El deseo de Teherán de hacerse con la bomba nuclear ha
puesto al país
en el punto de mira de Washington. Pero ni las repetidas condenas al
régimen de los ayatolás ni la amenaza del uso de la fuerza militar
por parte de Estados Unidos fomentarán la democracia en Irán.
Cuando emprenda reformas, será porque se lo exija su juventud, no la
Casa Blanca.


"Si Teherán consigue la bomba, la usará"


Muy improbable. Supongamos que Irán tiene un programa de armamento
nuclear: ¿para qué puede quererlo? Es casi seguro que no pretende
usar una bomba nuclear para intimidar a su enemigo en la región, Israel,
o a su némesis mundial, Estados Unidos, pues podría resultar
catastrófico para la República Islámica. El régimen
clerical iraní gobierna un país con escaso fervor revolucionario
y una economía poco sólida, muy dependiente de los ingresos del
petróleo, que no soportaría las sanciones que acompañarían
a una refriega nuclear.

Además, el clero iraní ha emprendido una distensión parcial
con sus vecinos árabes y con la Unión Europea, cuyas principales
potencias (el Reino Unido, Francia y Alemania) mantienen discretas negociaciones
con Irán. Los clérigos no están interesados en renunciar
a los beneficios económicos y diplomáticos de esas relaciones.

Sin embargo, es lícito preguntarse por qué, si Irán quería
tener tecnología nuclear para fines pacíficos, ocultó sus
intentos de obtenerla. Según Teherán, hacer pública su
adquisición de tecnología nuclear hubiera permitido a EE UU bloquear
las líneas de suministro. Puede ser cierto, pero también hay
otra explicación: Irán ocultó su interés por la
tecnología nuclear debido a su naturaleza militar. Hay pruebas detalladas
y plausibles –en su mayoría recabadas por el Organismo Internacional
para la Energía Atómica (OIEA)– que indican que el programa
nuclear iraní no es sólo civil. Hace más de diez ...