Los conceptos en revisión tras la crisis.

(Lluis Gene/AFP/Getty Images)
(Lluis Gene/AFP/Getty Images)

Tras la Gran Recesión es muy posible que, en el ámbito de la ciencia política, el concepto que va a tener un mayor vuelo sea el de “conflicto”. Si bien existe una sólida tradición a la hora de vincular conflicto y política, de manera que la gestión del conflicto termina teniendo la razón de ser de aquélla, este concepto aparece como indudable elemento central del momento que vive la humanidad hoy. No solo eso, también parece que dominará el escenario durante los próximos lustros.

Frente a la etapa positiva que se vivió en la última década del siglo XX culminando el afortunado proceso iniciado un cuarto de siglo antes, gracias al éxito de los procesos de democratización de la denominada tercera ola, así como de los de pacificación habidos en diferentes partes del mundo, el momento de inflexión que se extiende desde el 11-S hasta la quiebra de Lehman Brothers, abre un panorama diferente.

El primero se enlaza con cuestiones relacionadas con la identidad. Los conflictos de este tipo se articulan sobre la base de replantear la definición del demos que sobrepase la tradicional referida al Estado-nación. En este sentido las variables etnia, religión, idioma o -si se prefiere- cultura van a intentar definir un nuevo mundo de relaciones políticas.

Los conflictos basados en el cuestionamiento del concepto de representación, el segundo tipo citado, tal y como se ha venido conociendo hasta hoy, supondrán la búsqueda de la puesta en vigor de nuevos mecanismos, mediante los que los individuos se hagan presentes y canalicen sus demandas y preferencias con respecto a la polis. No quiero señalar que la crisis de los partidos sea terminal, pero sí que las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información les obligarán a cambiar ...