueso legislativo más difícil y duro de roer. El contraste con la Casa Blanca de Obama es espectacular. Se dice muchas veces que el proceso de sacar leyes adelante es como el de fabricar salchichas, porque puede ser igual de desagradable. Obama, que había sido senador, tenía una idea muy realista del proceso y de cuál debía ser la intervención del presidente.

Es sabido que Hillary Clinton se implicó de lleno en la política sanitaria cuando intentó sacar adelante una reforma al comienzo de la presidencia de su marido. Obama, otro abogado famoso por su afición a los entresijos de la política, hizo lo mismo. Es decir, aunque la ley se redactó en el Congreso, la Casa Blanca, con Obama a la cabeza, estuvo muy involucrada en todo el proceso, y contribuyó con todos sus recursos.

Lo más significativo es quizá que, como en cualquier ley importante, Obama tuvo que hacer una doble labor de persuasión. Primero, tuvo que convencer a los miembros de su propio partido en el Congreso, con la ayuda de la entonces presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, y el líder del Senado, Harry Reid. Hubo cientos de llamadas de teléfono y reuniones para presionar a los congresistas de los dos partidos, pero, para empezar, a los demócratas. La más memorable de todas fue la cumbre de Blair House, que pueden ver aquí, en la que quedó patente el profundo conocimiento de la ley que tenía Obama mientras trataba de convencer a los congresistas.

Este tipo de trabajo no puede hacerse a distancia, ni a base de intimidaciones en Twitter. El presidente tuvo que conocer los menores detalles de la ley para presentar unos argumentos que convencieran a los congresistas, y también comprender que no todo el mundo podía votar por todas las leyes que impulsaba el Partido Demócrata; algunos eran de estados o distritos más conservadores, igual que algunos republicanos pertenecen a estados o distritos más progresistas.

Además, Obama tuvo que utilizar el llamado púlpito presidencial para vender la ley a los ciudadanos, antes de que se votara y, todavía más, durante su periodo de entrada en vigor. Un sondeo llevado a cabo por Gallup el 22 de marzo de 2010 descubrió que, antes de que el Congreso aprobara la ley de sanidad, la opinión pública era ligeramente favorable (49% frente a 40%) y abrumadoramente favorable entre los demócratas (79% frente a 9%). Aunque los demócratas nunca estuvieron seguros de no perder su escaño en las siguientes elecciones legislativas, y muchos lo perdieron, esas cifras fueron útiles. Más tarde se criticó a la Casa Blanca de Obama por no vender mejor sus políticas y programas, sobre todo teniendo en cuenta el carisma y el talento que había desplegado Obama en su campaña.

Igualmente asombroso es que, con las dotes que mostró Trump para interpretar y explotar el ánimo de la gente durante la campaña, no haya hecho lo mismo con sus objetivos políticos desde que está en el poder. Un análisis de los tuits de Trump publicado recientemente en The New York Times destacaba que se le da muy bien hacer declaraciones negativas sobre sus rivales pero no tanto vender sus políticas, y el asunto de la sanidad es un ejemplo destacado.

Claro que uno no puede convencer de algo que no entiende, así que, en ese sentido, la revocación y sustitución del Obamacare ha tenido una doble desventaja, porque no solo Trump carece de la paciencia necesaria para hacer el trabajo político, es que, aunque la tuviera, le costaría mucho unir a los republicanos detrás de un proyecto de ley que puedan vender. Y una situación que ya era difícil se agravó aún más en junio, cuando el presidente criticó abiertamente el proyecto de ley que habían elaborado los republicanos en la Cámara de Representantes y dijo que era “infame”, no en Twitter, sino en un almuerzo con senadores republicanos en la Casa Blanca. En julio, celebró otra comida con los senadores para hablar de la ley de sanidad e hizo que el senador Dean Heller se sentara a su lado para intimidarlo y obligarle a apoyar la ley. Es completamente ridículo que un presidente amenace al senador más vulnerable de su propio partido con que perderá el cargo si no vota por una ley que casi todos consideraban muerta.

Seguro que la mayoría de los demócratas está de acuerdo en que los proyectos de ley de la Cámara y el Senado podrían calificarse de “infames”, por no decir algo peor, pero que lo dijera el propio Trump fue inquietante e incluso escandaloso. Sin embargo, fue coherente, porque su promesa postelectoral fue “un seguro para todos” con “franquicias mucho menores”. La Oficina de Presupuestos del Congreso, independiente, llegó a la conclusión de que esas dos leyes harían que millones de estadounidenses perdieran su seguro de salud.

Lo cual nos lleva de nuevo al hecho de que el centro ideológico de Trump, si es que lo tiene, está muy alejado de la ortodoxia republicana. Fue elegido con la promesa de agitar el statu quo, no de impulsar los objetivos republicanos tradicionales. Quizá no sea nada realista esperar que se lleve bien con el partido, pero el caso es que todo esto contribuye a crear una situación política muy extraña y un pésimo legado presidencial.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

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Refugiados sirios en América Latina: una nueva vida más allá de Europa https://www.esglobal.org/refugiados-sirios-america-latina-una-nueva-vida-mas-alla-europa/ Wed, 16 Aug 2017 06:25:54 +0000 https://www.esglobal.org/?p=37214 La región se muestra solidaria en abrir las puestas a los sirios que huyen de la guerra, sin embargo, la existencia de dificultades socioeconómicas en los países latinoamericanos complica la integración de los refugiados. En la localidad bonaerense de San Fernando cada sábado los pasteles árabes pre...

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La región se muestra solidaria en abrir las puestas a los sirios que huyen de la guerra, sin embargo, la existencia de dificultades socioeconómicas en los países latinoamericanos complica la integración de los refugiados.

Refugiados sirios en América Latina: una nueva vida más allá de Europa

Un refugiado sirio vende en las calles de Río de Janeiro, Brasil. Vandelei Almedida/AFP/Getty Images

En la localidad bonaerense de San Fernando cada sábado los pasteles árabes preparados por Mohamed y su mujer Jouda compiten con los productos regionales argentinos en el marco de la feria ubicada en la estación de tren. Hace poco más de un año, llegaron a Argentina junto a sus tres hijos menores gracias a la ayuda de uno de los hermanos de Mohamed establecido en el país desde hace 30 años.

A poca distancia de San Fernando, Fares, un joven de apenas 23 años amplió la oferta gastronómica árabe con un restaurante austero ubicado en el centro de Buenos Aires. Cuatro años atrás decidió salir de Siria aprovechando sus lazos familiares en Argentina a través de un tío que vive en la capital porteña desde hace 20 años. Una vez en Argentina llamó al resto de sus familiares desde Siria, y junto a su padre, cocinero de profesión, abrió Al Fares.

Como Mohamed y Fares, cada vez es más habitual que sirios que huyen de la guerra busquen reconstruir su futuro en América Latina. Si bien muchos siguen soñando con llegar en algún momento a Alemania, u otro Estado más desarrollado, siendo el bienestar económico el primer factor que evalúan los refugiados a la hora de optar por uno u otro país de acogida.

Aunque más allá, a diferencia de los inmigrantes sirios que arriesgan sus vidas para alcanzar Europa, o que esperan largamente en algún campo de refugiados a ser acogidos en el seno de algún país, los que optan por viajar a la región latinoamericana lo hacen en avión, y con la certeza de que ahí podrían reconstruir una vida nueva gracias a la protección legal de la que gozan los refugiados. Así lo remarca también la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) que ha destacado en su página web un total de 30 buenas prácticas legislativas en materia de protección de refugiados en América Latina, recalcando la “generosa tradición de asilo” en la región, y considerándola un ejemplo a seguir en esta materia.

Desde la Declaración de Cartagena de 1984, el compromiso de los países latinoamericanos para con los refugiados ha ido en aumento hasta el punto de que en la actualidad es uno de los pocos asuntos que consigue crear consenso entre los 28 Estados de la región, quienes han acordado un plan de acción común para fortalecer los mecanismos de protección de los refugiados.

De acuerdo a las últimas estadísticas, a Latinoamérica han llegado alrededor de 5.000 refugiados sirios, una cifra muy inferior a las de Europa, pero que está en ascenso. Para la recepción de los refugiados los países de la región disponen de programas de visados humanitarios y de reasentamiento de refugiados.

Brasil es el que acoge a la mitad de los refugiados en la región. Según los últimos datos proporcionados por el Comité Nacional para los Refugiados de Brasil (CONARE), en mayo de 2016 los sirios conformaban la mayor comunidad de refugiados, con 2.298 de los 9.000 que vivían legalmente en el país hasta la fecha. Antes del impeachment de la ex presidenta Dilma Roussef, el país se comprometió con Alemania y la UE a acoger a 100.000 refugiados sirios más directamente de los campamentos de europeos. Si bien la decisión fue contestada en un principio por la administración de Michel Temer —descendiente de padres libaneses— alegando razones de seguridad, el compromiso para con los refugiados sirios volvió a ser ratificado por el presidente en la Reunión de Alto Nivel sobre Grandes Movimientos de Refugiados y Migrantes de la ONU celebrada en septiembre del pasado año. No obstante, en 2016 las concesiones de refugio han caído un 30%, algo que el Gobierno brasileño justifica por el incumplimiento de los requisitos necesarios por parte de los solicitantes.

Refugiados sirios en América Latina: una nueva vida más allá de Europa

Samah Abdullhamid, primera mujer siria en llegar a México, es recibida por los estudiantes que le ayudaran a completar sus estudios. Alfredo Estrella/AFP/Getty Images

El país dispone de un régimen simplificado de concesión de visados para los refugiados sirios, y a través de CONARE, facilita los medios necesarios para la protección social y jurídica, la asistencia, la integración de los refugiados. Para la plena integración de estos, Brasil pone a disposición distintos mecanismos para la inserción laboral, tal como talleres para fomentar la cualificación, y cursos de emprendimiento que les instruye en las opciones que tienen para formalizar un negocio y/o en cómo obtener un crédito.

Un caso peculiar es el de Argentina en donde existe la figura del llamante, creada para la acogida e integración de los refugiados sirios, y que consiste en que los ciudadanos argentinos actúen como receptores de familias de refugiados, lo que implica que deban comprometerse con proporcionarles a estos alojamiento, asistencia financiera y los medios apropiados para la integración en la sociedad. El Estado argentino únicamente proporciona los visados, y para ello ha lanzado en 2014 el “Programa Siria” con el objetivo de facilitar el ingreso de los refugiados sirios en el país. Los que deseen llegar a Argentina deben tramitar una solicitud de visado humanitario a través de las representaciones diplomáticas de Líbano, Jordania, Turquía o cualquier Estado donde se encuentren, un proceso que tardaría cinco meses aproximadamente. Una vez llegados, el Gobierno debe analizar si los solicitantes se encuadran o no dentro del estatus de refugiado.

En el primer semestre de 2017 hubo más de 230 solicitudes de ingreso en Argentina por parte de ciudadanos sirios, casi tres veces más que el mismo periodo del año pasado. Sin embargo, si bien en 2016 se registraron 291 solicitudes, la Comisión Nacional para los Refugiados (CONARE) reconoció como refugiados a un total de 93 personas afectadas por el conflicto sirio.

El proceso de recepción de solicitantes de refugio se ve facilitado por el surgimiento de diversas organizaciones civiles, como Refugio Humanitario Argentino (RHA) que actúa de intermediario entre los ciudadanos sirios y los argentinos que desean ser llamantes. Su fundador, Mariano Winograd, ascendiente de judíos, acogió personalmente a una pareja siria, y decidió dar el paso hacia conformar una red social que contribuya a la recepción e integración de los ciudadanos sirios que llegan a Argentina, que colabora en la actualidad con las demás instituciones humanitarias y gubernamentales en este sentido.

En México y Costa Rica, desde la sociedad civil se ha impulsado el Proyecto Habesha, una iniciativa por parte de estudiantes mexicanos que proporcionan los medios necesarios para que los refugiados sirios tengan la oportunidad de viajar al país para terminar sus estudios superiores. El proyecto se alimenta de donaciones, sin embargo, los ciudadanos sirios llegan en este caso con una visa de estudiante y el Gobierno no les reconoce el estatus de refugiados, por lo que estos deberían buscar una manera de obtenerlo o volver a Siria una vez terminado el programa. Si bien el proyecto se lanzó en 2014, en México, país que lidera esta iniciativa, únicamente nueve jóvenes sirios han disfrutado hasta la actualidad del mismo, aunque está previsto que el país acoja a un total de 30 estudiantes hasta fin de 2018. Costa Rica, por su parte ya ha aprobado la llegada de tres jóvenes sirios, si bien las escuelas que participan del proyecto van a conceder ocho becas más.

Refugiados sirios en América Latina: una nueva vida más allá de Europa

Refugiados sirios en la Plaza de la Independencia de Montevideo, Uruguay. Miguel Rojo/AFP/Getty Images

Los gobiernos de América Latina facilitan a los refugiados el acceso a la salud y a la educación pública, el aprendizaje del idioma, cursos que les capaciten a auto-gestionarse, y en ocasiones ayuda financiera hasta que consigan incorporarse en el mercado laboral. Sin embargo, el proceso de integración no resulta fácil. Una de las principales trabas es el idioma, seguido de la precariedad de los sistemas de bienestar, el costo de vida elevado debido a la inflación y la precariedad laboral lo que obliga a la mayoría a abrir sus propios negocios.

Al igual que Fares y Muhamed, la mayoría deben buscar alternativas de autogestión que les ayude a sustentarse de forma autónoma. En Chile, donde el Ejecutivo apenas aprobó el pasado mes de abril la llegada de 60 refugiados sirios, los que ya están establecidos se dedican básicamente a la venta de comida callejera a pesar de la alta cualificación profesional. Desde el inicio del conflicto sirio a Chile han llegado cerca de 250 ciudadanos, aunque lo hicieron por sus propios medios, y el Gobierno no les ha concedido la condición de refugiados.

Perú, por su parte, ha concedido el estatus de refugiado a 25 ciudadanos sirios y la situación no difiere mucho, ya que estos encuentran grandes dificultades para subsistir. Debido a estas dificultades hay quienes expresan su voluntad a ser reubicados. En este sentido, desde 2015 Uruguay está lidiando con el conflicto abierto con varias familias de refugiados sirios que en un par de ocasiones se han desplazado desde la ciudad donde han sido ubicados hasta la capital para protestar por las malas condiciones en las que viven, y han pedido salir del país y ser acogidos por otro. Esta situación ha obligado al Gobierno uruguayo, que había recibido a alrededor de 40 ciudadanos sirios, a tomar la drástica decisión de interrumpir su programa de acogida de refugiados hasta que se establezca un nuevo protocolo para asistir a los mismos. En Argentina, asimismo, a principios de mayo dos familias prefirieron volver a Siria, debido a la dificultad de adaptarse en el país, y a la mala situación económica.

Si bien estos casos son aislados, la corrupción, los altos índices de pobreza, de inflación y de criminalidad, así como la escasez laboral, y la precariedad de los sistemas sociales, son una realidad en los países latinoamericanos, con la que tienen que lidiar a diario sus ciudadanos. Las buenas intenciones de los gobiernos no son suficientes a veces para dar respuesta a las crisis humanitarias que engrosan cada año el número de refugiados. Tampoco las de las iniciativas civiles, cuyas principales trabas suelen ser los recursos económicos, y que si bien juegan un papel importante a la hora de asistir a los refugiados, no puede suplantar la labor de las instituciones gubernamentales.

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¿Y si Vladímir Putin no existiese? https://www.esglobal.org/vladimir-putin-no-existiese/ Mon, 14 Aug 2017 07:34:36 +0000 https://www.esglobal.org/?p=37024 Un libro sobre la realidad rusa, las luchas de poder en el Kremlin y el complicado intento de perfilar un retrato del presidente de Rusia. All the Kremlin’s Men. Inside the Court of Vladimir Putin Mikhail Zygar Public Affairs, New York, 2016 A las pocas horas del asesinato del opositor ruso Boris Ne...

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¿Y si Vladímir Putin no existiese?

El Presidente ruso, Vladímir Putin, en una reunión durante la cumbre del G20 celebrada en Hamburgo., julio de 2017. Kay Nietfeld/AFP/Getty Images

Un libro sobre la realidad rusa, las luchas de poder en el Kremlin y el complicado intento de perfilar un retrato del presidente de Rusia.


¿Y si Vladímir Putin no existiese?All the Kremlin’s Men. Inside the Court of Vladimir Putin

Mikhail Zygar

Public Affairs, New York, 2016


A las pocas horas del asesinato del opositor ruso Boris Nemtsov en 2015, el Presidente ruso, Vladímir Putin, desapareció de la escena pública durante unos días. Las primeras sospechas sobre la autoría del asesinato señalaron al líder checheno Ramzán Kadýrov como posible autor intelectual. Los servicios de inteligencia acabaron deteniendo a varios sospechosos relacionados con la Guardia Nacional chechena. ¿Se había atrevido el sátrapa checheno a cometer un asesinato político en el centro de la capital, a escasos metros del Kremlin y de la propia oficina presidencial? Mikhail Zygar cuenta en su libro que, en un principio, no hubo versión oficial sobre la cancelación de la agenda pública del Presidente. Más tarde, algunos portavoces del Kremlin dijeron que Putin se había retirado a una de sus residencias para recuperarse de una gripe. Otras voces cercanas al poder afirmaron, sin embargo, que se había recluido para reflexionar sobre qué decisión tomar respecto a Kadýrov. Tampoco faltó quien dijo que la verdadera razón de la desaparición de Putin durante aquellos días fue el miedo a ser el próximo asesinado por pistoleros chechenos. Mejor dejar que las aguas se calmasen lejos del objetivo público. A día de hoy, aún no se sabe cuál de las tres versiones es la correcta. Sigue sin conocerse tampoco quién ordenó la muerte del opositor ruso. Hace unas semanas un tribunal ruso condenaba a los asesinos materiales, todos chechenos, a diversas penas de prisión.

Esta es una de las muchas historias que el periodista ruso Mikhail Zygar cuenta en su libro All the Kremlin’s Men. Combinando información aparecida en los medios con entrevistas realizadas en varios países a decenas de protagonistas de la vida política y económica rusa de los últimos veinte años, Zygar va desplegando la compleja historia de la evolución del régimen establecido en torno a Vladímir Putin desde 1999. Desde el ascenso de un casi anónimo ex agente del KGB a la presidencia, nombrado por la familia Yeltsin y su círculo de oligarcas, hasta las distintas reconfiguraciones de poder dentro de las distintas familias político-económicas que colaboran -y se oponen- dentro de los muros del Kremlin. En paralelo a las tramas y subtramas de kremlinología, Zygar aborda también la dimensión exterior del régimen: su relación con Estados Unidos, el progresivo deterioro de la situación en Ucrania, la guerra en Georgia de 2008, las tensiones crecientes con la OTAN, la invasión de Crimea o la guerra en Siria.

Uno de los asuntos a los que más páginas dedica Zygar es a las relaciones entre Moscú y Kiev desde los tiempos de Leonid Kuchma (presidente de Ucrania entre 1994 y 2005) hasta los meses posteriores a la invasión rusa de Crimea y la guerra de baja intensidad que comenzó en el este ucraniano. Especialmente interesantes resultan los relatos de los que participaron en las sucesivas negociaciones sobre los contratos de gas ruso entre ambos países, controladas en buena medida por conglomerados de empresas con unos vínculos políticos relativamente opacos, tanto en Ucrania como en Rusia. Como ocurre con otras de las tramas presentadas en el libro, las certezas sobre quiénes eran los auténticos hacedores de aquellos conflictivos –y lucrativos– contratos son más escasas que las numerosas dudas que el autor reconoce no haber podido despejar.

El mayor atractivo de All the Kremlin’s Men, los numerosos testimonios directos de varios de los protagonistas de la historia rusa reciente, es también su mayor debilidad. Antes de ofrecernos las declaraciones del ex presidente georgiano Mijaíl Saakashvili, el propio Zygar nos advierte de que no se puede tomar al pie de la letra todo lo que dice, porque abundan en su discurso las contradicciones, la confusión con fechas, etcétera. Aunque el caso del georgiano, por su carácter exuberante, sea peculiar en este sentido, no se puede excluir, como afirma Zygar en el prólogo, que el resto de entrevistados –algunos aparecen con su nombre y apellidos, otros como fuentes anónimas– no ofrezcan también una versión distorsionada de lo que recuerdan y omiten: “Las personas tienden a conservar recuerdos en los que ellas mismas aparecen como dignas, heroicas y, lo más importante, siempre acertadas”. A la espera de que los historiadores logren ir fijando en un futuro una versión de la historia reciente rusa filtrada de las impurezas de la desinformación y los intereses partisanos, el libro de Zygar es un valioso intento por ofrecer un completo –y crítico– relato del régimen de Vladímir Putin. A lo largo de los años, Zygar se ha entrevistado con políticos cercanos al Presidente ruso, ex aliados, opositores como Alexéi Navalny, periodistas, académicos, paramilitares ucranianos, políticos locales… Los objetivos de Zygar en este libro son varios: describir las luchas de poder dentro del Kremlin y comprender las motivaciones que explican las relaciones exteriores rusas serían dos de los principales. Pero el más importante y complicado de todos consiste en perfilar un retrato lo más completo posible de Putin. Los lectores que no estén familiarizados con la política rusa podrían tener una cierta dificultad a la hora de seguir un relato plagado de nombres. El esfuerzo, en todo caso, merece la pena para todos los interesados en la realidad rusa.

Una de las conclusiones que ha sacado Zygar tras todos estos años documentándose sobre Putin es que el Presidente ruso, de un modo quasi teológico, es uno y es varios al mismo tiempo: “Todas las decisiones son en efecto tomadas por Putin, pero Putin no es una persona. Él (o ello) es una inmensa mente colectiva. Decenas, tal vez cientos de personas tratan cada día de adivinar qué decisiones necesita tomar Vladímir Putin. El mismo Vladímir Putin emplea buena parte de su tiempo adivinando qué decisiones necesita tomar para mantener su popularidad –para ser comprendido y aprobado por la vasta entidad que es el Vladímir Putin colectivo–”. Estaríamos así ante un líder que ha ido mudando de piel ideológica en función de sus intereses y reaccionando –más que anticipándose– ante las circunstancias problemáticas que se le han ido presentando, muchas de ellas creadas por su propia negligencia y falta de anticipación. Aunque no conviene olvidar que estamos ante un régimen –y ante un líder– con la habilidad suficiente para, gracias a sus maniobras antidemocráticas, haberse mantenido en el poder durante más de tres lustros.

El próximo año Putin y su régimen superarán la permanencia en el poder de Leonid Bréznev, el líder ruso que más años ha dirigido el Kremlin durante el siglo XX si exceptuamos a Stalin. Y, en muchos sentidos, Putin tiene más poder del que tuvo Bréznev. Tras las masivas protestas celebradas entre 2011 y 2013, el régimen no parece enfrentar una amenaza existencial de envergadura. En parte por la división interna de la oposición, pero, sobre todo, como explica muy bien Zygar, por su habilidad a la hora de ir controlando casi todos los mecanismos mediáticos y de poder que le permiten una manipulación continua y casi total del sistema. Si nada cambia, cabe esperar que en los próximos años las versiones sobre quién es Vladímir Putin y cuáles son sus planes y estrategias no dejarán de incrementarse. Zygar se muestra convencido de que “la imagen actual de Putin como un zar formidable fue construida por su entorno, sus socios occidentales y periodistas, a menudo sin que él se pronunciase”. Una imagen bastante alejada de la realidad. Hay que reconocerle al régimen su éxito a la hora de ocultar los datos menos nobles, distorsionar las evidencias más desfavorecedoras y extender las mentiras más vulgares haciéndolas pasar por hechos contrastados. A partir de ese contexto, concluye Zygar, “cada uno de nosotros inventó a su propio Putin. Y aún podremos inventarnos muchos más”.

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Nigeria: inseguridad creciente en múltiples frentes https://www.esglobal.org/nigeria-inseguridad-creciente-multiples-frentes/ Mon, 14 Aug 2017 07:18:45 +0000 https://www.esglobal.org/?p=36929 La nueva actualización de las Guerras de 2017 incluye a Nigeria, país que enfrenta situaciones de conflicto en distintas partes de su territorio, desde la inestabilidad política al nuevo rearme de Boko Haram, pasando por tensiones entre distintas comunidades. Nigeria afronta un periodo de incertidum...

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Nigeria: inseguridad creciente en múltiples frentes

Escena tras un ataque suicida en el noreste de Nigeria, julio de 2017. Stringer/AFP/Getty Images

La nueva actualización de las Guerras de 2017 incluye a Nigeria, país que enfrenta situaciones de conflicto en distintas partes de su territorio, desde la inestabilidad política al nuevo rearme de Boko Haram, pasando por tensiones entre distintas comunidades.

Nigeria afronta un periodo de incertidumbre y peligro. La mala salud del presidente Muhammadu Buhari —ha pasado más de 110 días en el Reino Unido, debido a una enfermedad no revelada— está provocando intensas maniobras para saber quién será candidato a la presidencia en 2019, sobre todo entre los leales a su partido y otros que pretenden que el Norte siga gobernando. La insurgencia del grupo islamista radical Boko Haram, que comenzó hace ocho años, todavía persiste. Otro problema más antiguo, la agitación separatista de Biafra, en el sureste, está provocando un peligroso efecto dominó en el norte y el delta del Níger, y en el cinturón central se intensifican los enfrentamientos mortales entre los pastores y los agricultores, que se extienden hacia el sur. El reciente comentario del responsable de Defensa, el general Abayomi Olonishakin, de que el Ejército está librando un mínimo de 14 batallas en todo el país, pone de relieve la inseguridad generalizada. El presidente de la Cámara de Representantes, Yakubu Dogara, ha dicho que Nigeria “se encuentra en un estado de emergencia permanente”. Para la Unión Europea, que ya está muy implicada en el delta del Níger y el noreste, eso significa que debe vigilar de cerca los acontecimientos políticos, sociales y de seguridad en otras regiones del país, y trabajar con otros actores internacionales para impulsar las reformas necesarias para resolver estos retos.

 

La crisis de salud de Buhari

Nigeria: inseguridad creciente en múltiples frentes

El vicepresidente de Nigeria, Yemi Osinbajo, en una reunión de Burkina Faso. Ahmed Ouoba/AFP/Getty Images

La salud del Presidente nigeriano ha sufrido un gran deterioro, sobre todo desde febrero de 2017; el secretismo oficial sobre su estado ha alimentado las especulaciones más variadas. La mayoría de los observadores duda de que pueda terminar su primer mandato, cuyo fin está previsto en 2019. Tal como ordena la Constitución, el vicepresidente, Yemi Osinbajo, está ejerciendo en funciones, pero hay varias decisiones y diversos nombramientos importantes que están paralizados, a la espera de que se ocupe el Presidente.

Más preocupante es que algunos norteños y musulmanes leales a Buhari no ven con buenos ojos a Osinbajo, que es del suroeste y cristiano. Temen que en 2019 Osinbajo se presente a las elecciones y las gane, como hizo el ex presidente Goodluck Jonathan tras la muerte de Umaru Yar’adua en 2010. Esa sería una violación del acuerdo informal de que los dos mandatos de la presidencia roten entre el norte, de mayoría musulmana, y el sur, en gran parte cristiano, un acuerdo vigente desde que se recuperó la democracia de partidos en 1999 para mantener el delicado equilibrio étnico y religioso de Nigeria. Ahora bien, el propio acuerdo está en tela de juicio, y los que dicen que es anticonstitucional y no vinculante y causa divisiones animarán a Osinbajo a presentarse. El sureste, donde las quejas por la marginación política alimentan cada vez más el separatismo de Biafra, también luchará seguramente por la presidencia. El Foro de Ancianos del Norte, muy influyente, ha declarado que debe ser alguien de esa región quien complete el segundo mandato de Buhari, de modo que para 2019 se espera una seria lucha de poder entre el norte y el sur.

Además de todo esto, el jefe del Ejército, el general Tukur Buratai, advirtió en mayo de que las tropas no debían prestar atención a los políticos que se les aproximasen por “motivos políticos ocultos”, y sus palabras han levantado el temor a una intervención militar.

Para renovar la confianza y reducir las suspicacias entre el norte y el sur, además de garantizar un gobierno federal estable, la UE y los Estados miembros más relacionados con Nigeria deberían promover la transparencia y rendir cuentas a la población sobre la salud del Presidente con el fin de disipar los rumores de una conspiración del Norte para mantenerlo en el poder aunque esté incapacitado; enviar firmes mensajes a los líderes militares y políticos regionales, en público o en privado, en contra de cualquier actuación anticonstitucional, en particular una intervención militar y, por último, presionar a todas las partes para que respeten la Constitución, sobre todo, para asegurar una transición fluida si Buhari no puede continuar en el cargo.

 

La obstinada insurgencia de Boko Haram

Nigeria: inseguridad creciente en múltiples frentes

El Ejército nigeriano patrulla en su campaña contra el grupo terrorista Boko Haram. Issouf Sanogo/AFP/Getty Images

La declaración del presidente Buhari en diciembre de 2016 de que el Ejército había conquistado el último bastión de Boko Haram despertó esperanzas de que se acercara el final de la guerra. Sin embargo, siete meses después, la insurgencia permanece muy viva. Los combatientes siguen atacando objetivos civiles y militares con ferocidad renovada. El número de víctimas en junio —más de 80— fue superior al de los primeros meses del año. En abril hubo indicios de que Boko Haram estaba levantando nuevos campamentos en los estados de Borno y Taraba y estableciendo nuevas células en Kaduna, Kogi y Níger. También hay señales de que el Ejército, que tiene unidades desplegadas en 28 de los 36 estados, está sobrepasado y es incapaz de abastecer como es debido a las tropas. Algunos soldados, exhaustos, se quejan de que no hay rotaciones. La estación de lluvias podría dificultar aún más las operaciones, por lo que Boko Haram podría reagruparse y rearmarse.

Las consecuencias humanitarias de la guerra son cada vez peores: alrededor de 4,5 millones de personas no tienen suficiente comida. El 8 de junio, el Gobierno puso en marcha un nuevo plan de intervención alimentaria para desplazados internos (DI) en Maiduguri, pero sigue siendo imposible llegar a muchos de los más necesitados. A pesar de la reunión de Oslo en febrero, en la que los donantes se comprometieron a enviar ayuda, los representantes de la ONU han informado de que, de los 1.050 millones de dólares del plan estadounidense de respuesta humanitaria para Nigeria, a 7 de julio de 2017, solo estaba dotado el 37,8%. La inseguridad también dificulta las labores de ayuda, porque Boko Haram cometió 97 atentados suicidas y con coches bomba entre marzo y junio de 2017, según las autoridades militares nigerianas. El hecho de que el gobierno del estado de Borno aparcara su plan de cerrar todos los campos de DI antes del 29 de mayo puso de manifiesto que todavía hay muchas zonas de la región que son inseguras. Si no se intensifican, amplían y sostienen las tareas de ayuda, el estado de Borno, especialmente, se hundiría aún más en una crisis humanitaria.

Recientemente, la UE anunció un paquete de ayuda por valor de 143 millones de euros para recuperación y reconstrucción, con lo que su ayuda total, solo en el estado de Borno, ascendería a 24,5 millones de euros en 2017. Para llevar esa ayuda es necesario que haya un acceso seguro, y muchas organizaciones humanitarias protestan por el hecho de que no hay suficiente protección para los convoyes, que están a merced de las emboscadas y los secuestros. Para mejorar la confianza y garantizar la seguridad, la UE tendría que presionar al Gobierno para que refuerce la acción del Ejército y los servicios de seguridad con el fin de garantizar el acceso seguro a las organizaciones humanitarias y, además, dar prioridad a la ayuda humanitaria con una presencia operativa, ayuda alimentaria inmediata y transferencias de dinero siempre que sea posible.

 

La agitación en Biafra

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Bandera de Biafra en el distrito de Aba. Stefan Heunis/AFP/Getty Images

La creciente agitación separatista en el sureste dominado por los igbos, fomentada por la percepción de que están marginados política y económicamente, está teniendo consecuencias peligrosas. Una sentada convocada por los agitadores el 30 de mayo —el 50 aniversario de la proclamación de la independencia de Biafra— hizo que 16 grupos juveniles septentrionales exigieran, una semana más tarde, que los igbos abandonen el norte antes del 1 de octubre. Esto, a su vez, provocó el llamamiento de una coalición de ocho milicias juveniles del Delta del Níger a que toda la gente del norte se vaya de la región del Delta para esa misma fecha. Aunque los gobernadores de los estados del norte desautorizaron las declaraciones y el presidente en funciones, Osinbajo, abrió consultas con los líderes del norte y del sureste para rebajar las tensiones, los grupos juveniles no han retirado sus demandas. Si se empeñan en su cumplimiento, o si las masas se toman la justicia por su mano, podría estallar la violencia y habría desplazamientos masivos de población.

Los terroristas del Delta del Níger no han lanzado grandes ataques contra las instalaciones petrolíferas desde que el gobierno federal entabló el diálogo con los líderes étnicos y políticos de la región el pasado mes de noviembre, con las promesas de revivir los proyectos de infraestructuras, limpiar el entorno contaminado de Ogoni y permitir que las comunidades locales construyeran refinerías modulares. No obstante, la situación sigue siendo frágil. Las posibles agresiones contra igbos u otros sureños en el norte podrían hacer que algunos terroristas del Delta atentaran contra las compañías petroleras para obligar al gobierno federal y a los de los estados del norte a acabar con la violencia contra los igbos o para encubrir actividades delictivas.

La UE —en particular su delegación en Abuya— y los Estados miembros deben animar al Gobierno a que continúe las consultas con los líderes regionales y otras partes interesadas. En particular, tendrían que animar al Ejecutivo a reforzar las medidas para proteger a los ciudadanos, en colaboración con el Ejército y la policía, pero también los líderes y las asociaciones locales; dialogar con los líderes de los grupos juveniles del sureste, el norte y el Delta del Níger y organizar foros con el fin de que abandonen la retórica inflamatoria, retiren las órdenes de desalojo y denuncien públicamente la violencia y, en tercer lugar, instar a la Asamblea Nacional (el parlamento federal), en la actualidad dividida por el Informe de la Conferencia Nacional de 2014 y sus recomendaciones, a iniciar las deliberaciones sobre las reformas sugeridas que podrían ayudar a prevenir los conflictos y contener la agitación separatista.

 

El polvorín de los pastores y los agricultores

Nigeria: inseguridad creciente en múltiples frentes

Pastor fulani con su ganado en el pueblo de Yola. Emmanuel Arewa/AFP/Getty Images

El violento conflicto entre los pastores fulani —en su mayoría musulmanes— y los agricultores de diversas etnias en zonas predominantemente cristianas ha adquirido dimensiones tribales, religiosas y regionales. Los choques en la franja central matan a unas 2.500 personas al año, y están extendiéndose hacia el sur. Los enfrentamientos son ya tan letales que muchos nigerianos temen que se conviertan en algo tan peligroso como la insurgencia de Boko Haram. El conflicto, además de sufrir una escalada interna, puede extenderse por toda la región: los pastores podrían tratar de captar a milicianos de su grupo en otros países de África central y occidental, como han advertido varios dirigentes fulani. Y eso debilitaría una región frágil y que ya tiene dificultades para derrotar a Boko Haram.

A falta de una reacción firme del gobierno federal, los estados han puesto en marcha sus propias estrategias, incluida la prohibición de que los animales pasten libremente, a la que los pastores y ganaderos se oponen con vehemencia. Como los estados no controlan la policía ni otros servicios de seguridad, quizá tengan que movilizar a grupos paramilitares locales para garantizar la aplicación de estas prohibiciones, y eso podría desencadenar situaciones violentas, sobre todo, en los estados de Benue y Taraba. A corto plazo, la UE podría instar a los gobiernos de los estados a que sean prudentes a la hora de diseñar —o aplicar— estas nuevas leyes, e instar a las asociaciones de pastores y ganaderos que deseen protestar a emplear los cauces legales. También la Unión debería presionar al gobierno federal y sus servicios de seguridad para que refuercen las medidas destinadas a detectar y prevenir posibles disturbios tanto entre los grupos paramilitares locales como entre los pastores y ganaderos, sobre todo en los estados de Benue y Taraba. A más largo plazo, los Estados miembros de la UE tienen que apoyar, con dinero, formación y asistencia técnica, el Plan Nacional de Desarrollo de la Ganadería, propuesto por el Ministerio Federal de Agricultura, para fomentar que la cría de ganado solo se haga en ranchos, como solución permanente a las fricciones entre pastores y agricultores.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

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Un Israel sin Netanyahu https://www.esglobal.org/israel-sin-netanyahu/ Fri, 11 Aug 2017 07:39:21 +0000 https://www.esglobal.org/?p=37220 El Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se quita al gafas durante una reunión del Likud en el Parlamento. Gali Tibbon/AFP/Getty Images ¿Qué consecuencias podrían tener las investigaciones policiales por corrupción que cercan al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, para la política ...

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El Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se quita al gafas durante una reunión del Likud en el Parlamento. Gali Tibbon/AFP/Getty Images

¿Qué consecuencias podrían tener las investigaciones policiales por corrupción que cercan al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, para la política doméstica del país? ¿Y para el conflicto palestino-israelí?

La arena política israelí se convierte a veces en uno de los escenarios más entretenidos para cualquier observador de Oriente Medio. E...


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La evolución del turismo en España hacia la calidad https://www.esglobal.org/la-evolucion-del-turismo-espana-hacia-la-calidad/ Thu, 10 Aug 2017 09:31:47 +0000 https://www.esglobal.org/?p=37100 ¿Reúne España y sus ciudades los requisitos necesarios para desarrollar plenamente un turismo de compras y de calidad? Hoy ya casi nadie duda que España, uno de los destinos turísticos líderes en el mundo, requiere un cambio de modelo en este sector que ayude a reducir la estacionalidad derivada del...

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La evolución del turismo en España hacia la calidad

Dos turistas se hacen una foto en Barcelona. Lluis Gene/AFP/Getty Images

¿Reúne España y sus ciudades los requisitos necesarios para desarrollar plenamente un turismo de compras y de calidad?

Hoy ya casi nadie duda que España, uno de los destinos turísticos líderes en el mundo, requiere un cambio de modelo en este sector que ayude a reducir la estacionalidad derivada del sol y playa, crear puestos de trabajo cualificados y estables, incrementar los ingresos por turismo para ganar rentabilidad y, en definitiva, impulsar el desarrollo económico y social de país. Todo ello pasa por la captación de turismo de compras y de calidad, protagonizado actualmente por viajeros procedentes de fuera de la Unión Europea, particularmente asiáticos, árabes y americanos del Norte y del Sur.

El turismo regional europeo ha supuesto para España en 2016 más del 85% de las llegadas internacionales y está caracterizado por la estacionalidad, escasa capacidad de gasto y, también, por el envejecimiento de la población de sus países de origen: en 2030, la franja de edad de 50 a 60 años será la que contará con más población en Europa.

España recibió en 2016 un total de 75,6 millones de turistas extranjeros con un incremento del 10,3% respecto al año anterior. En cambio, los ingresos por turismo crecieron solamente un 9%, hasta llegar a 77.625 millones de euros. Esto significa que el gasto por visitante fue menor en 2016 que en 2015. Y esta tendencia de descenso en la rentabilidad del turismo que llega a España viene repitiéndose desde hace 15 años.

La evolución del turismo en España hacia la calidad

Una mujer camina con una bolsa de Massimo Dutti en Barcelona. Josep Lago/AFP/Getty Images

En cambio, los viajeros procedentes de países externos a la Unión Europea, que suponen alrededor del 12% del total que entra en España, gastan en compras en un día lo mismo que los europeos en una semana y dan forma a un turismo global y cosmopolita, joven e interesado por la tecnología, el arte, la cultura, la gastronomía…, ansioso por vivir experiencias y por disfrutar de servicios premium en sus viajes, preferentemente en destinos urbanos.

Y gastan cada vez con mayor intensidad. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2016 creció con fuerza muy destacada el gasto medio diario en España de los turistas filipinos, indios, estadounidenses, canadienses, venezolanos, argentinos, brasileños y chilenos. Existen otros países emisores con un volumen de turistas pequeño, pero cuyas compras crecen con fuerza, como son Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos,  Kuwait o Colombia.

El recorrido para España en este sentido es muy amplio, puesto que atrae solamente entre el  3% y 4% del turismo mundial de compras y de calidad. Duplicar ese porcentaje supondría para el país un incremento en los ingresos del orden de los 17.000 millones de euros. Y España reúne todas las condiciones necesarias para ser líder también en este ámbito.

Alrededor del turismo de compras y de calidad en España existe todo un ecosistema que involucra a sectores muy diversos, gracias a la capilaridad del impacto que genera económica y socialmente: comercio y grandes marcas, transporte, infraestructuras, tecnología, comunicaciones, sistema financiero, medios de pago, tax free, inmobiliario, cultura, ocio, deporte, etcétera.

 

Destinos ‘visibles’ para el ciudadano global

Es imprescindible que las ciudades españolas resulten atractivas a nivel mundial y no formen parte del grupo de ciudades invisibles para el viajero global. Esto pasa por la atracción, no solamente de turismo, sino también de más marcas internacionales, inversiones, empresas multinacionales, talento, cultura, grandes eventos, etcétera.

Es cierto que ya existen en España iniciativas relacionadas con la captación y el desarrollo de este turismo. Por ejemplo, las nuevas rutas aéreas de Iberia con Asia, las diversas iniciativas de El Corte Inglés vinculadas con la especialización en esta clientela, las inversiones de distintas cadenas hoteleras de carácter global como Four Seasons, Mandarin Oriental y el fondo saudí Olayan Group con su entrada en Hotel Ritz, Grupo Starwood (marca W), la firma portuguesa Pestana…

Se requiere también un esfuerzo destacado en el ámbito de las tecnologías vinculadas a las comunicaciones, big data y open data, por su relevancia en el e-tourism. El turista de compras y de calidad es conocedor y usuario intensivo de las tecnologías de la información y comunicación, decide sus viajes por sí mismo y es fundamental ofrecerle experiencias y productos a medida, diseñados y conceptualizados a partir de la información recogida a través de sus smartphones.

Internet es hoy un elemento fundamental a la hora de la promoción y de las recomendaciones vía redes sociales. En este sentido las experiencias y percepciones de quienes nos visitan, pueden multiplicar la capacidad de las ciudades de atraer a más turistas del segmento premium.

España y sus grandes ciudades están bien posicionadas y reúnen, sin duda alguna, los requisitos para ser punteras, también, en el turismo de compras y de calidad. Pero para lograrlo es necesario que todos los actores públicos y privados vinculados a este segmento unan sus esfuerzos en aras de la atracción de estos viajeros.

Una acción conjunta es la vía para mejorar la percepción de los valores de las ciudades españolas y el país por parte del turista de calidad, cuya sensibilidad y preferencias se dirigen sobre todo a destinos que destacan por factores como la seguridad, sostenibilidad, innovación, respeto al medio ambiente, responsabilidad, excelencia en los medios sanitarios y hospitalarios, alojamientos de alta categoría, accesibilidad, digitalización, comercio local y artesano combinado con marcas globales y un personal cualificado, bien formado y retribuido adecuadamente, que se vuelque en prestar un servicio excelente.

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Indígenas: nuevos tiempos, nuevos retos https://www.esglobal.org/indigenas-nuevos-tiempos-nuevos-retos/ Wed, 09 Aug 2017 09:20:55 +0000 https://www.esglobal.org/?p=37187 Se calcula que actualmente existen más de 5.000 pueblos indígenas que hablan unas 7.000 lenguas diferentes. En total, unos 370 millones de personas concentradas en más de 90 países, según la ONU. La expulsión de sus tierras, la negación de su cultura y costumbres, la marginación y su exclusión de la...

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Se calcula que actualmente existen más de 5.000 pueblos indígenas que hablan unas 7.000 lenguas diferentes. En total, unos 370 millones de personas concentradas en más de 90 países, según la ONU. La expulsión de sus tierras, la negación de su cultura y costumbres, la marginación y su exclusión de la toma de decisiones son sólo algunas de las violaciones de derechos que han sufrido a los largo de su historia.

Aunque cada vez son más los gobiernos e instituciones que las amparan, estas comunidades se enfrentan hoy a nuevos desafíos. Los efectos del cambio climático y la sobreexplotación de sus tierras los obligan a migrar a las ciudades, en un entorno que, en muchas ocasiones, se torna hostil para ellos, poniendo en cuestión sus modos de vida y sus formas de relacionarse, por ejemplo, con el medio ambiente o entre hombres y mujeres. Con motivo del décimo aniversario de la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, repasamos algunas de estas comunidades por todos los continentes.

Suramérica. Mapuches. También conocidos como araucanos, los mapuches son un pueblo amerindio que habita en el sur de Argentina y Chile, donde constituyen cerca del 7% de la población total. Su cultura se basa en la tradición oral y su idioma es el mapudungun. Hace 24 años que son miembros de la Organización de Naciones y Pueblos No Representados (UNPO, por sus siglas en inglés) y desde entonces algunas organizaciones mapuches reclaman el reconocimiento del derecho a la autodeterminación que recoge la Carta de la ONU. En la imagen, la Wenufoye, bandera de los mapuches de Chile, en una protesta ante una cumbre entre la UE y la CELAC. John Thys/AFP/Getty Images África. Ovahimbas. Nativos de la región de Kunene, al norte de la actual Namibia, los himbas son un pueblo seminómada, criadores de ganado y ascienden a 25.000. El colonialismo alemán y los posteriores conflictos del país con sus vecinos han afectado sensiblemente a esta tribu, la única que aún conserva el original estilo de vida que tenía hace algunos siglos. Actualmente, el incremento del turismo está acabando con el relativo aislamiento exterior que han mantenido hasta ahora. En la imagen, mujeres de la tribu himba en la carretera de Ohungumure, al noreste de Namibia. Stephane de Sakutin /AFP/Getty Images Asia. Bidayuhs. Habitan principalmente en la isla de Borneo (Malasia) y en el Kalimantan occidental de Indonesia. En Malasia, el conjunto de los pueblos indígenas supone el 12% de la población total. Los bidayuhs, con más de 200.000 personas, es el segundo grupo más numeroso y hoy habitan en Sarawak, donde el 45,5% es indígena. Las religiones con mayor presencia entre la población bidayuh son el cristianismo, entre más del 80%, seguida del animismo y el islam. En la imagen, mujer de una tribu perteneciente a los bidayuhs, luciendo la vestimenta tradicional en Sawarak. Mohd Rasfan/AFP/Getty Images Norteamérica. Sioux. Estos nativos americanos se asientan en los actuales territorios de Estados Unidos y sur de Canadá. Hablamos de una población de cerca de 170.000 personas. Aunque existen enormes diferencias en los indicadores socioeconómicos entre las tribus, en conjunto los indios americanos tienen tasas más altas de pobreza, desempleo y suicidio que el resto de la población. La última amenaza para estas comunidades es la construcción de un oleoducto en Dakota, proyecto recuperado por Donald Trump que podría contaminar el agua potable y destruir lugares sagrados. En la imagen, manifestantes en protesta por la construcción del oleoducto en Dakota del norte. Justin Sullivan/Getty Images Suramérica. Quechuas. Constituyen un conjunto de pueblos diversos relacionados con los incas y que hoy ocupan principalmente Perú, Bolivia y Ecuador, y, en menor medida, los actuales estados de Argentina, Chile y Colombia. Según el Ministerio de Educación, en Perú el quechua es considerado una lengua vital. Sin embargo, la discriminación hacia los quechua hablantes –un 13% de la población peruana, según el censo– lleva a muchos a no transmitir el idioma a sus descendientes, por lo que gran parte de sus variantes están en peligro de extinción. Una mujer quechua vendiendo quinoa en el municipio de Garci Mendoza, al sur de Bolivia. Aizar Raldes Nunez/AFP/Getty Images Asia. Adivasis. Con 461 grupos tribales reconocidos, India es el país que concentra la mayor parte de población indígena del mundo. Conocidos mayormente como adivasis, constituyen el 8,2% de la población india total. Aunque se trata de un grupo muy heterogéneo –existen en torno a 200 pueblos que hablan más de 100 idiomas–, comparten ciertas similitudes en su modo de vida y, sobre todo, en cómo son percibidos entre el resto de la sociedad india. El 95% vive en zonas rurales y suele estar en el escalafón más bajo de los indicadores socioeconómicos. En la imagen, una mujer adivasi con sus manos entrelazadas, simbolizando la esclavitud en una protesta en Mumbai, India. Indranil Mukherjee/AFP/Getty Images Ártico. Inuits. Son cerca de cuatro millones y se reparten en ocho países: Canadá, Noruega, Suecia, Finlandia, Rusia y Estados Unidos (Alaska) y Dinamarca (Groenlandia), donde la población indígena supera a la no indígena (50.000 de un total de 57.000 personas). El calentamiento global es la mayor amenaza para estos pueblos, ya que el deshielo está acabando con los recursos marinos y con las economías de subsistencia, características de estas comunidades. En la imagen, un pescador inuit y su hijo, tras la caza de focas cerca del pueblo de Ilimanaq, en Groenlandia. Uriel Sinai/Getty Images Oceanía. Aborígenes. Actualmente son unos 700.000 aborígenes en Australia, en torno al 3% de los 23 millones de nacionales. A lo largo de su historia, los pueblos aborígenes han habitado en prácticamente todos los rincones de la isla. Hoy cerca de la mitad vive en ciudades, sobre todo en suburbios con muy malas condiciones. Hace 25 años se abolió finalmente el principio “terra nullius”, que permitía la ocupación de tierras al considerar que antes de la invasión de los británicos, estas no tenían dueño. En la actualidad, la devolución de parte de esa tierra sigue pendiente y existen enormes diferencias socioeconómicas entre estos y la población no indígena. En la imagen, pancarta en una marcha por los derechos de los indígenas en Melbourne, Australia. Michael Dodge/Getty Images África. Pigmeos. Hablamos de cazadores-recolectores que habitan en la selva ecuatoriana de África central, desde Camerún a Burundi, pasando por los dos Congos, Gabón y la República Centroafricana. Según el primer y último censo realizado el pasado año por 26 investigadores de Europa, EE UU, Canadá, Japón y Camerún, existen cerca de 920.000 pigmeos en la zona. Un paso importante para la visibilidad de estos indígenas, cuyos medios de vida y tradiciones culturales podrían desaparecer. En la imagen, grupo de pigmeos baka se bañan cerca de los bosques de Kika, Camerún. Brent Stirton/Getty Images Suramérica. Guaraníes. Habitan desde hace 2.000 años en Paraguay, Bolivia, Argentina y Brasil, siendo el pueblo indígena más numeroso de este último con cerca de 51.000 guaraníes-kaiowá. La ONG defensora de los derechos de indígenas Survival International ha denunciado en numerosas ocasiones la situación actual de hacinamiento de los guaraníes, especialmente en Mato Grosso do Sul, uno de los estados más productivos de Brasil, donde llegaron a vivir en unos 350.000 km² de bosques. En la imagen, niños guaraníes juegan en una reserva cerca de la localidad de Bracuhy, en el estado de Río de Janeiro, Brasil. Christophe Simon/AFP/Getty Images

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Drogas ilícitas y terrorismo: vínculos reales e imaginarios https://www.esglobal.org/drogas-ilicitas-terrorismo-vinculos-reales-e-imaginarios/ Tue, 08 Aug 2017 08:16:10 +0000 https://www.esglobal.org/?p=37139 ¿Cómo de real, profunda y directa es la conexión entre ambos? He aquí una deconstrucción del nexo sistemático entre el mercado de drogas y las organizaciones terroristas. Las drogas ilegales y el terrorismo son dos fenómenos que captan la atención mediática, que movilizan fondos públicos y que absor...

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Drogas ilícitas y terrorismo: vínculos reales e imaginarios

Soldados del Ejército afgano y marines estadounidenses patrullan los campos de amapola, de la que se obtiene el opio y que sirve de fuente de financiación para los talibanes. Ismoyo/AFP/Getty Images

¿Cómo de real, profunda y directa es la conexión entre ambos? He aquí una deconstrucción del nexo sistemático entre el mercado de drogas y las organizaciones terroristas.

Las drogas ilegales y el terrorismo son dos fenómenos que captan la atención mediática, que movilizan fondos públicos y que absorben una considerable energía política. Sucede cuando aparecen en la escena pública por separado, pero mucho más, si cabe, cuando van de la mano.

Son múltiples las conexiones entre terrorismo y drogas ilícitas que encontramos a varios niveles de la evidencia empírica y del discurso público. Analistas, políticos y oficiales de seguridad a menudo afirman la existencia de vínculos sistemáticos entre ambos. Estos vínculos —a veces retóricos, a veces documentados—  operan a varios niveles y poco importa, en ocasiones, si estamos hablando de mitos o de realidades.

Una afirmación muy difundida es que los terroristas usan drogas para cometer sus atentados. Es lo que sucedió tras los ataques de noviembre de 2015 en París cuando el captagón —habitualmente, una mezcla de anfetaminas y cafeína, que fue acuñada como “droga de los yihadistas”—  saltó a la escena mediática, llegando incluso a sugerirse que esta sustancia era capaz de convertir en terrorista a alguien que no lo era.

Drogas ilícitas y terrorismo: vínculos reales e imaginarios

Un soldado colombiano mira un tanque con cocaína líquida en un laboratorio que pertenecía a las FARC, 2010. Luis Robayo/AFP/Getty Images

Otra conexión habitual, y aparentemente más documentada, es que ciertos grupos terroristas financian sus acciones con el tráfico de drogas si en los contextos en los que operan florece este mercado ilegal. O que los narcotraficantes utilizan tácticas terroristas para perseguir sus objetivos económicos, como fue el caso del cártel de Medellín en la Colombia de los 90, de la mafia siciliana o, más recientemente, de los cárteles mexicanos. El concepto de “Narcoterrorismo” ha jugado un rol esencial en esta convergencia, proporcionando cobertura académica e intelectual a la construcción de estos vínculos. Utilizado por primera vez en 1983 por el entonces Presidente peruano Fernando Belaúnde Terry para describir los ataques perpetrados contra la policía antinarcóticos del país, rápidamente se aplicó a las acciones de las FARC en Colombia. Desde entonces, ha sido un término tan utilizado como contestado, especialmente tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando incrementó su legitimidad de manera exponencial.

La confluencia entre drogas ilícitas y terrorismo también se produce en el diseño e implementación de políticas públicas. Especialmente relevante ha sido este vínculo en algunos contextos, como en Afganistán y Colombia, cunas del denominado “narcoterrorismo” y donde las medidas antiterroristas y las políticas antinarcóticos convergieron hasta llegar a ser casi indisociables. Antonio Costa, ex director ejecutivo de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés), llegó a afirmar en 2004 que “combatir el tráfico de drogas equivale a combatir el terrorismo”.

Como siempre que se habla de drogas, los matices son importantes. Es improbable que todos los mercados de drogas hagan la misma contribución a la amenaza terrorista. Al contrario, es importante subrayar que las diferentes sustancias, rutas y organizaciones dedicadas al tráfico tienen una relación distinta con el fenómeno del terrorismo. Es decir, las características de los mercados y su imbricación en situaciones de violencia difieren según el contexto y estas diferencias importan y mucho.

En general, la evidencia sugiere que los grupos terroristas son más propensos a implicarse en el gravamen y la facilitación del cultivo y de la producción de drogas, precisamente el punto de la cadena menos rentable y donde el valor de las sustancias es menor. Aunque también se han documentado casos en los que el menudeo de drogas ha ayudado a financiar acciones terroristas, como el caso de los atentados del 11 de marzo en Madrid, financiados en buena medida con el tráfico de hachís y éxtasis a pequeña escala. Fuentes del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO) de España declaran que desde la creación de esta institución en 2014 “se han detectado más de 250 coincidencias entre personas vinculadas principalmente con el tráfico de drogas y el blanqueo de capitales con el terrorismo yihadista”.

También es frecuente encontrar referencias al terrorismo en los documentos internacionales sobre políticas de drogas. Por ejemplo, el Documento final surgido de la Sesión Especial de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre el fenómeno de las drogas celebrada en 2016 se hizo eco de los retos derivados de los vínculos entre el tráfico de drogas, la corrupción y otras formas de delincuencia organizada, por un lado, y el terrorismo, por otro, “incluido el blanqueo de dinero en relación con la financiación del terrorismo”. Recientemente, el Informe Mundial sobre Drogas correspondiente a 2017 (que cada año publica la UNODC) dedicó un capítulo temático a “El problema de las drogas y la delincuencia organizada, flujos financieros ilícitos, corrupción y terrorismo”.

 

Vínculos y evidencias

Establecer las conexiones entre estos fenómenos no es sencillo. En primer lugar, porque se trata de cuestiones sobre las que resulta muy difícil conseguir información exhaustiva y representativa que permita determinar tendencias y llegar a conclusiones contundentes. Como la misma UNODC reconoce, gran parte del trabajo en este ámbito rastrea un pequeño número de grupos, o se basa en fuentes interesadas en enfatizar o atenuar determinados vínculos. Muchas de las dinámicas de los mercados de drogas permanecen ocultas a las autoridades y la información sobre terrorismo es recopilada por las agencias de inteligencia y obviamente está clasificada.

Drogas ilícitas y terrorismo: vínculos reales e imaginarios

Una mano con semillas de amapola, de la que se obtiene el opio y sus derivados como la heroína, Afganistán. Wakil Kohsar/AFP/Getty Images

Entonces, ¿qué tan real, profunda y directa es la conexión entre ambos? ¿Realmente el dinero derivado del tráfico ilícito de drogas es una fuente de financiación del terrorismo tan relevante como sugieren algunos medios de comunicación, o algunas agencias de control de drogas? ¿Son estos vínculos la punta de iceberg, o más bien la excepción a la regla de que las organizaciones dedicadas al tráfico de drogas y los grupos terroristas no establecen, en general, relaciones de cooperación duradera, y menos de simbiosis?

El último Informe Mundial sobre Drogas despeja ciertas dudas. La propia UNODC reconoce que la evidencia es limitada y las estimaciones al respecto muy variables, que se trata de un flujo de ingresos clave para algunos grupos terroristas —pero no para todos—  y que, en general, constituye una fuente de financiación entre muchas otras. No obstante, señala que existen algunas evidencias suficientemente confirmadas. Es el caso de los talibanes, para los cuales el dinero procedente de la economía ilícita de estupefacientes supondría alrededor de la mitad de sus ingresos —que se estiman en unos 400 millones de dólares—. También es el caso de las FARC, cuya implicación en el narcotráfico se remonta décadas atrás y ha incluido principalmente la provisión de seguridad para los cultivos de coca, el gravamen a la introducción de precursores químicos y el uso de pistas de aterrizaje, la venta de pasta base y la participación en el comercio intrarregional de cocaína. Las FARC, no obstante, acordaron detener su participación en el negocio de las drogas tras la firma de los acuerdos de paz con el Gobierno colombiano culminados en 2016.

La evidencia sobre otros grupos parece, sin embargo, débil. Por ejemplo, argumenta la Oficina, no está clara la implicación —más bien, hasta qué punto—  de Daesh en la producción de captagón, a pesar de las afirmaciones de muchos medios de comunicación, pues son múltiples los grupos que operan en su área de actuación. Tampoco en el caso de Boko Haram o de Al Qaida en el Magreb Islámico. El caso de los remanentes de Sendero Luminoso parece ser todavía menos claro. De acuerdo con declaraciones de Ricardo Soberón, ex Presidente Ejecutivo de DEVIDA (agencia de drogas peruana), este grupo carece de la capacidad logística, política o militar para tomar el control de todas las fases del procesamiento de drogas. En esta línea, el periodista de investigación peruano Gustavo Gorriti ha afirmado que los traficantes locales prefieren no pagar las tasas a Sendero Luminoso y están utilizando vías alternativas para transportar la coca fuera del país, como pequeñas aeronaves.

Los datos, análisis y conclusiones proporcionados por la UNODC no están exentos de enfoque político y de sesgos en su elaboración y presentación. La propia convergencia de crimen, drogas y terrorismo como ámbitos de responsabilidad bajo el mandato de un mismo organismo ya resulta problemática. El trabajo de la Oficina ha sido cuestionado por realizar un énfasis excesivo en el nexo entre crimen y drogas, al que se añadió el terrorismo como reflejo de la evolución de las prioridades de la comunidad internacional, motivado por el deseo de incrementar las aportaciones de algunos donantes como EE UU. No es ésta una cuestión superflua, sabiendo que el 90% de la financiación de la UNODC procede de contribuciones voluntarias de los Estados y está destinada a fines especiales. El otro 10% procede del presupuesto regular de Naciones Unidas, y está destinado a fines generales.

La UNODC no es un actor político neutral, en particular en lo que respecta al enfoque de políticas de drogas que promueve. La simplificación de la que procede la receta “reducir los mercados de drogas equivale a reducir la amenaza terrorista” ignora el hecho de que los mercados de heroína y de cocaína (sustancias cuyos mercados parecen tener una mayor conexión con los grupos terroristas) se han mostrado muy resistentes a las medidas de aplicación de la ley. De hecho, las políticas centradas en la prohibición y en la represión han resultado poco eficaces para detener el flujo de drogas desde los lugares de producción hacia los mercados de consumo y para reducir la demanda de sustancias fiscalizadas que está en la base de los mercados de narcóticos.

Sólo una pequeña fracción del total de los beneficios de los mercados de drogas pareciera fluir hacia los grupos terroristas. Pero el volumen de dinero que mueven estos mercados es tan elevado que una proporción ínfima del mismo puede suponer una gran proporción del presupuesto de una organización terrorista. Hace unos años, el profesor Mark A. R. Kleiman presentaba una comparación sorprendente. Se estima que la organización de los atentados del 11 de septiembre de 2001 costó entre medio millón y 2 millones de dólares. Incluso si tomamos la estimación más elevada, la cifra representa menos de una hora de ingresos en el mercado ilícito de cocaína estadounidense, o alrededor del 1% del valor anual de la hoja de coca que genera cocaína para este mercado.

 

Muchos debates dentro uno

Drogas ilícitas y terrorismo: vínculos reales e imaginarios

Paquetes con cocaína confiscados en Panamá. Rodrigo Arangua/AFP/Getty Images)

En la actualidad los debates han evolucionado. El concepto de “narcoterrorismo”, tan utilizado a mitad de la década de 2000, parece en desuso. Los debates sobre el fenómeno de las drogas van por otros derroteros. Las políticas prohibicionistas actualmente vigentes son cada vez más cuestionadas, y muchos Estados parecen tomar otras direcciones. En este contexto, se plantea que las ganancias ilícitas son consecuencia de la prohibición, que relega los mercados de drogas a la ilegalidad y, por lo tanto, parte de la solución pasa por la regulación del consumo, la producción y el comercio de drogas.

La última crisis económica y financiera internacional trajo consigo también el debate sobre la regulación de los mercados financieros internacionales, cuyos excesos y falta de reglas estuvieron en la base del desmoronamiento de la economía mundial. Dado que el blanqueo de capitales es el último eslabón que convierte el dinero del tráfico de drogas (y de tantos otros mercados ilícitos) en una potencial fuente de financiación del terrorismo y otros grupos armados ilegales, hubiera sido de esperar una opinión contundente en este sentido plasmada en el Documento final de la UNGASS 2016. Pero, al igual que sucede con tantos otros compromisos internacionales resultado del consenso amplio entre los gobiernos, el documento se limitó a recoger la voluntad de los Estados participantes de incrementar la cooperación, la inteligencia financiera y las capacidades técnicas en este ámbito, dejando en manos del Grupo de Acción Financiera (FATF-GAFI) una acción más contundente.

Ni en los debates en el marco de UNGASS ni en las recomendaciones que cada cierto tiempo revisa el GAFI parecen encontrarse propuestas innovadoras en este sentido. Resulta paradójica la falta de propuestas políticas para combatir estos vínculos (drogas-blanqueo de capitales-financiación del terrorismo) a tenor del énfasis que se hace en ellos en los discursos de gobiernos y organismos internacionales. Declaraciones como la de Antonio María Costa en pleno apogeo de la crisis  —  “Muchos bancos han esquivado la crisis gracias al dinero procedente del narcotráfico” — ayudan a explicar la falta de iniciativa política para invertir esta tendencia. Aunque no citaba ninguna entidad en concreto, iba más allá en su contundencia: “No es cierto que las mafias busquen al sector bancario para invertir; el sector bancario está buscando el dinero de las mafias”. El escándalo del HSBC, documentado por el Senado de Estados Unidos, es un ejemplo demostrado de lo que podría estar ocurriendo en muchas otras grandes entidades financieras. Entre las consignas de Costa, nunca se llevó a cabo una reflexión respecto al hecho de que, si los mercados de drogas son ilícitos es porque, en un momento dado de la historia, se decidió que la prohibición era la respuesta política desde la que se iba a gestionar el consumo, la producción y el comercio de determinadas sustancias psicoactivas. Tras la prohibición vendría la securitización, es decir, la tendencia política a tratar este fenómeno en términos de criminalidad y seguridad y no como un problema social y de salud pública.

La regulación del sector financiero es, si cabe, un tema más delicado y más tabú que el de las drogas. Porque implica sacudir los cimientos mismos del capitalismo global en su versión actual, que propicia un entorno de desregulación y de falta de transparencia de las transacciones financieras internacionales.

En definitiva, enfatizar el rol del tráfico de drogas como fuente de financiación del terrorismo, sin matices y sin estar apoyado en evidencias sólidas, favorece la falta de reflexión sobre las causas estructurales de este vínculo: la desregulación de los mercados financieros, por un lado, y el fracaso de las políticas de drogas prohibicionistas y represivas, por otro. Además, aleja el foco de otras cuestiones delicadas, como la corrupción, los abusos y las actividades criminales perpetradas por algunos gobiernos o el comercio ilegal de armas, y favorece la aplicación de políticas represivas  y mal enfocadas para responder a problemáticas que son inherentemente políticas, económicas y sociales. Cuestionar y deconstruir el vínculo sistemático entre drogas y terrorismo es no solo importante sino también imprescindible si aspiramos a entender y gestionar los desafíos asociados a estos dos fenómenos.

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