FUI A VER al general Pervez Musharraf a Islamabad hace cuatro años. Recuerdo entrar en su habitación, los dos solos. Estábamos intentando conseguir la ayuda de Pakistán en la guerra contra el terrorismo. Y le dije: “Entonces, ¿qué podemos hacer para ayudarles?”. Y él contestó: “Palestina. La paz entre israelíes y palestinos”. Esperaba oír eso en Riad, en El Cairo o en Ramala, pero no esperaba oírlo en Islamabad.

LO MEJOR para mí (como enviado especial a Oriente Medio) ha sido ir allí y saber cómo viven los israelíes y los palestinos. Sólo cuando sales y lo ves con tus propios ojos y lo oyes con tus propios oídos, y tocas y sientes y hueles la política, te das cuenta de cómo puedes resolver el problema.

LA PRIMERA contradicción con la que tienes que luchar es la creencia de que no hay esperanza de paz [en Oriente Medio]. La segunda es el sentimiento de que si encierras a la gente en una habitación al final llegará a un acuerdo. Israelíes y palestinos no lo harán. Todo ha llegado demasiado lejos.

¿QUÉ ES LO QUE MÁS ECHO DE MENOS? ¿Aparte de las preguntas al primer ministro, quiere decir?

HAY UN ENORME PODER SIMBÓLICO en resolver esta disputa. Y ciertos elementos en la región y en Palestina se oponen a la resolución porque conocen el poder simbólico de la paz. Saben que si América y Europa estuvieran implicadas en el proceso de paz entre Israel y Palestina, sería más difícil enardecer a sus pueblos contra las iniquidades de Estados Unidos.

EL PROBLEMA DEL MUNDO hoy es que la globalización está uniendo a la gente. De hecho, creo que ese proceso es bueno. Habrá, sin embargo, fuerzas reaccionarias que se opongan. Y si la fe se convirtiera en el punto central de ...