Casi 2.000 millones de seres humanos viven en países que
están cerca del
colapso. En el primer Índice anual de
Estados fallidos, FP y
el Fondo
por la Paz
clasifican los países al borde de la ruina.











El secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, ha advertido de que "ignorar
a los Estados fallidos crea problemas que, en ocasiones, se vuelven contra
nosotros". El presidente francés, Jacques Chirac, ha hablado de "la
amenaza que suponen los países fracasados para el equilibrio mundial".
Antes, a los dirigentes internacionales les preocupaba la acumulación
de poder. Ahora, les inquieta su ausencia. Los Estados
fallidos
han vivido
una odisea extraordinaria que les ha llevado desde la periferia hasta el centro
de la política mundial. Durante la guerra fría, el fracaso de
los Estados se juzgaba a través del prisma del conflicto entre las potencias
y no solía considerarse un peligro en sí. En los 90, los Estados
frágiles eran competencia de organizaciones humanitarias y activistas
de los derechos humanos, aunque empezaron a llamar la atención de la única
superpotencia, EE UU, que encabezó intervenciones en Somalia, Haití,
Bosnia y Kosovo.

Sin embargo, para los llamados realistas en materia de política exterior,
estos países y los problemas que suscitaban eran una mera distracción
de los aspectos más serios de la geopolítica. Ahora da la impresión
de que les importan a todo el mundo. Las peligrosas exportaciones de los Estados
débiles -terroristas internacionales, capos del narcotráfico,
arsenales de armas- son tema de interminable discusión y preocupación.
Sin embargo, sigue habiendo incertidumbre sobre la definición y la dimensión
del problema. ¿Cómo se sabe que un país es un Estado
fallido
?
Por supuesto, un gobierno que ha perdido el control de su ...