The Great Unraveling: Losing Our Way in the New Century (La gran revelación: perdiéndonos en el nuevo siglo) Paul Krugman W.W. Norton, N. York, 2003.

In an Uncertain World: Tough Choices from Wall Street to Washington (En un mundo incierto: duras elecciones de Wall Street a Washington) Robert Rubin y Jacob Weisberg Random House, N. York, 2003.

The Price of Loyalty: George W. Bush, the White House, and the Education of Paul O’Neill (El precio de la lealtad) Ron Suskind Simon & Schuster, N. York, 2004.


Los tres últimos años han sido una oportunidad perdida para la
economía de EE UU y un despilfarro del legado de prudencia fiscal de
la última década, según los autores de tres libros publicados
recientemente en Estados Unidos.

Cuando George W. Bush llegó a la presidencia a principios de 2001,
la Oficina Presupuestaria del Congreso preveía un superávit acumulado
en una década de 5.600 millones de dólares (unos 4.700 millones
de euros). En 2013, el déficit acumulado será de 2,4 billones,
según la misma oficina. Además, en ese trienio se han destruido
más de tres millones de empleos, el paro ha aumentado del 4% al 6,4%,
la bolsa cayó hasta un 30%, el déficit comercial ha alcanzado
nuevos récords y se han descubierto algunos de los mayores escándalos
empresariales.

Robert Rubin, segundo secretario del Tesoro de Clinton, explica los fundamentos
de lo que se denominan rubinomics, cuyo pilar fundamental fue conseguir el superávit
presupuestario, lo que, según el autor, fue la clave del crecimiento
económico de los 90, pues estimuló la bajada de los intereses
y la confianza de los consumidores y los empresarios. Estas políticas
obtuvieron niveles de prosperidad casi sin precedentes.

El nuevo inquilino de la Casa Blanca modificó todas estas políticas.
La nueva Administración republicana se fijó como objetivos primordiales
la reducción de impuestos y el incremento del gasto público para
desarrollar programas que validen el concepto de "conservador compasivo"
que Bush acuñó en la campaña electoral de 2000. Estas políticas
han cristalizado en tres bajadas de impuestos, que representan más de
dos billones de dólares, y un aumento importante del gasto público
y de defensa (marcado por dos guerras).

El libro del profesor de Economía de la Universidad de Princeton, Paul
Krugman, es un alegato contra el extremismo de las políticas de la Administración
Bush. Para el autor, el fin último de estas medidas es recortar bruscamente
el poder y alcance del Gobierno federal a través de reducciones de impuestos,
crisis fiscales y aumentos del presupuesto de defensa.

Ilustración

En la obra de Ron Suskind -escrita en colaboración con Paul O’Neill,
primer secretario del Tesoro de George W. Bush- destaca, además
de las críticas contra la falta de liderazgo de Bush, su descripción
del proceso de toma de decisiones, incluidas las económicas, en la Casa
Blanca. O’Neill muestra la primacía de los factores políticos
e ideológicos, condicionados por el leitmotiv de conseguir la reelección
de Bush.

El triunfo de la política, sin embargo, puede traer buenos réditos
electorales al presidente Bush. Afortunadamente para él, la situación
económica ha mejorado significativamente en los últimos meses:
en el conjunto de 2003 el crecimiento ha sido del 3,1%, el desempleo desciende
progresivamente y la producción industrial y la inversión de las
empresas en equipamiento y software se recuperan. Bush, por supuesto, atribuye
este éxito a las reducciones de impuestos de los tres últimos
años. La mayoría de los economistas coinciden, sin embargo, en
que la recuperación económica ha sido el resultado, en gran parte,
de las bajadas de intereses que ha llevado a cabo la Reserva Federal.

En realidad, la recuperación es un espejismo. La depreciación
del dólar en los últimos meses refleja la preocupación
de los inversores por los déficit gemelos (el comercial y el presupuestario),
que se están aproximando al billón de dólares. La economía
estadounidense ingresa 1.500 millones de dólares al día en préstamos
de inversores extranjeros. El gran temor es que éstos se cansen de financiar
el voraz apetito de los estadounidenses. Esto provocaría una venta masiva
de activos del país -en particular acciones-, una caída
en picado de los mercados financieros y una subida de los intereses para contrarrestarla.
La consecuencia, dado el alto nivel de endeudamiento de los estadounidenses,
sería una recesión.

Al mismo tiempo, el déficit presupuestario tendrá que financiarse
a través del endeudamiento público, lo que reducirá el
volumen de capital disponible para que el sector privado financie inversiones
productivas, lo que fomentará la subida de los tipos de interés,
con las lógicas repercusiones negativas en la inversión y el crecimiento
económico.

Finalmente, la explosión de gasto público que la jubilacion de
los baby boomers supondrá hace imprescindible tomar medidas. Desgraciadamente,
las políticas económicas de Bush sólo han conseguido agravar
los desequilibrios y posponer decisiones difíciles pero imprescindibles.

La verdadera lección de las políticas de Reagan, que el padre
del actual presidente famosamente denominó voodoo economics (economía
vudú), es que es más fácil reducir los impuestos que el
gasto público. La historia vuelve a repetirse, y Estados Unidos se encuentra
de nuevo ante una encrucijada, consecuencia de políticas irresponsables
similares. Para reducir el déficit será imprescindible subir los
impuestos y/o reducir el gasto público. Paradójicamente, sólo
el cambio de Gobierno -¡quién iba a decir sólo hace
unos años que los tax and spend (impuestos y gasto público) demócratas
iban a ser los que garantizaran la responsabilidad fiscal!- y en el Congreso
pueden hacer que se tomen las medidas necesarias para corregir los desequilibrios
que reconduzcan a la economía estadounidense por la senda de crecimiento
que se trazó en los 90.

CRÍTICAS DE LOS LIBROS MÁS DESTACADOS PUBLICADOS EN EL MUNDO.

Sebastián Royo


The Great Unraveling: Losing Our Way in the New Century (La gran revelación: perdién-donos en el nuevo siglo) Paul Krugman W.W. Norton, N. York, 2003.

In an Uncertain World: Tough Choices from Wall Street to Washington (En un mundo incierto: duras elecciones de Wall Street a Washington) Robert Rubin y Jacob Weisberg Random House, N. York, 2003.

The Price of Loyalty: George W. Bush, the White House, and the Education of Paul O’Neill (El precio de la lealtad) Ron Suskind Simon & Schuster, N. York, 2004.


Los tres últimos años han sido una oportunidad perdida para la
economía de EE UU y un despilfarro del legado de prudencia fiscal de
la última década, según los autores de tres libros publicados
recientemente en Estados Unidos.

Cuando George W. Bush llegó a la presidencia a principios de 2001,
la Oficina Presupuestaria del Congreso preveía un superávit acumulado
en una década de 5.600 millones de dólares (unos 4.700 millones
de euros). En 2013, el déficit acumulado será de 2,4 billones,
según la misma oficina. Además, en ese trienio se han destruido
más de tres millones de empleos, el paro ha aumentado del 4% al 6,4%,
la bolsa cayó hasta un 30%, el déficit comercial ha alcanzado
nuevos récords y se han descubierto algunos de los mayores escándalos
empresariales.

Robert Rubin, segundo secretario del Tesoro de Clinton, explica los fundamentos
de lo que se denominan rubinomics, cuyo pilar fundamental fue conseguir el superávit
presupuestario, lo que, según el autor, fue la clave del crecimiento
económico de los 90, pues estimuló la bajada de los intereses
y la confianza de los consumidores y los empresarios. Estas políticas
obtuvieron niveles de prosperidad casi sin precedentes.

El nuevo inquilino de la Casa Blanca modificó todas estas políticas.
La nueva Administración republicana se fijó como objetivos primordiales
la reducción de impuestos y el incremento del gasto público para
desarrollar programas que validen el concepto de "conservador compasivo"
que Bush acuñó en la campaña electoral de 2000. Estas políticas
han cristalizado en tres bajadas de impuestos, que representan más de
dos billones de dólares, y un aumento importante del gasto público
y de defensa (marcado por dos guerras).

El libro del profesor de Economía de la Universidad de Princeton, Paul
Krugman, es un alegato contra el extremismo de las políticas de la Administración
Bush. Para el autor, el fin último de estas medidas es recortar bruscamente
el poder y alcance del Gobierno federal a través de reducciones de impuestos,
crisis fiscales y aumentos del presupuesto de defensa.

Ilustración

En la obra de Ron Suskind -escrita en colaboración con Paul O’Neill,
primer secretario del Tesoro de George W. Bush- destaca, además
de las críticas contra la falta de liderazgo de Bush, su descripción
del proceso de toma de decisiones, incluidas las económicas, en la Casa
Blanca. O’Neill muestra la primacía de los factores políticos
e ideológicos, condicionados por el leitmotiv de conseguir la reelección
de Bush.

El triunfo de la política, sin embargo, puede traer buenos réditos
electorales al presidente Bush. Afortunadamente para él, la situación
económica ha mejorado significativamente en los últimos meses:
en el conjunto de 2003 el crecimiento ha sido del 3,1%, el desempleo desciende
progresivamente y la producción industrial y la inversión de las
empresas en equipamiento y software se recuperan. Bush, por supuesto, atribuye
este éxito a las reducciones de impuestos de los tres últimos
años. La mayoría de los economistas coinciden, sin embargo, en
que la recuperación económica ha sido el resultado, en gran parte,
de las bajadas de intereses que ha llevado a cabo la Reserva Federal.

En realidad, la recuperación es un espejismo. La depreciación
del dólar en los últimos meses refleja la preocupación
de los inversores por los déficit gemelos (el comercial y el presupuestario),
que se están aproximando al billón de dólares. La economía
estadounidense ingresa 1.500 millones de dólares al día en préstamos
de inversores extranjeros. El gran temor es que éstos se cansen de financiar
el voraz apetito de los estadounidenses. Esto provocaría una venta masiva
de activos del país -en particular acciones-, una caída
en picado de los mercados financieros y una subida de los intereses para contrarrestarla.
La consecuencia, dado el alto nivel de endeudamiento de los estadounidenses,
sería una recesión.

Al mismo tiempo, el déficit presupuestario tendrá que financiarse
a través del endeudamiento público, lo que reducirá el
volumen de capital disponible para que el sector privado financie inversiones
productivas, lo que fomentará la subida de los tipos de interés,
con las lógicas repercusiones negativas en la inversión y el crecimiento
económico.

Finalmente, la explosión de gasto público que la jubilacion de
los baby boomers supondrá hace imprescindible tomar medidas. Desgraciadamente,
las políticas económicas de Bush sólo han conseguido agravar
los desequilibrios y posponer decisiones difíciles pero imprescindibles.

La verdadera lección de las políticas de Reagan, que el padre
del actual presidente famosamente denominó voodoo economics (economía
vudú), es que es más fácil reducir los impuestos que el
gasto público. La historia vuelve a repetirse, y Estados Unidos se encuentra
de nuevo ante una encrucijada, consecuencia de políticas irresponsables
similares. Para reducir el déficit será imprescindible subir los
impuestos y/o reducir el gasto público. Paradójicamente, sólo
el cambio de Gobierno -¡quién iba a decir sólo hace
unos años que los tax and spend (impuestos y gasto público) demócratas
iban a ser los que garantizaran la responsabilidad fiscal!- y en el Congreso
pueden hacer que se tomen las medidas necesarias para corregir los desequilibrios
que reconduzcan a la economía estadounidense por la senda de crecimiento
que se trazó en los 90.

Sebastián Royo es profesor
en el departamento de Gobierno de la Universidad de Suffolk en Boston y codirector
del Seminario de Estudios Ibéricos del Centro de Estudios Europeos de
la Universidad de Harvard.