EE UU no puede mantener engrasada su economía sin una clase media fuerte.

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Estadounidenses seleccionando comida en la distribución de comida en Oswego, Nueva York. (Spencer Platt/Getty Images)


Bill O’Reilly, el presentador y comentarista mejor pagado de la cadena de televisión conservadora Fox News, casi saltaba del asiento de la indignación. Hablaba sobre los presuntos pobres estadounidenses, insistiendo en que en realidad la mayoría tiene televisión, cable, nevera o teléfono móvil. Aproximadamente, en esa misma época al candidato republicano a la Casa Blanca, Mitt Romney, le pillaron con una cámara oculta hablando ante un grupo de empresarios sobre el 47% de la población estadounidense más pobre, que no paga cierto tipo de impuestos, a la que describía como “takers”, gente que vive de subsidios y se aprovecha del sistema.

¿Son realmente pobres los estadounidenses sin recursos? La pregunta no es sólo retórica, sino que se sitúa en el centro del debate sobre la desigualdad creciente en Estados Unidos. “Podríamos admitir que los pobres estadounidenses son cada vez más felices; pero también es cierto que cada vez hay más”, explica Tyler Cowen, reputado economista y autor del libro Average is Over (Penguin, 2013) sobre la desaparición de la clase media estadounidense, la desigualdad y la falta de porosidad entre clases sociales.

Podría pensarse que una sociedad puede ser muy desigual, pero con una economía boyante al mismo tiempo. La Historia muestra que tiende a ser más bien al contrario. La desigualdad ha crecido rápidamente justo antes de las explosiones de las crisis económicas más fuertes en este país. En 1928, el 1% más rico obtenía el 24% de los ingresos totales en EE UU, frente al 15% de principios de la misma década. La cifra cayó por debajo del 15% durante el boom americano, en ...