El tifón Haiyán no va a afectar al estatus de Filipinas como nueva economía en ascenso del Sureste Asiático, pero el país necesita que la economía, el medio ambiente y la sociedad estén más en sintonía que nunca para poder seguir creciendo.

 















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TED ALJIBE/AFP/Getty Images


Terremotos, volcanes, inundaciones, ciclones tropicales y deslaves acechan a Filipinas. Pero junto a los factores  geográficos y meteorológicos que provocaron el tifón Haiyán, también hay causas humanas –probablemente de mayor importancia- como la pobreza extrema, el aumento de la población y la pésima calidad de las construcciones.

Las cifras oficiales hablan de más de 6.000 muertos, 27.000 heridos y 1.779 desaparecidos. Hay más de medio millón de hogares totalmente destruidos y otro medio millón parcialmente afectado.

Para la reconstrucción el Gobierno del país cuantifica el coste en 4.250 millones de euros, a la vez que pretende acudir al crédito internacional para hacer frente a esos costes. Pero si el objetivo incluye el desarrollo humano, la ayuda no puede limitarse al crédito, que eterniza la dependencia del exterior y las duras medidas de austeridad que imponen acreedores como el FMI y el Banco Mundial o el Banco Asiático de Desarrollo.

La ONU ha solicitado un total de 256 millones de euros y Acción contra el Hambre ha pedido a la comunidad internacional aumentar sus donativos para Filipinas. Hasta ahora, la respuesta facilitada por las organizaciones humanitarias ha asegurado la supervivencia (garantía de agua potable, saneamiento e higiene básicos, alimento y refugio a quienes han perdido su hogar), pero sigue faltando financiación para las fases de posemergencia (entre seis meses y un año) y ...