Integración física sudamericana: impacto e implementación
en el Perú                                                                                                                               

Rosario Santa Gadea (editora)
371 páginas
BID, CEPEI, Universidad del Pacífico, Lima, 2012


 

Hasta bien entrado el siglo XX, la única forma de llegar desde Lima a Iquitos, la mayor ciudad de la Amazonía peruana, era mediante un barco que salía del Callao y atravesaba el estrecho de Magallanes para desde ahí enrumbar a Belén do Pará, en la desembocadura del Amazonas, y luego río arriba hasta Iquitos.
Muchos de los obstáculos de la geografía peruana siguen siendo imponentes. Numerosas zonas de una misma región no tienen medios de comunicarse directamente a pesar de que el sector transportes absorbe casi el 50% de la inversión pública.

Perú no es un caso aislado en América del Sur, un continente muy difícil de integrar debido a las formidables barreras que separan sus cuatro islas: la Plataforma del Caribe, la Cornisa Andina, la Plataforma Atlántica y el Enclave Amazónico. Debido a esos obstáculos, el comercio intracontinental en América Latina y el Caribe apenas roza el 20%, mientras que Asia representa 53% del total y en Europa supera el 70%.

Una mayor integración continental –y de la región en los mercados mundiales– es inviable sin superar esos obstáculos. Pero los grandes viajes comienzan siempre con un primer paso. En septiembre de 2000 lo dio el presidente Fernando Henrique Cardoso, cuando convocó en Brasilia la I Cumbre de Presidentes de América del Sur que lanzó la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA).

Más de una década después, los resultados están a la vista: entre 2003 y 2004 la cartera de proyectos IIRSA sumaban 335, con una inversión estimada de 26.700 millones de dólares. En 2010 se alcanzaron los 540 proyectos, con inversiones por valor ...