El catastrófico escenario que tiene Al Assad, con el agotamiento de sus respaldos tradicionales y la reconfiguración del poder entre los grupos opositores, no van a hacer flaquear al presidente, que parece estar dispuesto a morir matando. En imágenes: No hay descanso para Siria

 












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AFP/Getty Images
Miembros del Ejército de Siria Libre durante una reunión en Talada, Siria. El ESL ha ido ganando terreno a las fuerzas del régimen.

 

El tiempo parece jugar en contra de Bashar al Assad. Las matanzas de Hula y Qubayr, en las que dos centenares de civiles fueron ejecutados a sangre fría, evidencian que el régimen sirio podría estar agotando sus últimos cartuchos. Tras una reunión a puerta cerrada del Consejo de Seguridad, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha advertido que “el peligro de una guerra civil es inminente y real”. Aunque todavía estamos lejos de dicho escenario, las recientes masacres podrían marcar un punto de inflexión en la crisis del país.

Si algo han dejado claro estos quince meses de revuelta es que no nos encontramos ante un escenario estático y que los actores deben adaptarse a esta situación cambiante. El régimen sirio es, probablemente, el actor que menos ha modificado su discurso, ya que sigue defendiendo a pies juntillas la existencia de un complot internacional, como volvió a hacer el presidente Bashar al Assad en su intervención ante el recién constituido Parlamento el pasado 3 de mayo. Este discurso no oculta el fracaso de las estrategias de supervivencia aplicadas hasta el momento, basadas en una política de tierra quemada que ha dejado un reguero de destrucción y que ha provocado, al menos, 14.115 víctimas (9.862 civiles, 3.470 soldados y ...